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Ciclismo

El eternamente enfadado aficionado ciclista

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Vuelta fumar Joanseguidor

El aficionado ciclista medio es posiblemente el más crítico de cuantos existen

El día que hablamos con Javier Guillén sobre el presente de la Vuelta e hicimos ciertas aseveraciones, teníamos claro que no iba a llover a gusto de todos…

Así las cosas, el recorrido, el tema del recorrido, tan manido y ridículamente polémico, no porque no sea importante y sí porque hay gente que pierde los papeles hablando de él, decidimos no tocarlo más allá del tópico que el organizador cree que su carrera tiene su personalidad marcada, más que ninguna otra grande.

Nosotros estamos de acuerdo a medias, creemos que tiene personalidad, además matizada con el tiempo, porque el «cuestacabrismo» aunque presente no es lo que era, con un estilo reconocible de etapas si bien para nosotros el Giro es la grande por excelencia, sobre todo por la deriva del Tour de Francia.

Pero esto que decimos, lo decimos nosotros porque es lo que pensamos nosotros, como aficionados y gente que vive casi por y para todo esto, otra cosa es lo que gusta fuera de nuestro reducido universo, de cuyas dimensiones a veces no somos conscientes.

 

La Vuelta ha instalado un perfil de etapas que, al parecer, da buenos números, le da buenos números: audiencia, interés, patrocinios.

Eso lo dicen ellos.

Y no es una Vuelta para satisfacer al público ciclista es para llegar al mayor número de personas por España o por el mundo.

Es como cuando una vez un amigo se quejaba de que le daba igual el monasterio por donde pasara la carrera sin reparar que hay mucha gente en Italia o Alemania que puede ver la carrera por el paisaje y saber más de España y sus próximas vacaciones.

Es hablando con gente como Guillén o como Carlos de Andrés, a quienes hemos criticado no pocas veces, y seguramente sigamos haciendo, cuando nos percatamos de esa realidad, que gustará o no pero es la que es.

Sí es cierto, las mejores etapas de la Vuelta en tiempos recientes son a saber:

Fuente Dé en 2012

Sierra madrileña en 2015

Formigal en 2016

Guadalajara en 2019

Es decir jornadas sin cuestarrones, de perfil clásico, de manual, de toda la vida, pero ello no quita que un Mas de la Costa o un Ézaro, que son muros de hormigón te llenen de gente el otro lado de la pantalla y al organizador le salga rentable.

 

Curiosamente parece que el ciclismo en diferido está funcionando bien esta primavera.

El otro día hicimos esta reflexión sobre la reposición de Flandes y la victoria de Bartoli. 

Al respecto recogemos este extracto de la newsletter que envía Cuadernos del Ventoux… 

Un pequeño éxito. No hay ciclismo en vivo pero sí en diferido. Teledeporte emite diariamente una etapa o clásica histórica. Le está yendo bien. Como analiza @CiclismoEnTV, las redifusiones aglutinan a una media de 90.000 espectadores. La Vuelta o el Tour tienen las mejores audiencias; el efecto «español» no es tan agudo como podríamos imaginar.

   El ciclismo es con diferencia el deporte más visto cada día, por encima incluso del fútbol. Hay hambre de carreras. Indurain y Lejarreta dispararon la audiencia hasta el 1% del          share, un dato reseñable en pleno parón competitivo.

  El Tour Flandes de Bartoli atrajo al menor número de espectadores (49.000). Pero incluso aquel día, coincidente con un Madrid-Barça, el ciclismo fue el deporte más popular. Y     la tendencia es positiva. Cada vez hay más gente frente a la pantalla.

Es decir, lo de Bartoli fue tremendo, épico, pero en el balance la gente va a lo seguro, Indurain y Lejarreta… en fin que una cosa es lo que nos guste y otra lo que vende ahí fuera.

Por cierto, para quienes pensamos que como el ciclismo de los ochenta no hubo nada igual, que sepáis que he leído a millennials decir que Val Louron, Tour 1991, les pareció un tostón.

