Ciclismo
El bajón de Juan Ayuso ha sido brutal
Al menos la caída de París-Niza no ha traído lesiones complicadas para Juan Ayuso
No descubrimos nada si decimos que Juan Ayuso ha abandonado la París-Niza en el que probablemente era el momento más dulce y sólido de su trayectoria profesional.
No es solo una cuestión de estado de forma, sino de contexto: lideraba una de las citas más prestigiosas del calendario con el respaldo total de un equipo volcado en su figura.
Tenía ante sí el escenario ideal para dar ese golpe de autoridad definitivo, sin fisuras ni debates internos sobre liderazgos compartidos, sintiéndose por fin el eje sobre el que pivotaba toda la estrategia del UAE Team Emirates.
Se marcha de Francia dejando en el aire la gran incógnita que todos queríamos despejar, que no era otra que medir su resistencia real ante el empuje de Jonas Vingegaard cuando la carretera se pusiera vertical de verdad.
La caída es un recordatorio cruel de la fragilidad del éxito en este deporte.
En un instante, todo el trabajo acumulado y la inercia ganadora se van al suelo, privándole de una oportunidad de oro para consolidar su estatus en el pelotón internacional.
Resulta frustrante ver cómo un corredor que parecía tenerlo todo bajo control se ve obligado a poner pie a tierra cuando más cerca tenía el objetivo.
Sin embargo, dentro de la gravedad del percance, el ciclismo suele conceder segundas oportunidades si el físico lo permite.
La confirmación de que no existen fracturas ni lesiones de larga duración es el único alivio real en este naufragio deportivo.
Ahora la mirada se desplaza inevitablemente hacia la Itzulia que ganó hace dos años.
Ayuso tiene el carácter suficiente para transformar esta decepción en un motor de rabia positiva, pero el tiempo de recuperación es el que es.
El ciclismo no espera a nadie y la exigencia de las carreteras vascas no perdona una preparación interrumpida por el asfalto.
Esperamos volver a verle con esa misma ambición que mostraba antes del accidente, porque lo que estaba demostrando en las etapas previas era el nivel de un corredor llamado a marcar una época.
Queda el sabor amargo de lo que pudo ser y no fue en las carreteras francesas, pero la prioridad absoluta es que el ciclista recupere la confianza y la integridad física para que este parón sea solo un paréntesis y no un lastre en una temporada que prometía ser histórica para él.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters





