Ciclistas
El de Miguel Angel López es el triunfo de un escarabajo
Un triunfo como la Volta tiene que cambiar las miras de Miguel Ángel López
La Volta a Catalunya tuvo el cierre que todos queríamos para Miguel Angel López, aunque costó mucho conseguir.
El que llaman Supermán, porque no se dejó llevar una bicicleta frente a unos cacos, y es Supermán porque lo que está logrando no es pequeño.
Cada carrera, sea donde sea, si hay un colombiano en liza, hay alguien que les exhibe la bandera tricolor al otro lado de la valla.
Fiesta colombiana en #VoltaCatalunya pic.twitter.com/ZCcNIRntsE
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) March 31, 2019
La etapa final de la Volta a Catalunya fue un ejemplo claro de lo que es la vida de Miguel Ángel López.
Una carrera, una trayectoria hecha a contrapelo.
Pero siempre saliendo adelante, siempre emergiendo.
Miguel Ángel López es un “self made”, un ciclista hecho en la adversidad cuyo sino parece correr en el filo de todo.
No le pasa nada bueno que no tenga que currarse el doble que cualquier otro hijo de vecino.
En esta Volta, cualquiera que mirara la inscripción, que si Nairo, que si Bernal, que si Bardet, que si Valverde, cualquiera pensaría que la baza de Miguel Ángel López sería la quinta o sexta en cualquier quiniela.
Incluso pensaríamos pobre, va a contrapelo, cuando le vimos sufrir en Vallter 2000.
Peso esas cosas de la vida, cuando la oportunidad te viene, hay que cogerla, fuerte, muy fuerte y apretarla como si la vida te fuera en ello.
Sabrá Nairo si pudo colaborar con Bernal el día que pudo haberse sentenciado la carrera.
Nairo, como en Niza, lo intentó en la jornada final, con la misma fortuna, es decir, ninguna.
Pudieron o no, perdonaron o no, pero en el camino dejaron vivo uno de esos que nunca se rinde, que no conoce los límites.
Porque Miguel Angel López dio una vez en toda a carrera y fue suficiente.
En La Molina, allí donde no cabían historias, ni racanerías, Miguel Ángel López sedujo, como no podía ser de otra manera.
Y no sólo eso, la carrera por Montjuïc, un lugar tan místico como peligroso.
Ahí donde Bernal se dejó parte de su salud hace un año, ahí donde Barder, Soler y otros no pudieron acabar su Volta.
Miguel Angel López tuvo un bautismo de fuego donde otros sucumbieron
Una prueba en la que Nairo le puso a prueba de lejos y los hermanos Yates, posteriormente.
Durante varias vueltas, el liderato bailó en varias espaldas, pero López no vaciló, midió y corrió con la inteligencia que se le supone al cuarto ganador colombiano de la carrera, de Alvaro Mejía a Nairo, pasando por aquel discreto y excelente ciclista que fue Hernán Buenahora.
El de Miguel Ángel López es el triunfo de un escarabajo, de esos que rompen en las subidas y al que hay que llevar al filo para que no te la líe en la montaña.
Ganador del Tour Colombia, la Volta es el paso previo para que esos podios en Giro y Vuelta sean algo más para Miguel Ángel Lopez.
Un corredor que compite entre Nairo, Bernal, Gaviria y otros tantos pero que conquista corazones porque compite con lo que tiene, lo pone sobre la mesa y a correr.
Excepcional Supermán, grande y valiente y ahí está el resultado.
Un ciclista en base a momentos de todo tipo, un corredor cuya trayectoria preñada de caídas y accidentes le ha granjeado una simpatía inherente, porque como nos dijo nuestro compañero Camilo…
Sensaciones reales sobre la bicicleta eléctrica de Berria
No han sido pocas las veces que a Miguel Ángel López lo han comparado con Juan Mauricio Soler.
Ambos boyacenses, ambos grandes escaladores, ambos con una fuerza descomunal, ambos signados por la mala suerte.
A Soler alguna vez le contabilizaron más de treinta accidentes y caídas graves en su corta trayectoria, la última de esas caídas en aquella Vuelta a Suiza que lideraba camino de la victoria por poco le cuesta la vida y lo bajó para siempre de la bicicleta.
De Soler se dijo alguna vez que tantas caídas no podían ser coincidencia: tenía, supuestamente, un problema con los reflejos, lo que le impedía reaccionar a tiempo en medio de las carreras.
Miguel Ángel López, como Soler, es un prodigio consentido por la mala fortuna.