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Ciclismo de carretera

Valverde y Alaphilippe: parecidos pero para nada iguales

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Las comparaciones entre Valverde y Alaphilippe tienen un techo muy marcado

La única manera de decir eso que hemos oído alguna vez de «Alaphilippe es el sucesor de Valverde» es refiriéndose a la Flecha Valona, carrera en la que ambos han copado desde 2014, con cuatro victorias para el murciano y tres en el casillero del francés.

Sólo Marc Hirschi rompió este monopolio.

La Flecha Valona equipara a ambos ciclistas, les hace especiales, la Flecha Valona y la Lieja-Bastogne-Lieja, también.

Recuerdo una edición de la decana en la que Valverde gana por delante de Alaphilippe y éste cruza la meta cabreado.

Julian sabía en aquel entonces que esa carrera estaba en sus posibilidades, ojo que no la ha ganado aún, pero también seria consciente del monstruo al que se estaba enfrentando.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



En todo caso, y al margen de la línea de sucesión que ambos han trazado en la Flecha Valona, lo cierto es que identificamos grandes diferencias entre uno y otro ciclista, diferencias que van en varios sentidos y que tienen que ver, no podía ser de otra manera, con el equipo y país al que pertenecen.

A.S.O./Gautier Demouveaux

Por ejemplo, la cultura ciclista de Francia nada tiene que ver con la española, es, y no lo decimos en tono peyorativo, mucho más amplia la francesa, con raíces asentadas en las grandes vueltas, pero también en otro perfil de carreras.

Esa cultura es la que ha hecho que Alaphilippe dispute dos Tour de Flandes, carrera que por cierto va a dejar al margen en lo sucesivo, que se deje ver en clásicas de todo el año, que incluso se barruntara Roubaix… y no sólo eso, también la forma de valorar premios que aquí se consideran menores, tipo un maillot de la montaña del Tour.

Para llevarse esa prenda a casa, Alaphilippe fue uno de los mejores ciclistas en Tours en los que era infumable el bloqueo que vivía la carrera.

Es cierto que el francés ha tirado muchas veces al poste por ser omnipresente, pero su imagen, la combatividad, el tiro de cámara que se ha llevado son intangibles que el equipo se lleva en réditos publicitarios y el corredor siembra para el cariño del aficionado.

Esa forma de correr aproxima a Alaphilippe mucho más a Paolo Bettini que a Alejandro Valverde

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Son estilos, las estamos comparando, aunque no criticando, pero cuando hablamos de dos talentos como los que copan el artículo, verles delante, arriesgando, que les dé el aire, es una bendición.

En la ventana de objetivos de uno y otro, Alejandro Valverde nunca ha descuidado las grandes vueltas, desde el punto de vista de la general.

Eso implica renunciar a muchas escapadas y posibilidad de victoria, pero se traduce en un palmarés de récord para el del Movistar, con más podios que nadie en la Vuelta a España junto a sendos en Tour y Giro.

Ver a Alaphilippe en el podio de una grande es complicadísimo, incluso cuando hace dos años cubrió tanto Tour en amarillo, pues se trata de un ciclista mucho menos consistente, ahora mismo, que Valverde para lograr este registro y su opción de disputar una grande pasa por la alineación de los astros, como en Tour 2019, y no por tenerlo programado.

En ese sentido queda por ver si Alaphilippe se decanta por una carrera deportiva de la monstruosidad de Alejandro Valverde, es más cabría preguntarse por los pocos que se pueden medir en este aspecto con el de Movistar.

Uno y otro seguro que han tomado y tomarán la decisión que más les plazca, pero es complicado imaginarles, más allá de esas Flechas Valonas, a uno en el lugar del otro.

Son, en definitiva, dos tesoros de cuyo valor hemos sabido disfrutar tanto tiempo…

Imagen: A.S.O./Thomas Maheux

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Ciclismo antiguo

Charly Gaul, el ciclista que hizo grande Luxemburgo

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Cuando la carretera miraba al cielo, Charly Gaul trepaba como un ángel

Charly Gaul, el famoso ciclista de otros tiempos, oriundo del Ducado de Luxemburgo, y más concretamente nacido en la localidad de Pfanffentnal, con data el 6 de diciembre de 1932, es decir casi 90 años, fue un corredor de los que dejaron huella en los anales históricos del deporte de las dos ruedas y muy particularmente a raíz de sus actuaciones sobresalientes en las altas cumbres.

