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Tourmalet, posiblemente el puerto más famoso del mundo
Puertos en el Tour hay muchos, todos por detrás del Tourmalet
Cuando el Tour de Francia entra en la etapa del Tourmalet, la cosa es que se pone seria, la gente se viste de gala, los ciclistas afilan la mirada y todos echamos mano de le épica pasada para explicar la trascendencia del momento.
Pero no es sólo eso, durante años y años, el Tour era el Tourmalet, y el Tourmalet, el Tour.
Era la cima con que se identifican el ciclismo y su mejor carrera, la franquicia que corre por manos de la gente, más o menos entendida en ciclismo, cuyo nombre se estampa en camisetas, se cotiza en modelos de bicicleta y pone nombre a restaurantes.
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Días, fechas, nombres y hombres que marcaron la historia del coloso por excelencia . El Tourmalet, toponimia pirenaica de la que todos saben por el circo de la bicicletaEste pelotón está lleno de héroes…
Come on ? pic.twitter.com/0mmMUyiH8V
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) January 31, 2021
No es la subida más dura del mundo, pero sí la más genuina, la más ciclista (también motorista cuando la carretera está abierta)
Si nos pidieran cuatro puertos de ciclismo, así, de repente, sin margen de maniobra ¿qué diríais? Tourmalet y tres más.
Que el Ventoux por Simpson y el paisaje lunar, que si las revueltas de Alpe d´ Huez, que si la altitud del Galibier, que si los italianos, que si algún español…
Pero el Tourmalet el primero.
Es el puerto, como Pogacar el capo del Tour 2021, Castroviejo el gregario y Cavendish el velocista, eso es el Tourmalet.
Se aborda desde el Valle de Campan, viniendo del norte, llegando a Saint Marie y girar a la derecha por una ruta que rezuma historia.
Por donde suben hoy, bajó Indurain, abriendo un hueco letal hace treinta años, por donde bajan hoy, realizó aquella caza imposible de Rominger.
Seguimos por el Tourmalet, la cima de las cimas, la que excede el ciclismo, da nombre a bicicletas, genera jerga, y siembra de pasajes gloriosos este deporte. Pasajes que no siempre ha sido en subida, el descenso también contaba.
Vamos a por más… come on ? pic.twitter.com/GFROmdto7U— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) February 7, 2021
El giro en Saint Marie deja la famosa Tourmalet a la derecha, allí donde una escultura recuerda el ciclista que rompió la horquilla hace más de cien años, arranca entonces una ruta cómoda, siempre subiendo, mirando al cielo, valle arriba.
La carretera gana pendiente, lo hace progresivamente, mirar abajo te da la medida de lo que has ido escalando, y eso no es nada.
En una paella, el Tourmalet abre la caja de los truenos, los bosques pierden densidad, la montaña, verde, amable, se descubre, el ciclista aprecia los efectos de las rampas.
El gran parking a mitad de subida anuncia que esto está muy concurrido en invierno y también el día que el Tour tiene a bien circular por este lado del Tourmalet.
Dos tercios de subida consumidos, pensamos en los miles de gritos sordos que quedaron en el valle, fruto de la pasión de las mejores jornadas del Tour, son más de ciento diez años de idilio.
Se anuncia La Mongie, un serpenteo suave pero empinado, el tramo más duro de toda la subida, una especie de arco hacia el infierno: los últimos cuatro kilómetros del Tourmalet.
Aquí se pierde toda esperanza de abrigo, es el ciclista contra la montaña, riscos a ambos lados, una suerte de cierto que mece la caravana y le conduce, curva y contra curva, hasta la cima, donde Octave, en los meses de buen tiempo, pasa los días recibiendo ciclistas.
Es el Tourmalet, su presente con el Tour no es el más glorioso, pero cuando su nombre aparece en la ruta, quien más quien menos sonríe, sabe que es un sitio importante, posiblemente el puerto más famoso del mundo.







