Mikel landa
El bucle fatal de Mikel Landa
Las caídas marcan el periplo de Mikel Landa en Movistar
La caída es parte del contrato del ciclista.
Es importuna, dolorosa, y no avisa.
Llega azarosa, entra y sale de la vida del corredor sin patrón fijo.
Eso podríamos decir que es la teoría, pero cuando la caída forma parte habitual del paisaje, otras cosas emergen.
Y en esto que Mikel Landa se ha hecho asiduo a besar el suelo.

Nosotros no estábamos ahí, viendo lo que pasaba a quince de la primera meta de la Challenge de Mallorca, cuando Mikel Landa se fue al suelo.
Como no estábamos en el desenlace de la Clásica de San Sebastián.
Ni el pavé del Tour.
Pero desde nuestra posición, apreciamos que las caídas se suceden, y siempre en el momento clave.
Decía Mikel Landa hace unos meses que correr dos grandes “limpias”, sin problemas, era el objetivo.
Pero esa suerte se reserva a unos pocos y en momentos contados.
Él no es de esos ni le quedan momentos sin mala suerte.
Porque queremos pensar que es mala suerte y no un bucle propiciado por la reiteración de las caídas.
Mikel Landa no tiene continuidad, acude a sus objetivos diezmado y ello puede pesar en la moral.
Y también en la forma de saber circular en grupo, y no creer que un fantasma, una sombra invisible, se vaya a conjurar contra ti en el peor momento.
Mikel Landa empieza el año con la clavícula rota
Queda mucho tiempo para el Giro, una carrera que hace dos años perdió en una caída a puertas del Blockhaus, pero la muesca queda en la mente.
Y esos fantasmas de Roubaix, de San Sebastián, siguen vigentes, medio año después.
No sé si Mikel Landa debería mirarse en el epílogo de Alberto Contador, que tuvo tantas caídas como carreras que se planeaba disputar.
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El madrileño se llevó en los últimos años todas esas caídas que no aparecían en su época de esplendor.
Ya lo dijimos, las caídas son inoportunas, dolorosas y muchas veces fruto del azar.
Pero cuando se repiten cada poco…



