Ciclistas
Pinarello e Ineos, cuánto ha llovido
Comentar que Pinarello e Ineos es un pacto que nació con una maglia nera
De una “maglia nera” nació una de las historias más gloriosas del ciclismo moderno.
Giovanni Pinarello, aquel corredor del Véneto que cerró el Giro de 1951 en última posición, recibió unas pocas liras por el “honor” de ser el farolillo rojo.
Ese dinero fue el germen de una leyenda: la apertura de su primer taller en Treviso.
De allí, del olor a acero y limaduras, nació Pinarello.
Una firma que, con los años, se convertiría en sinónimo de elegancia italiana, innovación y victorias.
Primero con el Mainetti, luego con Perico Delgado y su Pinarello roja en el Tour del 88, y más tarde con Miguel Indurain, quien escribió historia sobre aquella joya llamada “Espada”. Después vinieron Ullrich, Riis, Vinokourov… y los podios teñidos de rosa y amarillo.
Hoy, casi setenta años después de aquel Giro, la saga continúa. Ineos Grenadiers —heredero del Team Sky— y Pinarello han renovado su unión por tres años más, hasta 2028. Una alianza que nació en 2010 y que ha cambiado la forma de entender el rendimiento sobre dos ruedas. De esa colaboración han salido Tour de Francia, Giros, Vueltas, clásicas monumento y récords de la hora.
Dave Brailsford lo define como algo más que un acuerdo comercial: “Lo que nos une es la obsesión por el detalle y la búsqueda de la perfección”. Fausto Pinarello, hijo de Giovanni, lo resume con naturalidad: “Es una relación que va más allá del patrocinio. Nos conocemos, compartimos ideas y empujamos la tecnología hasta el límite”.
Y mientras el rumor de que Tom Pidcock pueda correr también en carretera con Pinarello crece —con el vínculo entre Ineos, Q36.5 y el empresario Ivan Glasenberg—, la marca sigue tejiendo su destino entre tradición y modernidad.
Desde aquella “maglia nera” hasta los Dogma F de fibra y viento, Pinarello no ha dejado de innovar, de mirar al frente sin olvidar el pasado.
En Treviso, en lo alto de la tienda familiar, la prenda negra sigue colgada, recordando que incluso los últimos pueden cambiar la historia.
Porque, a veces, el ciclismo se escribe con orgullo, acero, sudor… y una pizca de rebeldía italiana.
Imagen: Unipublic/SprintCyclingAgency







César
20 de octubre, 2025 at 20:43
Lo de Pinarello y Abarca si que era una buena historia, de principios de los 80 con el paréntesis del 90 y 91 por el tema de Banesto y sus bicis blancas hasta 2013. Los últimos años hubo rumores de cambio a Look, pero el detonante parece ser que fue que durante el último Tour tenían preparada una bolide de Movistar y Sky se quejó y no pudieron sacarla.