Podemos afirmar que fue una estrella rutilante que brilló con cierta soltura en estas lides del pedal  cuando la carretera enfilaba cuesta  arriba, hacia la cima de turno. En su época la supremacía desplegada en esta modalidad podía paragonarse o ponerse en paralelo a la realizada en campaña por nuestro conocido representante español apelado Federico Martín Bahamontes.

Años más tarde, surgió en este campo y como escalador también nato el malogrado italiano Marco Pantani, que se mostró igualmente muy belicoso en los puertos de alta montaña. Campeones de esta índole no surgen así como así todos los días. Son estrellas que surgen de manera intermitente en el firmamento rutero.

Un meteoro llamado Gaul

Sabido es que este pequeño Ducado de Luxemburgo, situado en frontera al lado de Francia, Bélgica y Alemania, no era tierra de campeones. Como excepción cabía señalar a un tal François Faber, que se permitió el lujo de ganar el Tour del año 1909, y, años más tarde, a Nicolás Frantz, más popular en los ambientes ciclistas, que llegó a París como vencedor en las ediciones pertenecientes a los años 1927 y 1928. En aquel diminuto país, sin apenas tradición ciclista, surgió inesperadamente aquel famoso meteoro llamado  Charly Gaul, que pronto se hizo valer en los foros internacionales.

DT – Swiss 400×400
Cambrils 400×400
Cruz 400×400



Para los que hemos tenido la oportunidad de seguir de cerca las hazañas vividas en aquellos tiempos de antaño, cuando el deporte de la bicicleta se valía más de la individualidad del individuo más los protagonismos colectivos, léase movimiento actual, nos es fácil recordar con cierto entusiasmo aquellas gestas un tanto heroicas escritas sobre el asfalto por los verdaderos esforzados de la ruta. Queremos hacer mención ahora de este corredor luxemburgués de excepción que en estas fechas precisamente son coincidentes con el décimo aniversario de su muerte acontecida en el 2005.

Cabe afirmar sin lugar a dudas que Gaul, con su estatura de un metro con 73 y un peso liviano de 64 kilos, fue y ha sido el corredor ciclista de más prestigio que ha dado el Gran Ducado, más que los mismos hermanos Schleck, compatriotas fugaces si se quiere.

Es razón más que suficiente el anotar sus dos victorias absolutas en el  Giro de Italia, y  una en el Tour de Francia, en un plazo corto de tiempo, entre los años 1956 y 1959, en su época pletórica dorada. Su carrera activa y básica se centró en el periodo comprendido entre  la temporada de 1953 y su final en 1965; es decir, traducido en trece años dándole a los pedales, una faceta que se encuadra dentro de la normalidad. En el compendio de este tiempo logró oficialmente 52 victorias que engrosaron a su historial, una cifra de todas a todas nada despreciable.

Ágil como una gacela cuesta arriba

El luxemburgués tenía una capacidad de resistencia admirable dentro de unos cánones de excepción. Cultivó severamente su mejor arma que era la montaña. En aquellos tiempos las altas cumbres diseminadas a lo largo de las pruebas de largo kilometraje tenían un peso específico incalculable y hasta decisivo. Los futuros vencedores se valían de aquel privilegio. Hoy, en cambio, el prisma de la contienda marca otros derroteros y otras estrategias. A Gaul, sí lo recordamos, daba gusto el verle pedalear, el contemplar  su marcha  frenética cuando atacaba sin piedad a sus adversarios más directos, imprimiendo sobre sus piernas un ritmo acelerado y sin pausa. Nuestro Federico Martín Bahamontes, su rival más contundente, sabía bien de sobras lo que Gaul alentaba cuesta arriba. Sin pecar de ser exagerados, diremos que los dos marcaron en este sentido un hito positivo y emotivo a favor del ciclismo.

