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Primoz Roglic

#Profiles2020 Todos miran a Primoz Roglic

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Prmoz Roglic
Tuvalum

Roglic parece la baza mas obvia del Jumbo Visma

Todo esto lo escribimos antes que Primoz Roglic se hiciera con el Tour de l´ Ain, capítulo primero de la rivalidad del año, entre un esloveno y un colombiano llamado Egan Bernal, entre dos equipos, Ineos y Jumbo que juegan al gato y al ratón.

Roglic ha cazado la pieza inicial, Tour de l´ Ain, pero todo está por escribir, todo… hasta saber si Jumbo Visma es el equipo que se hizo para batir a los hijos del Team Sky…

Hace cuatro años nos preguntábamos por aquel esloveno robótico que le discutió a Tom Dumoulin el prólogo del Giro, en su casa además, y a los pocos días Primoz Roglic ganaba una crono entre viñedos de Chianti.

Al año, el enésimo intento de Alberto Contador para ganar una etapa en su último Tour murió en el momento que Primoz Roglic voló Galibier arriba para estrenar su palmarés en la Grande Boucle en Serre Chevalier, allí donde Indurain y Rominger realizaran un histórico destrozo.

Quedó la duda de si Roglic iba a ir a más, y fue. 

Puso coto a Egan Bernal en un duelo áspero y silvestre en Romandía, cuando el fino colombiano no llevaba más que unas semanas en el máximo nivel y se plantó en el Tour para porfiar por el podio hasta la misma crono final, esa de Iparralde, en la que Froome se exprimió para subir, por última vez desde entonces, al podio de París.

 

Éste es Primoz Roglic, el saltador nórdico que cayó y creció en el ciclismo a la misma velocidad que dejaba atrás la gran rampa.

Ahora mismo en Jumbo el dilema es obvio, si hablamos del tridente de Ineos, el de los amarillos también va con guarnición de morbo.

Sobre el papel, a tenor de lo visto el año pasado, Primoz Roglic debe ser el capo de la apuesta neerlandesa por el Tour.

El esloveno venció sus miedos, dejó atrás un Giro que se le escapó por combustión de objetivos, había ganado mucho y muchos objetivos le llevaron asta él, pero en la Vuelta firmó una hoja limpia.

Recuerdo que le tacharon de serio, frío, seco, hasta distante, pero Roglic había ido a hace run trabajo y superó una caída inicial en la crono por equipos y el desastre del diluvio en Andorra para collar sus rivales en la crono y tenerlos a raya hasta el final, pasando por días tan complicados como esos de Guadalajara y Toledo que, en ausencia de su equipo, solventó con otras alianzas.

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Ganar la Vuelta no era cualquier cosa para Roglic, al margen de marcar su estreno en las grandes, era establecer jerarquía ante lo que sabía se avecinaba, el fichaje de Dumoulin y el podio que seguro Kruijswijk querrá defender en el Tour.

El arma más afilada del Jumbo Visma parece en este momento este esloveno que va por faena y se toma esto tan en serio que se permite gestos los justos.

Como su pose sobre la cabra Roglic sabe que este Tour es un antes y un después, por él, pero también por los rivales que no son pocos y le esperan.

L´ Étape Spain: Cicloturismo con el sello del Tour de France

Es el eslabón más sólido de una generación que por motivos varios parece descolocada por la chavalería que crece. 

En el Tour tiene un recorrido que mal no le va, por que es complicado encontrarle fisuras, sólo echaría en falta una crono antes de toda la montaña prevista, en ésta seguramente no desentone.

Si hubiera un top 3 al Tour, Roglic estaría en él, Bernal, también, el tercero no acertaríamos a verlo.

 

Imagen: FB de Giro de Italia

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Ciclismo

#Top2020 Primoz Roglic es el ciclista del año

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Tuvalum

El balance general del año no admite otro nombre que el de Roglic

Conviene separar grano de la paja, rascar un poco, no quedarse en el paisaje de La Planche des Belles Filles y sacar conclusiones de toda la campaña, las mismas que marcan, a nuestro juicio, Primoz Roglic como el mejor ciclista de la temporada.
Con la inercia del año anterior, estaba claro que Roglic no iba a ser un comparsa, lo que no teníamos claro es que iba a extender con tanta efectividad el dominio apuntalado hace un año.

