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Julian Alaphilippe

Este ciclismo necesita más Alaphilippes

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en

DT – 2022 post

Con Alaphilippe siempre tienes más de lo que esperas

Este post ya lo habéis leído, sí, aquí, en este mal anillado cuaderno, este post sobre Julian Alaphilippe, su don de la ubicuidad, de llenarlo todo, de estar en portada, en titulares, lo habéis leído ya.

Aquí y en otros sitios.

Nos repetimos, lo sabemos, pero es una repetición gustosa, el día de la marmota, con Julian Alaphilippe siempre igual.

Desde que nos pusiéramos en harina el mes de agosto pasado lo dijimos en San Remo, luego en el Tour, donde no sólo gana etapa, viste y pierde absurdamente el amarillo, se pasa media carrera escapado, chupando cámara.

Seguimos por el mundial de Imola, un triunfo rotundo, luego Lieja y el show final en Flandes, cuando precipitó el duelo Van Aert-Van der Poel, antes de estamparse con una moto.

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En el Tour de la Provence, Alpahilippe abría fuego en su primera campaña a full de arcoíris escapándose a 70 kilómetros de meta, convirtió una etapa de trámite y final criminal trufado de de rotondas e isletas, en algo para recordar.

Lo hizo a su manera, de atrás adelante, cogiendo el mando a una eternidad de meta, sumando con los italianos Ciccione y Moscon, mareándoles a consignas durante la carrera, con gestitos, sí, gestitos que no pueden ocultar una actuación mayúscula, un rendimiento soberbio.

Les cazaron cuando se olía la línea de meta, pero mientras sus compañeros de fuga eran engullidos hacia atrás, Alaphilippe se mantuvo en cabeza, siguió en tensión hasta cerca de meta y ayudar en lo que fuera a Davide Ballerini, una bofetada ante la precipitación de Arnaud Démare.

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La de Alaphilippe fue la guinda a una actuación coral de un equipo en el que todos tuvieron su cuota

Como dijo Juan Carlos García en el balance, salvo Zdenek Stybar, todos brillaron en algún momento, desde los cortes de Lampaert y Cavagna, qué delicia verle rodar, al control de Asgreen y la ayuda de Mauri Vansevenant para su jefe.

Ballerini puso la guinda.

Eso fue el Deceuninck en el prólogo de Provenza, cuando esto no ha hecho más que empezar.

Qué bien le ha venido a este equipo la retirada de Boonen, entendiendo que con el astro belga todos estaban eclipsados, y jornadas como ésta demuestran el porqué de su lidererazgo en el casillero de triunfos.

Queremos más Alaphilippes, con sus defectos, gestos y teatro, corredores que tomen el mando, que acepten riesgos y den mucho más de lo que esperamos

En el ciclismo de la estandarización, el francés es un regalo en medio de a pandemia.

Imagen: ©Billy Ceusters

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Julian Alaphilippe

La primavera de mierda de Julian Alaphilippe

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DT – 2022 post

Nada le ha salido a derechas a Julian Alaphilippe esta primavera

Con la primavera en la retina, bien podemos decir que esta vez no ha salido el arcoíris, o lo que es lo mismo, no hemos visto aparecer a Julian Alaphilippe, no en la medida a la que nos tiene acostumbrados.

Aqui vemos eso que decimos del el ciclismo, como algo duro y largo, una suerte de montaña rusa de buenos, malos y medios momentos, un sorteo de dificultades que nunca acaba.

Recordaréis hace tres años, el amigo Julian, todo le salía, hasta un sprint que le limpió a los velocistas en Tirreno.

Ganó Strade, hizo lo propio en San Remo, con un brutal dominio de la escena, y luego su querida Flecha Valona.

Aquel Alaphilippe era el coco, el amo de la primavera, un dominador de carreras inciertas donde las haya, como pocas veces hemos visto.

Pero la historia cambia según la cuente y quién la protagonice, el año pasado -pues en 2020 no hubo primavera-, Alaphilippe ya tuvo encontronazos en primera persona con el dúo Van Aert-Van der Poel con resultados de todo tipo, pero alejados de la campaña de 2019.