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El Giro y el Tour, su hoja de ruta

A Charly Gaul los cronistas le asignaron variados adjetivos o apodos de elogio. El más elocuente fue aquel cuya transcripción se transparentaba bajo el título: “El ángel de las montañas”. Dentro del esfuerzo que realizaba, aparecía con su rostro inmutable y pétreo que no delataba el dolor que sufría su físico cuando la carretera se enfilaba hacia la cima perdida de un puerto. Contemplar su ágil pedaleo y hasta al son musical de su ritmo constante, era un espectáculo único que no olvidaremos. Todo nos hacía imaginar que salvaba la distancia con sendas alas invisibles atadas a los pies. Era un espectáculo digno que daba cierta conmoción  para los que sentimos de cerca las grandezas que encierra este viejo deporte.

Por encima de todo, Gaul, aparte de ser un escalador excepcional, se desenvolvía más holgadamente en las carreras por etapas de largo kilometraje. Aunque sus prestaciones fueron ya conocidas y justamente divulgadas, destacó su tercer puesto en el Tour de Francia del año 1955, tras el francés Louison Bobet y el belga Jean Brankart. Consiguió, además, el Gran Premio de la Montaña, título que repitió al año siguiente.

El Tour que le fue más propicio fue el de l958, que venció sin paliativos sobre el italiano Vito Favero y el francés Raphael Geminiani, con victorias en las dos etapas de contrarreloj individual con meta en la cima del Mont Ventoux, y, días más tarde, en Dijon. Apuntamos, además de corrido, un majestuoso y victorioso recital llevado a cabo en el corazón de los Alpes, en la etapa que finalizó en Aix-les-Bains.

Recordamos también el protagonismo llevado a cabo por aquel dúo  denominado Bahamontes-Gaul, con una estocada certera lanzada en el collado de Romeyère, en la etapa Saint-Étienne-Grenoble. Fue en aquella memorable jornada en donde el toledano Bahamontes vistió la camiseta amarilla como líder del Tour, que llevaría con toda honra hasta París ante el pasmo de miles y miles de aficionados. Eso en el año 1959, un Tour que no se nos va de la memoria.

El Giro de Italia, con todo, fue una prueba siempre apetecida por el corredor luxemburgués. Dio la campanada en el año 1956, gracias a la célebre etapa de las Dolomitas, en la cual se afrontó el temido Monte Bondone. En aquella jornada dantesca hubo de todo: lluvia, granizo, nieve y desatadas borrascas de viento.

El resultado fue que más de la mitad de participantes abandonaron la contienda, incapaces de resistir las pésimas condiciones climatológicas. Gaul, el gran vencedor del día, pasó de ocupar una vigesimocuarta posición desdibujada en la clasificación general a conquistar la camiseta rosa que distinguía al líder, llegando a Milán en apoteosis. Tenía tan sólo 24 años. Volvió a ganar en 1959. Logró por dos veces ser tercero en los años 1958 y 1960, y un cuarto en 1961.

Colofón final

Abandonó quizá algo pronto el duro deporte ciclista: a los 33 años. Un anuncio cayó un tanto de sorpresa; sin hacer ruido, en silencio. Se puede afirmar para los que tuvimos la suerte de conocerle personalmente, que era, por encima de todo, un hombre sencillo y sin alardes de pedantería como les acurre a tantos otros, sumergidos en la fama.

Era un hombre modesto y a la vez impenetrable; con aquella frialdad que su faz reflejaba frente a los sufrimientos que le ofrecía la ruta. No se nos olvida su diminuta e inconfundible figura, cuando se perdía como una exhalación tras unas revueltas en acusada pendiente. Fui testigo afortunado, singularizo diciéndolo, como seguidor cercano a sus proezas ciclistas, especialmente en el Tour de Francia, que me compensó con un buen signo.

Charly Gaul, con sus recitales, nos mostró las excelencias que me ha brindado este deporte. Es para mí una satisfacción el haber podido plasmar, siquiera someramente, algo en torno a este campeón a todas luces un tanto singular y muy propio en sus actitudes.