Desde el primero de agosto, en el lejano Tour de l´ Ain, hasta el día de la despedida en Madrid, Roglic ha estado a todas

Y no fue sencillo, por que la historia del esloveno que vino de los saltos de esquí ha tenido momentos que le llevaron al punto más bajo que un profesional puede imaginar.
La Planche des Belles Filles es la imagen del año, roto, con el casco descolocado en el arco de meta, abatido en el asfalto, consolado por compañeros, con la fiesta de Pogacar ahí al lado…
Todo duro, muy duro, una estampa que entronca con una foto de Roglic, semanas antes en Dauphiné, también roto, esta vez por una caída, que le recordó la fragilidad de todo, fragilidad de la que él no está exento, como cuando en el Giro que parecía tener en la mano todo empezó a torcerse.
Pero Roglic es un tío muy duro, rocoso, sólido… cuando más bajo está, se sienta, mira al firme, recoge los pedacitos que quedan por el suelo, se rehace y vuelve a ponerse de pie.

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El golpe del Dauphiné llegó tras un dominio insultante, suyo y de los suyos, el del Tour, casi que lo mismo, de ambos saldría airoso.
Y lo vimos, en vivo y en directo.
Como nos decía el otro día Borja Cuadrado, en la charla que repasamos lo bueno y mejor del veinte veinte, todos esperábamos que Roglic fuera a menos, que había empezado a full, que iba a pagar a factura, que… pero ha estado perfecto, de inicio a fin.

¿Perfecto del todo?

Obviamente no, y le va a pesar, por que mucho nos tememos que si un día va a tener el Tour tan cerca, ese día ha podido pasar, pues a los que vienen, como Pogacar, se une la gestión interna de Jumbo Visma y la posibilidad de tener un equipo tan a su favor como en este Tour: en ese grupo hay otros egos que también quieren lo suyo.
Se lamenta Roglic de haber llevado a Pogacar en carroza hasta la crono final, un peligro que quizá no vimos, ni apreciaron en el cuadro amarillo, que se fue de las manos, en el peor día profesional del esloveno.
Pero ahí residió su grandeza, desde el segundo cero de su debacle, empezó su reconstrucción, la mirada en otros objetivos y metas.
Roglic ha estado en todos los pasajes trascendentes de la campaña, en agosto, en el Tour, entró en el corte bueno del mundial y ganó una de las mejores Lieja del nuevo siglo, una victoria que le define: hasta el final, nunca hay que rendirse.
Cuando comenzó a dominar la Vuelta, desde el mismo Arrate, la cosa pasó de castaño oscuro, tuvo dos momentos de debilidad, el del Formigal lo pudo salvar, el de La Covatilla, se lo enmendaron en Movistar.
Y así cuenta las campañas Roglic, por éxitos y registros anotadores que le ponen en la senda de los más grandes cuando lleva tan poco tiempo en esto, cuando ni siquiera ha quemado las etapas que Pogacar sí que ha consumido.

¿Qué le queda a Roglic?

Está claro que cualquier pensamiento pasa por el Tour, pero si una cosa ha demostrado es que su profesionalidad no se monopoliza ni se centra en tres semanas, todo lo que sea competir le motiva y todo lo que sea verle competir nos motiva… a todos.
Imagen: FB de La Vuelta

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Vuelta: Roglic vino llorado de casa

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Roglic Vuelta
Tuvalum

La segunda Vuelta de Roglic premia la profesionalidad de un ciclista excepcional

A grandes rasgos y para hacerlo sencillo, la segunda Vuelta de Primoz Roglic implica esto que leéis aquí abajo… 

Con dos victorias en la Vuelta a España, Roglic entra en la galería de los mejores de una de las tres grandes, su nombre figura entre suizos como Zulle y Rominger, leyendas patrias del calibre de Fuente, Contador, Perico y Berrendero y estrellas de siempre del tipo Hinault y Froome.

Ahí, ahora, en esa mesa come Roglic, con esa gente y esas leyendas.

Un marco que sirve para ubicar lo que ha hecho Primoz Roglic ganando esta Vuelta.

 

Aunque más allá de las cifras, de la historia, nos quedamos con la carrera ejecutada por quien consideramos que es ahora mismo el mejor ciclista del mundo.

Llegó a Arrate con el convencimiento propio de ganar, aunque muchos no lo tuviéramos claro del todo.

