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Ciclistas

El año más bizarro de Movistar Team

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Giro Movistar JoanSeguidor

Decir que ha sido un año sencillo en Movistar Team no sería objetivo

En las redes a veces te encuentras perlas como ésta de @CarlosCR_ sobre la campaña 2019 de Movistar Team… 

 

El vídeo es descacharrante y pone en perspectiva lo que ha sido la temporada del Movistar Team, haciendo uso del lenguaje más castizo, algo así como “el corral de la Pacheca”, cuando no “el coño de la Bernarda”.

Y no es exagerar, no.

Decir lo que se opina directamente, sin ambages del único equipo español en el World Tour del momento, no es atacar al ciclismo español, ni ir contra ellos, es retratar una realidad que el vídeo consigue a base de suceder recortes que en bucle dan la medida de lo dantesco de la campaña celeste.

Hubo un tiempo que cuando el Movistar Team dominaba la UCI, y se hacía gala de ello, no podía ser de otra manera, comentábamos la íntima relación que existía entre el rendimiento de los Movistar y la primera plaza del ciclismo español en la UCI.

Salvo Purito y Contador, los grandes capos del ciclismo a este lado de los Pirineos estaban aquí y a ello se le añadía que Nairo ganaba con asiduidad, Rui Costa también contribuía y esas cosas.

Pero los desperfectos de base que sufre el ciclismo español atenazan a su mejor equipo, como no podía ser de otra manera, y lo que años atrás era la excelencia -aunque el Tour, el premio que todos quieren, iba a otras manos- ahora es la imagen de un barco que cuesta tener derecho en alta mar.

 

La sucesión de situaciones en el Movistar Team 2019 es el reflejo de una falta de reflejos en la dirección que a veces rozó lo absurdo.

Y no lo decimos nosotros, la guerra cada uno por su cuenta fue la tónica en más de una ocasión, cuentas internacionales hablando de Movistar Team y sus estrategias, las complicidades entre sus líderes, la entrega, a veces vacía de sus gregarios, es todo.

La salud de Alejandro Valverde en primavera es uno de esos imponderables que no se pueden manejar, pero sí amortiguar, al menos cuando tienes una plantilla que presumes amplia y trufada de calidad como se hace en Movistar.

La desaparición del entonces arcoíris trajo un vacío que no sólo se midió en la grandes carreras -vueltas y clásicas- también en lo doméstico, dígase Madrid o Castilla y León.

El Giro de Richard Carapaz fue un espejismo, un dulce y lento navegar bota arriba en el que los celestes demostraron pulir todas las carencias de equipo casi de un plumazo.

Llamadnos mal pensados, pero que el timón estuviera en manos de uno que era nuevo en esto, sería casualidad o no, pero el equipo fue un rodillo.

Recordáis las palabras de Rubén Plaza el otro día cuando tuvieron aislado a Froome en los Pirineos…

«Desde luego que sí, literalmente nos cagamos encima. Iba Froome aislado, solo, con Nairo, con Valverde, Rui Costa, Castroviejo, Amador y yo. Fue una locura, le tuvimos a punto pero le perdonamos, todo su equipo atrás y él aislado. Fíjate que nunca más se ha vuelto a dar esa circunstancia. Tengo en el garaje de casa un recorte de ese día colgado en la pared y lo recuerdo cada día»

… pues eso, que la pizarra no ha dado para más, hasta este Giro.

 

 

Sin embargo, todo triunfo tiene sus consecuencias y sí, Richard Carapaz le dio la tercera grande al cuadro bajo patrocinio telefónico pero consolidó las ganas de Mikel Landa de dejar el barco -“cuando compartes objetivos con otro compañero todo es más complicado” esto para Unzúe no era un problema- y puso en camino de salida al ecuatoriano.

Camino de salida para el Ineos, para más INRI.

Así nació DT Swiss

“Quins collons!!!” que diría aquel.

Luego el Tour fue eso que dijimos de la Pacheca, con jornadas memorables, dígase Tourmalet, donde quedó claro que no se hablaban, y otras en las que no se cruzaron la mirada.

Nairo ganó su etapa en el Tour, otra en la Vuelta y en ésta para de contar.

El colombiano ya no volvió a correr, ni Lombardía, a donde fue Landa para abandonar antes de todo lo gordo.

 

Y claro, cuando desde la sala de máquinas, ves que te vacías, que sacrificas, esperemos que no, tus mejores años y compruebas el descontrol de la cúpula acabas reventando como Marc Soler en Andorra, hasta los huevos de tanta contradicción, orden y contraorden.

Que tenía que esperar, aunque fuera para 100 metros, sí, pero la razón le asistía, también.

Que estos jóvenes tienen que aprender, como dice Lastras, cierto, pero es que Soler estará aprendiendo hasta los 35, y si no Andrey Amador, que ha encontrado acomodo en la casa de enfrente gentileza de Acquadro.

Porque ese Movistar que ha ganado la general colectiva de las tres grandes es el mismo equipo que ha tenido tantos frentes que taponar la sangría no siempre ha sido posible.

Hasta un agente le ha salido rana.

La renovación que se ha impuesto en la plantilla, fichando a Enric Mas y promocionando a Marc Soler, junto a fichajes que ellos conocerán mucho mejor que nosotros, debería extenderse a la dirección y el mando del coche.

Porque aquello que nos describió Rubén Plaza ha tenido secuelas, capítulos separados, pero constantes y sazonados por desdichas como las de Toledo, que no sólo son achacables a la carretera y quienes van por ella,

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