Por  Gerardo Fuster

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Ciclismo

Si la Vuelta fuera a Gran Canaria, no podría omitir el pico de Las Nieves

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El Pico de las Nieves es la cima más deseada de Gran Canaria

Cada cierto tiempo suena que Canarias puede volver muchos años después al recorrido de la Vuelta a España, cuya presentación se hace en menos de dos semanas, y para el regreso del archipiélago, el Pico de las Nieves en Gran Canaria es candidato a acoger final de etapa.

Aunque he estado una vez en Gran Canaria, y no en el citado Pico, he oído mucho de esa subida.

A mi amigo Jordi Escursell, quien cada año bajaba a La Cicloturista del lugar para grabar imágenes y vuelve impresionado.

También me ha hablado, un buen colaborador de este mal anillado cuaderno, Jordi Escrihuela, quien un día me divagó sobre la posibilidad de estar hablando del puerto más duro de Europa…

DT – Swiss 400×400
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Toma ya, el más duro del viejo continente, eso es mucho hablar, pero me lo argumenta…

No seré yo quien lo desmitifique, pero tampoco apostaría por su exclusiva dureza continental.

El Pico de las Nieves por su vertiente de La Pasadilla, es toda una pesadilla, de una dureza extrema, 23 kilómetros de revirada y tortuosa carretera que asciende hasta lo más alto de la isla de Gran Canaria haciendo las delicias de los grandes escaladores… y de los grandes sufridores que disfrutan «grimpando» puertos imposibles, como es mi caso. Aquí hay que venir entrenado para afrontar sus diabólicas rampas, sino una dulce tortura puede convertirse en todo un largo camino al infierno, pero si conseguís someterlo tocaréis el cielo, a casi 2000 m de altitud.

El Pico de las Nieves tiene tres tramos bien diferentes
Los seis primeros kilómetros no son duros y se puede dar bastante caña y ganar mucho tiempo.

En esta parte, y para no atufarme, sabiendo lo que venía después, no pasé de 140 pulsaciones.

Muy tranquilo.

Los participantes que en su inmensa mayoría eran “repetidores” y que casi todos lo conocían prácticamente menos yo, aquí arrancaron como motos, quedándome con un reducido grupo al que fui dejando poco a poco y acercándome a otros, pero yo decliné seguir rueda ninguna.

A mi rollo.

La segunda parte es la más dura y espectacular, una tremenda cuesta de 6 kilómetros entre La Pasadilla y Cazadores, un tramo increíble con rampas de hasta el 23% «que se suben a escalones, pero con peldaños muy grandes» (Jonb) que dan paso a brevísimos descansos que haces que afrontes la siguiente bajando un poco las pulsaciones.

Así llegas a una revirado giro a la izquierda, donde hay mucha gente que no para de animar, y acabas con el suplicio de esta terrorífica carretera, estrecha y de una pendiente exagerada.

Ascendí bien todo este tramo y no recuerdo haberlo pasado demasiado mal.

Disfruté como nunca ascendiendo un puerto de los más duros que he subido, pasé el envite y, para lo escalador que soy yo, me pude dar por satisfecho con la subida que hice, disfrutando de las vistas, el paisaje y los compañeros que me iba encontrando por el camino.

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Gran canaria 300×250



Por un pequeño puñado de segundos…

En el tramo final de la escalada, después de aquél desvío a la izquierda, el Pico de las Nieves se «humaniza» con desniveles más normales, descansos e incluso algún descenso a la altura de la espectacular

pico de las nieves perfil
Caldera de los Marteles, antes de coronarlo, con alguna pequeña emboscada y un último kilómetro en bastante mal estado.

En esta parte me encontraba fuerte y empecé a bajar piñones, bastante animado a darle caña, pero alguien me dijo que no me emocionara que aún quedaban trampas por el camino. M

e podía haber marchado pero seguí con él. Cuando menos me lo esperaba, aquel ritmo bueno que me ofrecieron, aceleró para intentar marcharse.

Pillado, por desconocimiento del puerto, aquel demarraje representó tan solo un pequeñísimo puñado de segundos.

Una lástima porque para eso podríamos haber entrado juntos.