Día a día fue consumiendo etapas y retos, cada vez que sondeábamos un mal momento volvían los fantasmas, más este año y con lo que le sucedió en el Tour.

En Formigal quisimos pensar que la chaquetilla era un motivo que escondía otras cosas, como que Carapaz le iba a ir limando hasta quitarle el rojo, en el Angliru, gestionó un mal momento del que salió vivo por saber mantener la misma calma que le salvó en La Covatilla.

En los tres sitios, Roglic pasó la prueba del algodón, éxitos parciales cuya suma dio con el rojo bajo el ayuntamiento madrileño, sacando petróleo de cada mal momento, construyendo un imperio de las cenizas morales que quedaron de aquella tarde en La Panche des Belles Filles.

Cruz 400×400

 

Todo eso remando y remando, sin perdonar en cada llegada que se cruzó en su camino, pues sabía que las bonificaciones, que están ahí y están para todos, podían tener la llave de un éxito que sin duda se ganó a puso.

Primoz Roglic nos ha dado una lección, una lección de vida, de encajar golpes que son demoledores, rehacerse y volver a lo alto, con el brillo justo que necesita cada momento, sin estridencias, siendo certero en cada cosa que hace y alargando un estado dulce que se ha prolongado durante el largo y ancho de esta temporada de urgencia que se ha montado en los albores del otoño.

En un ciclismo de críos y jóvenes que no entienden de plazos, Roglic resiste, y la Vuelta es su fortín.

 

No entiende de ponerse un dorsal sin honrarlo y competir, a su manera, con su librillo, pero competir y sacar lo mejor en el momento que había que exhibirlo.

Un ciclista que es un regalo, al que hay que agradecer la sublimación que hace de su profesión y lo bien que habla de su grandeza cada vez que monta una bicicleta.

La guinda de 2020 la ha puesto él.

Imagen: FB de La Vuelta 

 

 

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Esta Vuelta no se merecía un plante de los corredores

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Tuvalum

Un plante de corredores no es el premio que se ha ganado esta suerte de milagro llamado Vuelta a España

El otro día, cuando Javier Guillén explicaba porqué la Vuelta 2020 no iba al Tourmalet, nos quedamos con cara de pasmo al ver ese semblante roto, sombrío y cansado con el que hablaba a la cámara.

Sacar esta Vuelta a España en medio de un país que se confina un poco más cada día que pasa es una suerte de milagro que quizá un día necesite un libro, uno de esos bien escritos, que cuente con pelos y señales lo que implica dar luz en medio de esta pesadilla, y poner más de 150 ciclistas cada día en la carretera para hacernos un poco más felices.

Y es que como Javier Guillén nos dijo hace unos meses: «Que haya Vuelta, será síntoma de que estamos más cerca de nuestra ansiada normalidad»

 

Muchas veces estamos con los ciclistas, pensando que algunas de sus reivindicaciones son justas, que muchas veces no se les tiene como la parte importante de este circo, cuando son lo que todos vemos y disfrutamos, más allá de lo que pase en la rebotica.

Que se quejen cuando les asiste la razón, lo podemos entender, aunque todos los años que llevamos siguiendo este bendito deporte, sabemos que la unanimidad en la protesta nunca se ha dado, ni siquiera para dar unidad en temas tan delicados como dopaje y seguridad, cada uno es de su padre y su padre y no le pidas sacrificar una cuota personal por un beneficio colectivo.

Recuerdo unas palabras de Carlos Sastre: «Somos muchos y cada uno con sus circunstancias y su sueldo».

Pues eso.

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Tanto en la Vuelta como en el Giro, hace una semana, el pelotón se ha plantado ante el organizador.

En Italia, consiguieron recortar más de cien kilómetros en una jornada maratoniana en la previa de Sestriere, provocando un justificado cabreo del organizador, quien por cierto no se olvida de los instigadores y pide castigo.

En España, todo tiene que ver por los segundos y el criterio para aplicarlos en meta, un tema ajeno a la organización pues corresponde a los árbitros el meollo de la decisión.

Y en medio de todo el organizador que ha hecho milagros para sacar su evento adelante entre medidas de excepción alrededor, conviviendo con la amenaza invisible que alguien rompa la burbuja y la Covid entre en la carrera.