Especialmente bonita fue la Tirreno del año pasado, con los tres jugando al gato y al ratón.

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Este año en Tirreno, ya advertimos que este Julian no era el de años anteriores.

Influyó, seguro que sí, el hostión que se pegó en la Strade Bianche, cuando salió volando en uno de los tramos de tierra.

Esa caída le sacó de la carrera de caminos blancos y creo que le pesó gran parte de la primavera.

En Tirreno se le vio un peldaño por debajo de los mejores y a San Remo no pudo acudir, una bronquitis tuvo la culpa.

Esta vez no quiso experimentos en Flandes y centró las fuerzas en Árdenas

En el camino consiguió mojar en Itzulia, el día que Remco se puso a su servicio, aquella etapa en la que los escapados de los equipos pros españoles se pegaron un tiro en el pie.

Euskadi parecía un buen escenario para engordar el pollo, pero no.

La cuenta se paró en la segunda jornada, pues Pello Bilbao y Dani Martínez le ganaron con claridad en sendos sprints.

Ya veis, Pello y Dani, sobre el papel mucho menos rápidos, pero esos dos días infranqueables para Alaphilippe.

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Vinieron las Árdenas y la cosa no mejoró.

Escogió la rueda de Pogacar para el asalto de su cuarta Flecha Valona y no hubo manera.

El esloveno reventó ante el empuje de Teuns, Valverde y Vlasov y cortó a Julian, ahí se acabó el cuento.

Y luego la Lieja, con la caída en la que Bardet le saca del terraplén, un golpe brutal, con costillas rotas, entre otras cosas, y una recuperación que se anuncia larga, a ver si llega al Tour.

No ha sido la primavera de Julian Alaphilippe, lo que hacía un tiempo sacaba con nota, como si no le costase, ahora se hace un mundo.

Más allá del periodo, el ciclismo necesita tipos como Julian, la pimienta de cualquier ensalada, esperemos verte de nuevo en ruta, campeón.

Imagen: A.S.O./Gautier Demouveaux

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Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe nunca dice «nunca jamás»

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DT – 2022 post

La tenacidad de Alaphilippe es uno de los grandes tesoros del ciclismo actual

En Julian Alaphilippe sucede una cosa que en otros grandes capos de la actualidad no ocurre, algo que le pasa también en cierta medida a Primoz Roglic, y es que ambos vienen del que podríamos llamar «viejo ciclismo», pues lo vemos lejano, aunque hayan pasado «sólo» tres años, y aquí siguen, aguantando el tirón de los «advenedizos».

El año que finaliza no ha sido el mejor, estadísticamente hablando, de Julian Alaphilippe, pero si una cosa tiene el ciclismo de este genio del centro de Francia es que no conoce la palabra «imposible», no la contempla, no existe en su diccionario.

Julian Alaphilippe es actitud y estado de ánimo, es el claro ejemplo de que si se quiere, si de verdad se desea, y se tienen, obviamente, facultades, es posible tirar para adelante, y sacar la cabeza.

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Y con Alaphilippe, en esas estamos, en un ciclismo que ya no habla de números y sí de emociones.

Conviene verlo y comprobar que los resultados de 2021 del francés no llegan a los de antaño, en especial a los de 2019, cuando el francés culminó una de las mejores campañas que se recuerdan a título individual.

De hecho, el año que acaba Alaphilippe lo finaliza con cuatro triunfos, pero qué cuatro triunfos.

Tres de ellos, frente a las dos paredes que el ciclismo ha puesto frente a Alaphilippe: Van Aert y Van der Poel

Entre el belga y el neerlandés le han puesto tope al inquieto francés, que vio desde el mismo momento que se descuelga en el final de la Strade que ganar con estos dos en liza no iba a ser nada sencillo.

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Pero lejos de desistir, el campeón del mundo, por algo lo es, no baja los brazos, al contrario, se arma de valor, barrunta un plan y como si fuera «Julian sin miedo» va a por ello.

