Ciclistas
Mundial: Pogačar, el dueño de todo
El segundo mundial de Pogačar se parece mucho al primero
Otra vez lo hizo. Y otra vez, como le gusta a él: solo, lejos, sin mirar atrás. En Kigali, Ruanda, Tadej Pogačar no solo ganó su segundo Mundial de ruta, también volvió a dejar claro que está uno o dos escalones por encima del resto.
Lo suyo ya no es dominio, es otra cosa. Es casi abuso.
El esloveno reventó la carrera a 105 kilómetros de meta.
Sí, ciento cinco, escrito con letras para que no haya duda.
Nadie ataca tan lejos y llega.
Nadie, menos él.
Primero con Ayuso y Del Toro, en un trío que parecía salido de una peli de ciclismo romántico.
Pero esto es la vida real, y aquí la flojedad y los problemas estomacales mandan: Ayuso fuera, Del Toro fundido… y Pogacar, solo contra el mundo.
¿Resultado? Victoria con más de un minuto de ventaja.
Por detrás, el de siempre: Remco Evenepoel, que nunca se rinde. Pinchazos, mecánicas, dramas. Pero ahí lo tienes, segundo.
Y tercero, el valiente de Ben Healy, que se sacó el bronce como quien roba un caramelo en la última subida.
Pero volvamos al protagonista.
Porque lo de Pogačar ya es otra cosa. Cuarto Tour de Francia, segundo Mundial, y ahora esto, en el recorrido más duro que se recuerda en un Mundial.
Subidas matadoras, calor, tensión… y él va y arranca como si estuviera en su patio trasero.
Le preguntaron por qué tan lejos, por qué tan pronto. Y con esa media sonrisa dijo: “El recorrido estaba diseñado para esto”.
Todos los recorridos le favorecen… salvo San Remo.
Claro, como si fuera tan fácil. Lo cierto es que lo que para él es una “combinación perfecta”, para el resto fue una sentencia.
Dice que dudó, que sufrió.
Que las bajadas también eran criminales y que las fuerzas se le acababan. Pero aguantó. Porque si hay algo que tiene este tipo es cabeza, además de piernas. Mucha cabeza.
Y al final, tras cruzar la línea, ni gritos ni aspavientos.
Solo un: “Fue una semana exitosa.” Como si no acabara de escribir otra página en el libro del ciclismo grande.
Pogačar no corre carreras, las transforma.
Y mientras el mundo sigue buscando al “mejor de la historia”, él ya va escribiendo su nombre en esa lista… con tinta permanente.
Imagen: UCI