Por que con la emoción del Angliru y los nervios de Farrapona, se nos olvida que alrededor de la carrera hay un país bajo mínimos.

 

Por eso no podemos entender que los corredores planteen si siquiera una queja a unas personas que seguramente hayan dejado buenas horas de sueño para que esto salga, y sí, ya sé que es su trabajo, pero cuando éste es bueno, hay que admitirlo.

La Vuelta no es cosa de cuatro días, hay una preparación previa que en las circunstancias actuales habrá sido un camino cargado de curvas y trampas.

Y si no, permitidnos recuperar este trozo de conversación con Carlos de Andrés sobre la preparación televisiva, sólo televisiva, de la carrera y la minuciosidad con la que se hace…

Sobre la Vuelta a España ¿cuándo empezáis a montar el dispositivo?

«En octubre del año anterior»

Es decir, a menos de un mes de haber acabado la última edición…

«Así es. La gente no es consciente de lo que implica, es que llegamos a programar el horario de repostaje de los helicópteros y dónde hacerlo. Posicionar todos los elementos que intervienen en una retransmisión no son diez minutos, hay una labor ingente. En cada etapa tenemos a gente situando antenas por los montes para que la señal sea perfecta, ese es el nivel de exigencia, somos uno grupo de unas setenta personas que incluye hasta pilotos de avión. Y todo eso con un presupuesto que hay que manejar»

Entiendo que Javier Guillén os consulta cada final de etapa complicado

«Desde luego que sí, antes de plantear cualquier final, nos llama. Nosotros debíamos bajar un camión de 4000 kilos por un sitio como Machucos, pero nuestro técnico se negó y situamos todo en la Peña Cabarga. Todo eso es así. Podría llegar a decir que en la Vuelta, el más prescindible soy yo si lo que queremos es tener imágenes. Recuerdo una vez que me vino Paco Giner -director técnico de la Vuelta- y me dice que han preparado una salida muy bonita. Tuve que responderle que si no se ve, que si la gente no lo ve, es como si no existiera. Si cada día damos unos sesenta kilómetros de etapa, tenemos que tener aliciente suficiente como para que pase algo, que haya algo que tenga a la gente atenta. Y es así un día y otro hasta las 21 etapas que dura la Vuelta»

Imagen: FB La Vuelta 

 

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Vuelta: La prueba del algodón de Roglic está en Asturias

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Roglic Vuelta Asturias
Tuvalum

Roglic aterriza en Asturias con el rojo de la Vuelta e intimidando a la concurrencia

Adivinamos una cruz tatuada en el antebrazo derecho de Primoz Roglic, una cruz que le conecta con la tierra en la que, como el año pasado, se ha de jugar la suerte de la que puede ser su segunda Vuelta a España: Asturias.

El esloveno está que se sale, pocos dudamos ya que ha venido a por la Vuelta, no dudamos ahora, si bien el martes a estas horas quizá no teníamos tal certeza.

Estábamos ante la creencia que Roglic alargaba su estado de dulce en la Vuelta con el objetivo de engordar un palmarés bien cebado, pero no, Roglic, a las puertas de Asturias vuelve a liderar la carrera.

Ha completado en Suances el trabajo iniciado en Moncalvillo, la reconquista del rojo en vísperas de Asturias, Roglic va a por la Vuelta.

 

Ahora viene la prueba del algodón.

¿Qué tablero se dispone en Asturias?

Por delante dos etapas que suman 270 kilómetros, 170 + 100, y dos perfiles de jornada diferentes y complementarios.

Camino de la Farrapona el clásico encadenado asturiano, con limas del calibre de Cobertoria y San Lorenzo y el final mirando al cielo.

El domingo, el Angliru, qué decir, con su entremés del Cordal en una etapa que cabría en una vuelta de juveniles, sólo cien kilómetros.

No dan lluvia, buen dato para Roglic y curioso para esta Vuelta de los santos, en las entrañas de Asturias: en todo caso nublado y fresquito.

Que no tarden en llegar, que se les pone el sol, menos mal que estamos en el occidente de la península.

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Este es el tablero, las fichas ya las conocemos.

Si el domingo quizá se incurra en el cuerpo a cuerpo, la travesía a la Farrapona necesitará de los equipos pues no es cualquier cosa lo que se exige.

