Ciclismo
Itzulia: Ojo a quién y cómo gana Paul Seixas
Sentenciar la Itzulia el segundo día, eso ha hecho Paul Seixas
La Itzulia solía entender de esperas, pero lo vivido en esta segunda jornada rompe cualquier esquema previo sobre la gestión de los esfuerzos en una vuelta de una semana.
Sentenciar la carrera el segundo día, con cuatro etapas aún por delante, parece una temeridad estadística, pero la realidad que dictó Paul Seixas sobre el cemento, porque creo que esa pista era eso, cemento, de Aralar no admite mucha discusión.
Es otro nivel, aroma de campeón, como cuando Pogacar se fue aquella tarde en Gredos, Vuelta de 2019.
Seixas voló alto, se marchó de lejos y ejecutó un movimiento que, por potencia y convicción, deja el tablero de juego tiritando.
Atacó a seis o siete decoronar, se lanzó en un descenso técnico y se plantó en meta en solitario, dejando a un grupo de perseguidores de primerísimo nivel con la mirada perdida y las piernas vacías.
Lo que realmente estremece no es solo la victoria, sino el boquete que ha abierto en la clasificación general.
Ver a los grandes favoritos situados ya a dos o más minutos de distancia en la jornada dos de una vuelta de apenas seis días es brutal.
Son diferencias propias de la mitad de una gran vuelta, de un Tour o un Giro de Italia tras el paso por los primeros colosos, no de una ronda corta donde cada segundo suele valer su peso en oro.
En ese grupo que intentaba organizar la caza estaban nombres que no son precisamente comparsas.
Cortado Del Toro, que partía como nuestro favorito indiscutible, el mejicano se vio superado por la irrupción del francés, igual que Lipowitz, Skjelmose o el veterano Ion Izagirre.
Más atrás, el panorama resultaba casi desolador para otros gallos.
Roglic andaba perdido en la táctica -lo que no le impide ser segundo en la general- y Ayuso parece estar arrastrando un calvario particular desde aquella caída bajo el diluvio en la París-Niza.
Mientras los teóricos líderes buscaban explicaciones a semejante sangría de tiempo, Seixas firmaba una exhibición de lujo, una actuación impactante que supera lo que un jovencísimo Pogacar nos mostró en 2019.
Es brutal verle en ese estado de gracia, ganando con una suficiencia que no recordábamos en esta carrera, casi antes de que empiece lo realmente duro.
A estas alturas, solo un accidente, un error en un giro o un corte inesperado a contrapie podrían ponerle en aprietos, porque en términos de rendimiento puro no hay por dónde meterle mano.
Seixas se mostró perfecto en todos los terrenos que definen a un ciclista total: sube con los mejores, rueda con una aerodinámica impecable y baja asumiendo un riesgo controlado pero decisivo para limar metros a cada curva.
Es la gran esperanza de los anfitriones, la alternativa real para medirse de tú a tú con Pogacar cuando llegue el Tour.
Si es que va al Tour…
Es inevitable sentir esa pequeña decepción por la ausencia de Vingegaard en esta cita; nos queda la duda de saber qué habría pasado al medir esta nueva jerarquía con la clase más noble del pelotón, ese selecto club de tres o cuatro nombres que dominan el ciclismo moderno.
De momento, el joven Seixas ya se ha sentado en el trono con un margen que parece insalvable.






