Marc Soler
El Marc Soler de Romandía es un ciclista que cotiza
Las victorias como la de Romandía de Marc Soler quedan para siempre
El sabor del frío en bicicleta es la hostilidad total, tu cuerpo se hace torpe, las extremidades en luz roja, los reflejos decaen, caminas sobre pies de barro y la lluvia hace el resto: en este contexto ha ganado Marc Soler su etapa en el Tour de Romandía.
Decían en la retransmisión de Eurosport que se esperaba nieve en el final de etapa, pero no fue nieve lo que cayó, cuando Stephan Küng y el líder Rohan Dennis, caminaban heridos hacia meta, cuando la nieblilla disimulaba el aguacero que estaba descargando, a unos diez de meta emergió la mejor versión de Marc Soler, en Romandía, a una semana de Giro de Italia.
Una victoria sin paliativos, la primera del Movistar en el World Tour, un Movistar que cuando se acerca a Italia en mayo parece que carbura y funciona como extrañamos el resto del año, pues el ataque de Soler no era improvisado, no al menos a nuestra vista: se trabajó y lanzó en el momento justo.
Los azules esta vez dieron en la diana.
Luego está el catalán, un ciclista al que no podemos más que tener aprecio, por lo próximo que le hemos tenido siempre.
Es increíble como un chaval tímido y cortado en apariencia puede despertar tantas pasiones y dividir tanto a la gente.
Cuando Marc Soler cruzó la meta de Romandía mandando callar a la concurrencia, se marcaron las posturas.
A favor y en contra.
No seríamos coherentes si dijéramos que nos parece bien, estos gestos se los hemos visto a veces a otros corredores -Evenepoel de otra manera en Burgos- y los criticamos, pero en el poso de ese “mandar callar” había un descargo de razones.
Yo no sé si el aficionado medio ciclista, con el que me identifico, es consciente de que si a muchas veces no se da más es por que sencillamente no se puede o no queda.
Marc Soler disparó todas las expectativas aquella tarde, también lluviosa y desapacible, camino de Niza, ganando la carrera hacia el sol
Aquella fue victoria marca de la casa, ataque lejos de meta, cargando todo el peso sobre sus espaldas y poniendo patas arriba una carrera que, recuerdo, comandaba unos de los Yates, como en el Tour del Porvenir de unos años antes.
Ese día muchos pensaron que Marc Soler era el nuevo ganador español de grandes vueltas, su corpulencia llevaba a comparaciones golosas, pero injustas, por lo que implica de peso sobre el corredor.
Desde entonces Soler, ese mocetón alto de Vilanova, ha dividido las opiniones de uno y otro lado.
Gestos como una vez llegando a Niza, escapado con De la Cruz y Contador, o aquel de Andorra, mosqueado por tener que esperar a Nairo -aquel día supimos del carácter de Pablo Lastras- le han puesto en el disparadero.
Pero nos gusta, un ciclista tiene que tener carácter, tiene que tener sangre, éste rebosa, es volcánico, maltrata la bicicleta, da unos pisotones sobre los pedales que mete miedo y encima manda callar a la gente, pues no piensa como ellos.
Son humanos, leen las redes sociales, están al corriente de todo, se le podrá criticar un gesto que no nos apasiona, pero jamás que pueda o no ganar una grande.
Para nada me parece que marcar este tipo de objetivos signifique un paso atrás en las expectativas sobre Marc Soler, todo lo contrario. Este perfil de ciclista cotiza tanto o más que el habitual en Top 10 de Gran Vuelta.
— Andrés Cánovas (@andrescanovas) April 30, 2021
Un servidor nunca le ha visto para una grande, y lo admito con la misma sinceridad que mostraré si en el Giro que empieza en una semana, nos manda callar con hechos en la carretera.
Qué ciclista es Marc Soler cuando le dan rienda #TDR2021
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) April 30, 2021
Entre tanto, me reitero, cuando a este corredor se le da rienda, metros por delante y un objetivo claro y a corto plazo es demoledor, un lujo, uno de esos que se hace querer y cotiza en el corazón de la gente.
Esta victoria de Marc Soler en Romandía es memorable, y lo es más en una competición que estaba resultando infumable.
Imagen: @apiedepuerto