Ni Roglic ni Carapaz tienen los bloques del Tour, pero en todo caso no son mancos los que quedan, sobre todo para el primero, con trotones del tipo Kuss, Gesink y Bennett, ahora veremos si extrañan la salida de Dumoulin.

Carapaz no tiene agua clara en el equipo, aún no sabemos muy bien qué rol de desempeña o ha venido a desempeñar Iván Sosa, Froome está en modo trabajador, pero da para lo que da mientras que Van Baarle y Amador pueden no dar abasto.

La Ibiza Titanium por la ciudad: una bicicleta eléctrica para toda la vida

Hugh Carthy calladito sigue ahí, en menos de un minuto, con un bloque con un sentido de lo colectivo que podría auparle a dar la sorpresa, si bien todos miramos a Movistar, en un momento que pueden resolver todos los sinsabores de una campaña en la que el confinamiento les ha pasado una factura muy extensa, partiendo de la base que ese tristísimo paréntesis fue para todos igual.

Marc Soler y Alejandro Valverde ahora mismo son aún útiles en el meneo de la general, quizá tras la crono ya pierdan efecto, por eso meterles con compañía azul en una escapada es imperioso.

Todo lo que sea para que Enric Mas no llegué con Roglic y Carapaz al final, incluso diría más para que Roglic no llegue con ninguno de ellos, por que el propio Carapaz ya sabe cómo se las gasta el esloveno en los esfuerzos finales, y Roglic es consciente de lo que significa dejar a alguien con vida hasta muy al final.

En fin que entre los mentados para que anda el juego antes de una tercera semana que vemos lejana, quizá con no mucha dificultad pero una incertidumbre que llega poco a poco, el tiempo típico de noviembre y en Galicia.

Por eso todo lo que sea adelantar faena, no pesará al final.

Imangen: Cor Vos – Jumbo Visma

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Primoz Roglic sí que está para ganar la Vuelta

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Tuvalum

Roglic no ha llegado a esta altura de la Vuelta para perderla

Dijimos ayer que no nos convencía Primoz Roglic para la Vuelta, obviamente nos equivocamos.

Llevados por el tute que arrastra, la decepción del Tour, aliñado por la baja de Dumoulin, que obviamente es importante… no creíamos en las mejores opciones para Primoz Roglic.

Todo ello añadido a que Richard Carapaz en Formigal nos pareció un gigante, que no está mal pertrechado, que llega, sobre el papel, más descansado que Roglic…

Pues no, Moncalvillo, la segunda subida más dura de esta Vuelta, dice, ha sido una prueba del algodón que pone al esloveno en órbita para su segunda Vuelta.

Ciclismo en el norte de Gran Canaria, un viaje al fin del mundo

No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.

El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.

Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.

A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

 

¿Qué queda más?

A lo que hagan Carthy-Woods, le sigue Movistar, que corre con lo que tiene y esa es la realidad, por muy cruda que parezca.

Movistar hizo la aproximación en Moncalvillo, llevó la carrera a su conveniencia e hizo un trabajo que se le podría criticar, pero que ha sido valiente, como las actitudes de Valverde y Soler en etapas atrás que tanto alabamos.

Es obvio que Enric Mas no está al nivel de Roglic y Carapaz, pero es previsible que crezca en la tercera semana, cosa que vemos en cada grande que disputa, lo mismo que a Movistar le queda minar el camino hasta cara cumbre, hasta cada descenso, hasta queda meta.

Necesitan sus ocho corredores y en especial a Valverde y Soler para incordiar y buscar las debilidades que todos los equipos siempre tienen en la Vuelta.

Por que aquí vienen en forma, pero no en la mejor, como en el Tour y eso al final lo agradece el espectador.

Imagen: FB La Vuelta

-escrito el 27 de octubre-

Las sensaciones de Roglic en la Vuelta no parecen las mejores

La Vuelta 2020 sigue su trazado por el norte con el doble paso por un mítico de los setenta, como Orduña, y sin Roglic vestido de rojo.

Con las grandes disputándose en otoño, una prenda de vestir ha ganado protagonismo: el chubasquero.

Si en la coronilla del Stelvio, Jai Hindley nos enfiló el nudo de la corbata con sus problemas para ponerse el chubasquero antes de la bajada, en el final de Formigal, esa nevera de dos grados y lloviendo, también se apreciaron los problemas de Primoz Roglic y su chubasquero, al punto que el esloveno ya no es el rojo de la Vuelta.