Así, a pocos días de la sonada segunda plaza en Strade, Alaphilippe le devolvió a VDP el palazo de Strade haciendo lo que mejor sabe hacer, anticiparse.

Alphilippe no ganó Flandes, pero formó parte de la manda que acabó reventado a VDP, luego ganaría la Flecha y volvería a hacer en el Tour lo que tan bien saber hacer, anticiparse.

Ganar la primera etapa y sumarle el amarillo son cositas que parecen fáciles pero ejecutarlas en la jauría de la primera etapa del Tour, tras las escabechinas, con los dos cocos viéndole, es meritorio, aunque quizá menos que la estrategia de «acoso y derribo» que sucede en el Mundial, en el que, delante de todos y con todos compitiendo, nos puso la «gallina de piel» con una sucesión de ataques que en cualquier otro había sido el preludio de derrumbe.

No fue el caso de Julian, un ciclista omnipresente, que justifica bien ese abultado sueldo y nunca acepta un «no» por respuesta.

En la terna de grandes momentos del año, su figura emerge en varios.

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Ciclistas

Julian Alaphilippe es el campeón «self made»

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DT – 2022 post

El triunfo de Alaphilippe es un ejemplo de correr a la contra de todo

Horas después del triunfo en la entraña de Lovaina, de vivir a mil por hora durante 260 kilómetros largos y obsequiarnos con una excelente carrera, decir que es la mejor que hemos visto nunca es exagerado, hemos dado vueltas sobre los matices del éxito irisado de Julian Alaphilippe en Flandes.

Y todos nos conducen a una conclusión: éste es un ciclista único, letal cuando está bien, decisivo cuando no, pero siempre presente, siempre protagonista, desafiando las leyes de la lógica ciclista, leyes que hablan de ser conservador y no gastar más de lo necesario, pero que él se empeña en contradecir.

Alaphilipe es un «self made», un ciclista, un campeón hecho a sí mismo, a su gusto y manera, sin importarle la buena legión de haters que le espera en cada esquina, haciendo lo que sabe hacer tan bien y sacando partido a unas cualidades físicas excelentes, que no inmensas, y mentales sencillamente imbatibles.

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Leyendo reacciones, me llamó la atención la de «maitre Voeckler», seleccionador francés y al que muchos equiparan por su afinidad en poner caras. 

Dice Voeckler que le advirtió de no atacar tan lejos, ni hacerlo tantas veces, curioso.

Todo fue de viva voz, pues no había pinganillos, como la instrucción que le debe dar Alaphilippe a Madouas antes de uno de sus últimos ataques.

Julian hizo todo al revés que los demás, y no sólo respecto a Voeckler.

Circuló buena parte de la carrera en la panza o parte trasera del grupo, dejando el aire y el desgaste del top ten en el pelotón para otros, entre ellos el propio Van Aert.

Desafió la lógica con un seguido de ataques que empezó antes de los cincuenta para meta.

Alaphilippe no corría con la celeste de Evenepoel, pero visto ahora, a toro pasado, creo que el belga le hizo la carrera e incluso diría más, que Lefevere, dinero por delante de todo, no cuestione la estrategia belga, cuando el principal beneficiado fue uno de sus mejores ciclistas los doce meses del año.

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No es la primera vez que decimos, también lo leemos por ahí, que Julian Alaphilippe compite contra monstruos que sobre el papel parecen mejores que él.

De hecho en los numerosos cruces que ha tenido con Van der Poel y Van Aert, los dos venidos del ciclocross le han mojado la oreja al campeón del mundo.

Pero igual que eso es cierto, no menos lo es que Alaphilippe debe ser el tío que más nervioso te pone llevar al lado, por que no descasará hasta que encuentre la manera de joderte y en este caso el francés lo tiene claro, si les lanza los ataques de lejos, si no espera a que los otros arranquen la moto, eso que lleva por delante.

Ha ganado dos mundiales saltando en la cota definitiva a la vista de todos, sin excepción, sin dejar lugar a la duda, «es que no le he visto».

Incluso en Flandes ha redoblado la apuesta yéndose solo a más de una vuelta del final, como Olano y Criquielion hicieron por última vez en más de 35 años de mundial.