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Ciclismo de carretera

Mikel Nieve vuelve a Caja Rural con la bolsa llena

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Tour Mikel Nieve JoanSeguidor

En Caja Rural, Mikel Nieve cerrará el círculo

El miércoles recibimos un mail con la vuelta de Mikel Nieve a Caja Rural…

«Será especial volver a vestirme con el maillot de Caja Rural-Seguros RGA. Es el equipo donde comencé el aprendizaje para ser ciclista, disfrutando de cinco años muy buenos de los que guardo muy buen recuerdo. Desde entonces el equipo ha crecido, en este tiempo he podido formar parte de otros equipos, con diferentes idiomas y culturas, y volver a competir en casa sienta bien».

«Vengo con ganas de aportar sobre la bicicleta y también fuera de ella, transmitir mis experiencias a los jóvenes compañeros y ayudarles en su progresión. A nivel personal quiero disfrutar del ciclismo y de la bici, ya que en 2021 he tenido varias caídas que han impedido que las cosas salieran bien. Esta nueva temporada la afronto con muchas ganas y motivación, todas las carreras serán especiales con este maillot y quiero dar lo mejor de mí disfrutando de la bici». 

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Mikel Nieve regresa al Caja Rural, en el que estuvo como amateur, con quien le vimos ganar en directo la Cursa del Llobregat, una de las grandes de la Copa de España hace catorce años.

Es el regreso de uno de los mejores ciclistas españoles de los últimos diez años, un regreso cuajado nueve años después de irse del demolido Euskaltel, cuya reedición juntaría a día de hoy un ocho perfectamente competente para el Tour de Francia.

El Mikel Nieve del Caja Rural 2022 es un tesoro para los verdes y la chavalería que sigue cultivando.

Un ciclista que ha sido perenne en algunos de los grandes momentos del ciclismo reciente, uno de los «culpables» de ese tren infernal del Team Sky, una pieza que se encajó en medio de Kyrienka, Kwiatkowski, Landa, Poels y Porte, entre otros.

Ojo a los nombres que estamos citando.

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Mikel Nieve ha encarnado en una sola persona casi todos los valores que definen y hacen del ciclista una figura digna de nuestra admiración.

Callado, trabajador y resolutivo, ha cumplido su rol con extrema perfección, no se le conocen taras y ni malas actuaciones, siempre ha estado por que siempre se ha confiado en él.

Pero no sólo eso, cuando ha tenido opción de navegar en solitario, ha sido también fiable.

Su palmarés incluye pocas pero selectas victorias.

Desde aquella de Cotobello en la Vuelta a España a la de Cervinia en el Giro, ambas muy importantes por el contexto en el que se resolvieron.

Si en la primera, calmó el dolor del Euskaltel que dejó la caída de Igor Antón en rojo, en la previa de la Peña Cabarga, en la segunda le dio aire al Mitchelton quejoso por el derrumbe de Simon Yates de rosa, el día anterior.

Con Mikel Nieve, 38 años la primavera próxima, Caja Rural compra la experiencia de 22 grandes vueltas cumplidas en todos los roles posibles, y siempre con nota

El regreso a casa por el que alguna vez le preguntamos a gente como Pello Bilbao o Ion Izagirre se produce, Mikel Nieve marca en Caja Rural el camino, esta generación del ciclismo vasco-navarro que se ha granjeado una buena carrera lejos de su tierra y que tiene mucho bueno que contar y enseñar en casa.

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Ane Santiesteban no es ajena al momento dulce que describimos para el ciclismo femenino.

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#PodcastJS con @ane_santesteban y @elsterrato

Oscar Freire: "Yo sé cómo se ganan mundiales"

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Cómo me gustaba Jean Christophe Péraud en todos los aspectos. Cilcistazo que no se valoró todo lo que hizo.

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Entre los diez maillots que más me gustan de este bendito deporte, me quedo con éste, por estética atemporal, grandes recuerdos y quiénes lo llevaron

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En Ruanda el ciclismo causa estragos, un deporte que gusta e ilusiona con grandes perspectivas en el corto plazo

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