Ciclismo
Si la Lieja entra en el molde, no hay más que Pogačar
La tercera victoria en Lieja de Pogačar es como la lluvia sobre mojado
Leí hace poco una encuesta, justo antes de la Flecha Valona, en la que se preguntaba si era conveniente que Pogačar corriera esta carrera apenas unos días después del desengaño en la Amstel Gold Race.
Una pregunta que bien podría extenderse a toda la primavera… o mejor dicho, a lo poco que quedaba de ella: especialmente las dos clásicas de las Ardenas, con Lieja–Bastogne–Lieja como el gran objetivo.
El desencanto de hace una semana tuvo contrariedad, pero la realidad nos ha demostrado que su plan sigue más vivo que nunca.
Con su tercer triunfo en Lieja–Bastogne–Lieja, Pogačar alcanzó el noveno monumento de su carrera, una cifra que solo superan sus cuatro victorias en Lombardía, consolidando aún más su legado.
Este ciclista tiene un plan: incluso cuando no funciona, no se amilana ni lo cambia.
Al contrario, lo sostiene y lo ejecuta hasta donde el cuerpo aguante.
Cree en él, no hay más, por mucho que diga que el movimiento de La Redoute no estaba programado, si los suyos llevaban el pelotón a 80 por hora en el descenso previo.
Esta nueva victoria en Lieja fue muy similar a la del año pasado: ataque en el punto clave, La Redoute, y cabalgata en solitario hasta la meta.
Este año, además, teníamos el aliciente de ver a su archirrival en estos escenarios: Remco Evenepoel.
Ya en la subida definitiva vimos a Remco mal posicionado, y su estado físico no le permitió remontar ni perseguir en los tramos finales rumbo a Lieja.
Al final, se cumplió lo que los pronósticos más realistas vaticinaban: por mucho que quisiéramos ver al belga disputándole el triunfo al esloveno, lo cierto es que, si el campeón del mundo está en forma, parece completamente inalcanzable.
Lo que ocurrió en la Amstel Gold Race hace una semana fue real, sí, lo vimos.
Pero eso no significa que vaya a repetirse con frecuencia.
Y, como quedó claro, no lo afectó en lo más mínimo. Esta fue, sin duda, una victoria cargada de simbolismo.
Primero, por su duelo particular con Remco, a quien ya supera en número de Liejas.
Segundo, por el desempate con Van der Poel, que ahora lo favorece.
Y tercero —quizá el más personal— por confirmar que su forma de correr sigue funcionando, y que el riesgo, cuando él lo asume, muchas veces se convierte en victoria.
Una primavera de ensueño: corrió los cuatro monumentos, ganó dos, fue segundo en otro y tercero en el primero de todos, Milán–San Remo, esa obsesión que todavía lo desvela.
Ahora se toma unas “vacaciones activas” para preparar el Tour, antes de volver a escena en junio en el Critérium du Dauphiné, allí le espera el “otro”, Jonas Vingegaard.
Imagen: UAE