 

 

Lo cierto es que, incluso tras ganar en Arrate, la eterna espada de Damocles con la que convive Roglic -¿aguantará las tres semanas?-  nunca ha desaparecido del todo.

El Jumbo Visma viene con muy buen equipo a la Vuelta, pero es obvio que no caminan como en el Tour de Francia, mantener los estados de forma que lucían Dumoulin, Kuss, Gesink y Bennett en Francia no es sencillo, ni siquiera en esta complicada campaña, donde todo está tan comprimido y por tanto resulta intenso.

Pero es que creo que Roglic tampoco es el del Tour, no me parece el corredor que dominó casi las tres semanas, a excepción de la crono final.

Ganó en Arrate, como decimos y vistió el rojo cinco días, pero al esloveno la Vuelta se le puede hacer larga.

Poca broma por que entre que arrancó el nuevo ciclo y las etapas finales de la Vuelta, ya en noviembre, habrán pasado casi tres meses en los que Roglic ha estado delante.

El año pasado, tras el Giro, Roglic desapareció entre junio y agosto para preparar y ganar la Vuelta sin fisuras, aunque con sustos, desde la caída en el aguacero de Andorra, a las jornadas de abanicos y la caída camino de Toledo en la que Movistar armó aquel zafarrancho.

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La presión que lleva Roglic, el cansancio, incluso la gestión del varapalo del Tour, no es sencillo mantener el tono, más cuando la carrera se corre de forma casi clandestina, esto a algunos corredores les afecta, y con un tiempo de perros, como corresponde para los Santos.

La cabeza juega un papel determinante.

La sensación de que Richard Carapaz va a ir a más, de que Enric Mas debería seguir por esa senda, más la cantidad de buenos corredores que están por ahí metidos sin que el control que se ejerció en el Tour se plasme en la Vuelta, creo que son muchas incertidumbres en la mente de un corredor que, y nos repetimos en ello, nos parece admirable solo por concurrir con el dorsal uno en la espalda y disputar la carrera.

Sin embargo, las sensaciones de solidez en las que se suele mover Roglic, cuando ganó la Vuelta el año pasado o dominó parte del Giro de 2019 o del Tour de 2020, no me parecen las mismas que las que transmite este año.

Al esloveno, también le pasan factura las palizas que lleva en el cuerpo y en la carrera que nos ocupa, hay una diaria.

Imagen: FB La Vuelta

 

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Vuelta: Roglic no concede el rojo

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Primoz Roglic Vuelta JoanSeguidor
Tuvalum

Roglic no suelta el rojo de la Vuelta ni en el aranque

Ya ha arrancando la Vuelta de octubre y Roglic sigue de rojo.

Cualquiera que estuviera en la piel de Roglic hace unas semanas, aquella tarde de septiembre, en la Planche des Belles Filles, hubiera cogido su bicicleta y la tiraría ladera abajo, sin querer saber de ella en mucho tiempo.

Pero no lo hizo, no se descolgó de ella, siguió a lo suyo, prosiguió en el Mundial, ganó esa Lieja de final surrealista y confirmó su presencia en la Vuelta, en lo que consideramos en su día un ejemplo de profesionalidad que necesariamente había que reconocer.

 

El arranque de la Vuelta ha sido en martes, a finales de octubre, con hojas muertas y asfalto húmedo, cuando no mojado, entre Irún y Arrate.

Una etapa de montaña para abrir una carrera que cuando se programó no se sabía que iba a ser en estas fechas, por que de lo contrario, el norte debería haber sido el epicentro del trazado, pero es lo que hay, es lo comprometido y este atracón de montaña y emboscadas hay que cumplirlo, incluso con la meteorología de la «España verde» en otoño.

En fin que en Arrate hubo imágenes familiares, Jumbos en el grupo de cabeza, entre los perseguidores, también por detrás.

Sep Kuss hizo la selección, ahí aguantaron los que creemos serán protagonistas de la carrera, nos dan buena impresión Richard Carapaz y Enric Mas, junto a los que puedan unirse por detrás.

También aguantaba Primoz Roglic quien se relamía en cada kilómetro que se culminaba sin novedad.

