Ciclismo
Ciclismo: Un positivo siempre es una mala noticia
Un positivo en el entorno de Contador es pólvora para el ciclismo
El positivo de Germán Darío Gómez en las filas del Polti VisitMalta no es solo una noticia de agencia o un dato estadístico en los archivos de la UCI; es, ante todo, una fatídica confirmación de que en ciclismo los viejos fantasmas nunca terminan de hacer las maletas.
Resulta agotador observar cómo, de manera cíclica, el ciclismo se ve envuelto en este halo de sospecha que alimenta el lado más oscuro de la afición.
No es una cuestión de morbo, aunque ese morbo sea el combustible que ha incendiado las redes sociales durante los últimos días.
Asistimos a una suerte de profecía autocumplida donde parece que una parte del público vive instalada en la espera ansiosa del escándalo, deseando que el nombre de una gran estrella caiga para confirmar sus peores teorías.
Se especuló de forma indiscriminada con figuras de la talla de Simon Yates, cuyo final de carrera deportiva se ha querido empañar con cábalas que nada tienen que ver con la realidad contrastada hasta la fecha.
Mañana no sé, pero hasta la fecha, nada.
El deseo de ver caer al grande es un síntoma de la toxicidad que aún supura en este deporte, pero el daño real, el que queda cuando se apaga el ruido, es el que sufre la credibilidad del pelotón en su conjunto.
Lo sucedido en la estructura de Alberto Contador activa un protocolo que ya conocemos de memoria y que resulta, por repetitivo, casi insultante para el seguidor medio.
El guion es inalterable: se notifica el resultado adverso, el equipo emite un comunicado de sorpresa absoluta y se procede a la suspensión inmediata del corredor.
Sin embargo, en este caso concreto, la sombra es más alargada y afilada.
El hecho de que este positivo ocurra bajo el paraguas de un patrón que arrastra su propio historial añade una capa de fatalidad inevitable.
Para muchos, el pasado de Contador actúa como un imán que vincula directamente su trayectoria personal con los fallos de control en su actual escuadra, alimentando un discurso de sospecha que es imposible de frenar.
Se levanta de nuevo ese muro de contención alegando el desconocimiento total de las prácticas del individuo, pero la duda flota sobre el ambiente con una pesadez asfixisante.
Cuesta digerir que en la era de la monitorización extrema, un corredor actúe de forma aislada sin que nadie detecte la más mínima anomalía, como que, llegados a este punto, alguien sea tan torpe de dar positivo.
Un hecho en una estructura con este sello mediático solo sirve para dar la razón a quienes sostienen que los vicios de fondo permanecen inalterados.
Es una desgracia para el ciclismo porque valida el cinismo de los que esperan la caída de los ídolos, mientras el equipo se limita a seguir un manual de gestión de crisis que, dado el contexto del propietario, suena más hueco que nunca.
Imagen: Instagram- Ciclo21





Galego da área mindoniense
29 de enero, 2026 at 19:05
La hemoglobina M101 es prácticamente indetectable en la actualidad, incluso por el pasaporte biológico; y mejora substancialmente el rendimiento deportivo. ¿Y si parte del pelotón no la está usando ya?
Además, las normas antidopaje se crearon en un inicio para proteger a los propios deportistas; ya que estaban tomando substancias que eran peligrosas para su salud (y, en el peor de los casos, hasta podían provocar su muerte, como le ocurrió a Tom Simpson en el Mont Ventoux 1967). Ahora bien, si una substancia determinada no tiene efectos adversos, yo creo que se debería permitir; independientenente de si mejora el rendimiento deportivo (la cafeína también lo hace por ejemplo, y se permite porque no es substancia peligrosa para la salud a priori).