Ciclismo
Tour de Romandía y otras carreras prescindibles
Si el Tour de Romandía no se celebrara pocos se darían cuenta
Que si el percance de Rui Costa, que si la vuelta de Juan Ayuso… albergo la sensación, hace tiempo, que el Tour de Romandía es una carrera que se corre en una suerte de clandestinidad.
La tengo por ejemplo cada vez que veo la primera etapa de cada edición, generalmente una contrarreloj que se corre lejos, muy lejos del centro de las ciudades que entiendo pagan para acoger un evento internacional del máximo nivel en su deporte.
No me lo toméis mal, el recorrido, por esa carreterita recta, en medio del verde que tanto extrañamos en Barcelona y cercanías, paralela a un río, no era feo, pero todo rezumaba soledad y aislamiento, como si no hubiera sitio mejor para trazar la carrera.
El año pasado incluso recuerdo que se metieron como en un aeródromo, por cierto que la foto es de la crono inaugural del año pasado.
Yo no tengo nada contra el Tour de Romandía, ni contra las carreras que voy a citar en este artículo, pero cada año corro con la sensación de que, si no se celebraran, no creo que sucediera nada.
Si un año no vemos Roubaix o Flandes, o pasamos sin apreciar la Tirreno o el Dauphiné, seguro que el sabor sería un vacío casi irremediable.
Muchas veces me cuesta saber quién fue el último ganador del Tour de Romandía, una carrera con gran tradición, ciclistas como Stephen Roche figuran en lo más alto de su historia.
Reconozco que he debido comprobar que Alexander Vlasov fue el mejor hace un año.
A esta carrera le pesan varias cosas, en especial que nos pilla con las clásicas en la retina y por tanto el listón altísimo.
Hubo un tiempo que las estrellas del Giro se probaban aquí, pero ya ni eso.
Suiza, un país acomodado, modelo en muchas cosas, es hogar de dos vueltas del World Tour, además de esta de Romandía, la Vuelta a Suiza, en junio, no me parece un entorno amigable, a nivel de organización, para el ciclismo.
Y es una pena, pues mejores sitios existen para este deporte.
Tanto Romandía, como la Vuelta a Suiza, la cuarta grande para algunos, se han convertido en carreras comparsa, en medio de grandes eventos, como ejerciendo de involuntario enlace.
Me sucede algo similar con la Volta Catalunya, la carrera de mi casa que, salvo alguna excepción, se ha convertido en sota, caballo y rey roto por duelos como los de Roglic y Remco, este año.
Escarbando, la Vuelta a Polonia, en agosto, es otra que me genera una pereza importante, cosa que no me sucedía con el Eneco Tour, donde grandes nombres como Dumoulin, Wellens o Van der Poel han dejado buenas tardes.
Ahora bien, nada más surrealista que el cierre chino que el Tour de Guantxi realiza de cada temporada.
Irse allí, en octubre, con la mente en otras cosas…





