Ciclismo
Iván Romeo: Ojo con comparar con Indurain
Curioso que sea Unzue quien mente a Indurain hablando de Iván Romeo
La historia del ciclismo español es, en gran medida, la historia de una búsqueda infatigable y, a menudo, cruel: la del heredero de Miguel Indurain.
Desde que el navarro decidiera bajarse de la bicicleta , cada vez que un joven despunta en una contrarreloj o sostiene el pulso en un puerto de entidad, surge la necesidad casi patológica de buscarle el parecido físico, la planta o la cadencia con el coloso de Villava.
Lo leemos en las recientes declaraciones de Eusebio Unzué, curioso que lo lance él, sobre Iván Romeo, comparando su posición y su fisionomía sobre la máquina con las del pentacampeón del Tour, no son más que un nuevo capítulo de esta tendencia que, lejos de ayudar, suele actuar como una losa de granito sobre hombros que aún están por endurecerse.
Dice Unzué que las similitudes son evidentes, que ver a Romeo es, por momentos, reencontrarse con la estampa de Miguel.
Alimentar esa narrativa cuando el ciclismo actual no se parece en nada al de los años noventa no es de recibo.
Indurain fue un ejemplar único, un ciclista que bloqueaba las carreras por pura presencia y que gestionaba los esfuerzos bajo una métrica que hoy ha saltado por los aires con la llegada de los fenómenos precoces.
Comparar a un chaval que empieza con el estándar de perfección absoluta que representó Miguel es poner el listón en una altura que roza lo absurdo.
El peligro de estas analogías radica en que el público, y a veces el propio entorno, deja de ver al corredor que tiene delante para buscar al que ya se fue.
Iván Romeo tiene el derecho y la necesidad de ser simplemente Iván Romeo. Forzar la comparación con Indurain es, además de injusto, un ejercicio de riesgo innecesario.
Ya hemos visto pasar a demasiados “herederos” que terminaron devorados por la presión de un molde en el que nadie más encaja.
El ciclismo español no necesita otro Indurain porque eso es irrepetible; necesita que sus jóvenes talentos respiren sin el peso de las leyendas en la mochila.
Unzué conoce mejor que nadie el oficio, pero jugar con la sombra del mito es un arma de doble filo que suele cortar siempre por el lado del más joven.
Dejemos que la planta de Romeo sea suya y de nadie más, y que su camino se escriba sin necesidad de espejos retrovisores que solo sirven para distorsionar la realidad.
Imagen: A.S.O/Thomas Maheux