Sin Pogacar para porfiarle la llegada, era el gran favorito y cumplió: once meses después de vestirse de rojo en Madrid, no suelta la prenda.

Veremos qué sucede de aquí a Madrid, con el firme deseo de que esto que empieza ahora, logre llegar a buen puerto, otra cosa es que a Roglic le cunda hasta el final.

No es la primera vez que golpea primero y la cosa se le atraganta, como decían los gitanos «preferimos buenos finales a mejores inicios».

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-escrito el 19 de octubre-

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

 

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Todos fuimos Roglic en Lieja

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Roglic Lieja
Tuvalum

La Lieja demuestra que Roglic nunca baja los brazos

Personaje curioso este Primoz Roglic, un saltador en deportes de invierno que se ha ganado un sitio en la elite mundial del ciclismo con una alquimia de discreción, trabajo y determinación que no nos pueden dejar indiferentes.

Frío, en apariencia, le reprocharon el año pasado por estas fechas que no fuera más accesible en las etapas de la Vuelta a España, ya sabemos, aquí somos muy de palabras, gestos y tocar, nos gustan los líderes cercanos, y creemos que querer más a nuestro ídolo si éste es de carne y hueso y humano, cuando nuestra única vara de medir debería ser el desempeño en la carretera.

Y ahí Primoz Roglic es un metrónomo, una máquina perfectamente engrasada para ganar y engordar un palmarés que arrancó tardío, por su incorporación al ciclismo, pero que gana puntos y adeptos, y otra cosa, el cariño de la gente que le gusta el buen ciclismo.

 

Primoz Roglic aplicó en Lieja la misma ciencia que le hizo perder el Tour de Francia, en ciclismo como en la vida, nada se da por hecho hasta que se cruza el umbral de la meta.

Lo aplicó en sprint a cuatro, Mohoric fue convidado de piedra, en el que, según todos, era el más lento.

Sin embargo, no dejó que el pronóstico se impusiera ni quiso ser ajeno a la fiesta: hay muchas maneras de ganar, una por combustión, cuando te impones por ser sencillamente superior a tus rivales, otra por convicción, cuando nunca bajas los brazos, ni siquiera cuando todo parece perdido sobre el papel.

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Roglic no dio nada perdido y sprintó como si le fuera la vida, como la suerte le reservara un partido de vuelta a ese revés de La Planche des Belles Filles, cuando cayó desplomado y roto, con una seguridad que había perdido el Tour de Francia a 24 horas de llegar a París.

Claro, que cuando no cejas en el empeño, corres el riesgo, el feliz riesgo, que todo se alinee y eso ocurrió.

El nervioso Alaphilippe se cargó las opciones de Hirschi y Pogacar por la ley de la carambola, con su bandazo se cargó al suizo y por ende al esloveno, que progresaba por afuera.

Luego levantó los brazos muy pronto, demasiado, lo suficiente para que Roglic le adelantara por la derecha.

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Y así Primoz Roglic volvió a sonreír, con la misma grandeza que encajó la derrota de Francia, una Lieja no compensa un Tour, pero hace más llevadero el trago.

Y el mundo del ciclismo celebró la fortuna de un corredor que todos veíamos de amarillo en París: si Pogacar ganó el Tour de Roglic, podríamos decir que éste se llevó la Lieja de Hirschi, sobre el papel el más fuerte en esa recta que nos ha deparado más emociones que varias llegadas al muro de Ans.

Y así el frío Roglic amasa y amasa un palmarés que le sitúa allí donde sus piernas le llevan.

No sé si volverá a tener un Tour tan a huevo, y con ese equipo a su merced, pero que le quiten lo bailado, por el camino, Primoz Roglic consigue allanar la estadística a su favor, y ésta dice que estamos ante uno de los mejores corredores de los últimos años, un ciclista hecho a sí mismo, cincelado en tiempo récord y en la cumbre del ciclismo sin techo aparente.

Y tomemos nota para el futuro, él seguirá haciendo la suya, como en Lieja, Roglic remará y remará con el objetivo que un día el Tour sea suyo, sin importar qué o quiénes puedan surgir en el futuro, sin importarle que esos jóvenes vienen a por todo y ya, él dará siempre el último golpe de riñón, como en la decana, sabiendo que, cuando no se desiste, a veces los astros se alinean.

Imagen: @JumboVismaRoad

 

 

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