Ciclismo
Entre Nokere y Denain: Susto y gloria para Alec Segaert
De perder Nokere a domar Denain, 24 horas de Alec Segaert
Lo sé, es un frame televisivo lo que ilustra este artículo, pero la pose de Alec Segaert es brutal.
El ciclismo, en su bendita y muchas veces cruel inercia, nos ha regalado 24 horas de esas que justifican la existencia de este deporte.
El protagonista es Alec Segaert, un joven que personifica la resistencia frente al dominio en el pelotón y la clase total acoplado a su máquina.
Su historia en estos dos días es la crónica de una agonía en Nokere Koerse y una redención absoluta en el Gran Premio de Denain.
En la primera, Jasper Philipsen le arrebató la gloria a apenas veinte metros de la línea de meta, dejando a Segaert con esa cara de incredulidad que se le queda al que ve cómo el trabajo de todo un día se desvanece por un suspiro de velocidad pura. Pero el ciclismo, lejos de ser justo, es persistente, y al día siguiente en las piedras de Denain, el belga volvió a apostar contra la lógica.
Esta vez la moneda cayó de cara, logrando una victoria en solitario que supo a gloria bendita para él y, sobre todo, para su estructura.
Esta victoria de Segaert es mucho más que un éxito individual; es un balón de oxígeno para el proyecto del Bahrain.
No hace tanto tiempo, este equipo volaba sobre el asfalto, dominando escenarios y dictando sentencias con una suficiencia que asustaba.
Sin embargo, la realidad actual es distinta y mucho más gris.
Las estrellas que antaño brillaban con luz propia se han ido apagando o, simplemente, ya no rinden al nivel que se espera de figuras de su calibre.
El equipo vive una fase de transición peligrosa donde los resultados de fuste escasean y la sensación de declive empezaba a sobrevolar el autobús.
Por eso, el éxito de Segaert en Denain tiene un valor terapéutico. Es la demostración de que todavía hay pulso, aunque sea a través de la frescura de los que vienen apretando desde abajo, más que por el estatus de los galones antiguos.
El triunfo de Segaert frente al pelotón en Denain, aguantando por un puñado de metros lo que en Nokere fue una derrota dolorosa, subraya esa narrativa del ciclismo que tanto nos gusta en esta casa: la del corredor que no se rinde ante la dictadura del sprint masivo.
En un entorno donde el Bahrain necesitaba imperiosamente un golpe de autoridad para recordar quiénes son, Segaert ha dado un paso al frente con una valentía impropia de su edad. Es un alivio necesario para un equipo que veía cómo su crédito se agotaba.





