Ciclismo
¿Por qué es bueno que Pogacar pierda… a veces?
El ciclismo necesita una igualdad que Pogacar a veces le niega
La temporada, y en especial esta primavera, que Tadej Pogacar había planteado, apuntaba a ser histórica: una de récords, de romper estadísticas, de devolver al ciclismo al nivel de los mejores de todos los tiempos.
Nos ha hecho revivir sensaciones olvidadas, trayéndonos al presente al mejor ciclista que han visto nuestros ojos.
Una evidencia tan empírica como lo reflejan las estadísticas del propio esloveno.
Sin embargo, el ciclismo a veces se rebela de formas insospechadas y le reserva rivales que, como ocurrió en la Amstel, no bajan los brazos ni cuando todo parece decidido.
Ganó Mattias Skjelmose, pero nadie duda de que la esencia de esa persecución la llevó en persona Remco Evenepoel.
Sin arrugarse, olvidando Lombardía, el pasado Tour de Francia… jugó en grande, enfrentándose cara a cara con el gran favorito y neutralizándolo.
Cuando Pogacar encuentra rivales, el espectáculo es simplemente delicioso. Y, por suerte, esta vez los ha encontrado.
Ganador en Flandes y Strade Bianche, en el resto de grandes clásicas que ha disputado esta primavera ha subido al podio, pero no al primer escalón.
Una primavera con pleno de victorias para Pogacar habría sido paralizante para el ciclismo, para la emoción, para sus rivales.
¡Qué semanas de carreras!
Cada una mejor que la anterior. Surgidas desde las entrañas de una generación que crece a base de riesgo y coraje, que no mira el apellido del que ataca, porque lo único que busca es la victoria.
La persecución a Pogacar en el desenlace de la Amstel conecta con San Remo y Roubaix, con las neutralizaciones a Van der Poel, y refuerza esa idea que mencionábamos hace unos días: Pogacar necesita rivales.
Y es una contradicción, porque al esloveno se le admira por su carisma, su forma de correr y su valentía, pero eso no impide que, a veces, deseemos que pierda… para alimentar a la bestia, para avivar aún más su sed de victoria.
Lo que antes eran unas Árdenas de bajón, hoy es una prolongación brillante de la campaña de clásicas adoquinadas.
Sigamos disfrutando del espectáculo.








