Ciclismo
Ciclismo en 2020: Quedaros con lo bueno, que lo ha habido
Todos los cambios que acechaban al ciclismo se dispararon en 2020
365 después otra vez aquí, otra vez el champagne y las uvas que van… y esas cosas que nos ha dejado el 2020, entre otras CICLISMO.
Describir estos doce meses es una montaña rusa general y una interpretación tan personal como gente lea esto, por eso no sacaremos las miserias y sí nos quedaremos con lo bueno de año que dejamos atrás, con la mirada en el nuevo y más allá.
Ciclismo incluso este año ha habido, ya lo creo que sí, y es un motivo para estar contento y orgulloso
Una campaña en dos actos, un entremés cortado de raíz en algún lugar de los Alpes mediterráneos, a un día de llegar a Niza y retomada en Burgos.
Entonces se anunciaba un calendario inestable e incierto que pudimos disfrutar como si no hubiera un mañana, desde la lejana y polvorienta Strade, a la caída de Remco en Lombardía, el corazón en un puño con Fabio Jakobsen, las tres grandes, el desenlace brutal de Lieja, el sueño de ver a los dos cocos en Flandes, la Vuelta de otoño…
Esto ha sido también 2020, ha sido CICLISMO.
Un año raro para un revolcón en toda regla, la sensación que todo va rápido, muy rápido, con esa legión de intrépidos imberbes que quieren mucho y más, lo pretenden todo, sin esperar a ser fruta madura.
El año del confinamiento ha acelerado el pulso del relevo y ha puesto sobre la mesa nombres con los que no contábamos, al menos tan pronto: Hirschi, Remco, Pogi, Van Aert, Van der Poel… y ¿Bernal?
Con ellos soñamos, con el ciclismo de valientes, de no guardar, de remar y remar en medio del deporte tomado por la ciencia, la cadencia, los vatios y la biblia de datos que parece necesaria manejar para salir vivo de este caldo.
El año del confinamiento ha traído esos campeones y ha puesto en valor la bicicleta en nuestra sociedad, como elemento de independencia y emancipación, un boom de demanda que acuerda entregas a seis meses vista y que pone la flaca como elemento de deseo.
La vemos más por las ciudades y por las carreteras, un cambio obligado para un mundo mejor, más lógico, humano y sostenible.
El paisaje que queremos ver, y que durante los meses de plomo del confinamiento latió profundo en el otro elemento estrella del ciclismo en 2020: el rodillo.
De odiado a compañero imprescindible para quemar excesos en la mesa y los sinsabores de la vida, si la bicicleta vino para quedarse en las ciudades y la carretera, el rodillo ya no será el jarrón feo del salón.
Sólo una cosa lamentamos del ciclismo de 2020, y es lo de siempre, lo de cada año, la desgracia de ver, leer y oír sobre accidentes, momentos que nos rompen en mil pedazos y nos dejan la sensación de cuánto queda por hacer para que el ciclista no sea visto como algo extraño y sí algo integrado, íntimamente, en el paisaje.
Este 1 de enero de 2021, El Cuaderno de JoanSeguidor celebra diez años, brindamos por otros tantos
FELIZ AÑO y que 2021 nos lo ponga + fácil.
Imagen: FB de Giro d´Italia