De todos los caminos, el perillas francés siempre cogerá el más insospechado, porque sabe que ahí reside su primera ventaja, siendo consciente de que en choque a lo bruto le puede pasar lo que le sucedió con VDP en Strade o WVA en Gran Bretaña.

Y así, corriendo a la contra del manual, con una actitud a prueba de bombas, este pequeño portento de centro de Francia lleva dos arcoíris, cosa que le pone muy arriba en la historia de una carrera que acaba de celebrar 100 ediciones.

Imagen: FB Flanders 2021

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Julian Alaphilippe

La loca vida que Alaphilippe le ha dado al arcoíris

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DT – 2022 post

Podemos decir que Alaphilippe ha honrado el maillot arcoíris

En breve la prenda irisada, el maillot arcoíris, de Julian Alaphilippe se pondrá en juego en Flandes.

Ha sido un año menos una semana de intensa relación y podríamos decir que, a veces, sobreexposición de la prenda más bonita del ciclismo.

Cuando Alaphilippe lanzó su órdago al arcoíris en Imola, abriendo un hueco que Van Aert, Hirschi y Roglic, entre otros cocos, fueron incapaces de contener, empezaba un show que nunca imaginábamos tan potente, pues el francés le ha dado a la camiseta de campeón del mundo un uso y omnipresencia que no muchos corredores serían capaces de garantizar durante un año.

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Alaphilippe ha puesto el maillot arcoíris en el podio del Tour, lo ha roto en caídas infames como la de Flandes, lo ha paseado por las islas británicas, le ha dado cera en las Árdenas y empolvado en la Strade Bianche.

Y lo hizo casi de salida, a toque de pito, recién estrenado, con una antológica cagada en el desenlace de la Lieja-Bastogne-Lieja en su versión otoñal, cuando hizo más eses de las necesarias, acabando descalificado pero al mismo tiempo superado por Roglic por celebrar antes de hora.

Quería la foto, era la foto, ganando en el Boulevard de Lieja con el maillot de campeón del mundo, era el póster que la eternidad le quitó al momento.

Le llovieron chuzos de canto, con razón, hizo el tonto más de lo necesario, y encima retratado por la imagen de una celebración precipitada y vacía.

Pero tenía el foco, el ojo del aficionado, el mismo que casi vio repetida la misma jugada tres días después en la Flecha Brabanzona que casi pierde, esta vez con Van der Poel, por celebrar antes de tiempo.

A la semana de Lieja, lo recordaréis, se las quiso ver con Van der Poel y Van Aert en Flandes y acabó estampado contra una moto de carrera, fractura y final precipitado de temporada.

Ese maillot irisado había tenido, en siete días una sobreexposición que me atrevería a calificar de histórica

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2022 no le ha ido a la zaga, si Julian Alaphilippe sin arcoíris se dejaba querer por las cámaras, con él, ha sido el acabose.

Omnipresente en todo perfil de carreras y clásicas, buscando un día y otro el triunfo, ayudando al equipo puntualmente, pero muy hábil en buscar las cosquillas de los dos cocos de la primavera, Van Aert y Van der Poel.

La Strade fue un espejo de la realidad para el campeón del mundo, neerlandés y belga iban a ser huesos duros de roer, iniciando una batalla a tres, a veces con uno, a veces con otro, que nos ha dado parte de los mejores pasajes de la campaña.

Alaphilippe, lo dijimos el otro día, ha sido esta temporada un ejemplo de actitud, de picar piedra y, en definitiva, honrar el maillot arcoíris, intentándolo por un lado, por otro, lográndolo a veces, la inauguración del Tour fue antológica, y siendo derrotado otras muchas.

Pasadas 51 semanas desde Imola, poniendo el cetro en juego en Flandes, podemos decir que Julian ha sido un dignísimo portado de esta prenda, la ha exhibido y homenajeado cada vez que ha salido a competir y, aunque a veces nos carguen sus gestitos en carrera, ha sido un placer verle estos casi doce meses.

Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

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