Ciclismo
Vacío en el ciclocross sin Iserbyt ni Van der Haar
La despedida de Eli Iserbyt se produce por el colapso de su organismo
El ciclocross siempre se ha vendido como la esencia pura del ciclismo: corto, intenso, técnico y salvaje.
Sin embargo, las recientes noticias sobre Eli Iserbyt y Lars van der Haar nos obligan a mirar más allá del barro y las vallas.
Lo que vemos no es solo el fin de dos trayectorias deportivas; es el testimonio de cómo esta disciplina también termina por quemar a sus protagonistas hasta las cenizas.
El caso de Eli Iserbyt es, sencillamente, desgarrador.
Que un corredor de su calibre anuncie una retirada inmediata alegando que “médicamente ya no es aconsejable” seguir montando en bicicleta, es un síntoma que el deporte no puede ignorar.
Iserbyt no se va por falta de ganas o resultados; se va porque su organismo ha colapsado.
La exigencia de mantener picos de forma brutales bajo condiciones extremas ha pasado una factura irreversible.
En el ciclocross, el descanso es un lujo que el calendario no permite, y el cuerpo de Iserbyt ha puesto el candado antes de tiempo.
Por otro lado, Lars van der Haar, a sus 34 años, también ha puesto fecha de caducidad a su carrera al finalizar la temporada.
Aunque su salida parece más “programada”, el trasfondo es el mismo: el agotamiento mental y físico de quien lleva décadas peleando en la trinchera.
Van der Haar ha sido el estandarte de la consistencia, pero incluso el acero más templado acaba por fatigarse.
Su retirada marca el fin de una era y subraya una realidad incómoda: el ciclocross moderno ya no permite longevidades románticas.
La mezcla de estas dos historias nos deja un poso amargo.
El ciclocross se ha convertido en una disciplina que quema carreras a una velocidad pasmosa.
Me acuerdo de Niels Albert, otro “big thing”.
No hay espacio para la transición ni para la recuperación.
Entre la dictadura de los puntos UCI, los viajes constantes y la presión de un invierno que nunca da tregua, los corredores se ven empujados a un límite que, como hemos visto con Iserbyt, puede ser peligroso.
El barro es épico para el espectador, pero para el ciclista es una lija que desgasta la salud y la motivación.
Si el deporte no cuida a sus figuras, corremos el riesgo de que las parrillas de salida se conviertan en desfiles de jóvenes que arden rápido y desaparecen antes de llegar a su madurez.





Gustavo Velázquez
10 de enero, 2026 at 8:24
Éste hermoso deporte nuestro se ha convertido, como en la antigua Roma en devoradora de titanes….que tristeza!
Iban Vega
10 de enero, 2026 at 13:37
no deja de ser la metáfora de la vida