Ciclismo
El Tourmalet, siempre
No lo olvidéis: En el Tourmalet empezó todo
Así escribió el Tourmalet las primeras líneas de su biografía ciclista.
Fue en 1910, cuando Henri Desgrange, alma del Tour de Francia, envió a su hombre de confianza, Alphonse Steinès, a descubrir si aquella montaña de nombre extraño y fama temible podía ser atravesada por los hombres del pedal. Steinès subió con su coche hasta donde pudo; después, a pie, entre la nieve y la noche, cumplió la misión.
“Si tú cruzas el Tourmalet —le dijo Desgrange—, el Tour también lo hará”.
Y así fue.
El 21 de julio de 1910, Octave Lapize coronó la cima y cambió la historia.
Desde entonces, el Tourmalet no ha dejado de ser el eje del ciclismo, la piedra angular de su leyenda.
Su figura metálica —el “Gigante del Tourmalet”, obra de Jean-Bernard Métais— lo recuerda cada verano. Cada mes de junio, la ceremonia de la Montée du Géant devuelve al col a ese ciclista plateado que pedalea eternamente hacia el cielo.
Hinault, Indurain, Fignon… todos han rendido homenaje al coloso pirenaico.
Subir el Tourmalet no es cuestión de potencia, sino de respeto.
Desde Sainte-Marie-de-Campan, donde la fuente más famosa del ciclismo sacia la sed de generaciones, el puerto se alza como un viaje interior.
Allí, donde Eugène Christophe reparó su bicicleta a martillazos en 1913, los cicloturistas detienen hoy su paso para llenar los bidones y rendir tributo a la historia.
El Tourmalet no es el más duro, ni el más largo, ni el más bello.
Pero es el Rey.
Porque cuando el Tour de Francia pone su nombre en el mapa, todo cambia: la gente se viste de gala, los ciclistas aprietan los dientes, y el pasado se mezcla con el presente.
Aún resuena aquel anuncio que nos retaba con un “Nunca subirás el Tourmalet…”.
Muchos respondimos pedaleando.
Porque subirlo es una promesa cumplida con uno mismo, una conversación con la historia.
Y al llegar arriba, frente al Gigante plateado, uno entiende que el ciclismo, en realidad, nació aquí.
El año que viene, a inicios de julio, el Tour tiene una cita allí.





