En las tardes del Tour, Luis Ocaña fue un guía excelente en la radio
Recuerdo una entrevista de Carlos Arribas cuando escribió el libro sobre Luis Ocaña, hace unos diez años, más o menos, en la que hablaba del genio conquense como una persona compleja de carácter, excepcional ciclista, pero complicado director que no acabó de estar satisfecho de llevar un coche en carrera.
Le describía pasional, pero sincero y directo, y en especial orgulloso, a diferencia de Bahamontes, de que otros españoles lograran triunfar en el Tour, algo que recuerdo con nitidez las veces que le escuché en la radio.
Siempre he tenido en alta estima, Luis Ocaña y fue por su paso por la radio.
Yo no lo vi correr, pero sí he hablado con gente que lo vio y lo trato hasta en la intimidad.
Para muchos fue el mejor ciclista de la historia de España, pese a que su palmarés sea menor al de Miguel Indurain.
Fue lo más similar a Eddy Merckx que ha tenido España.
Conquense en Francia y francés de Cuenca,
Luis fue el mejor comentarista de ciclismo que un servidor ha escuchado en la radio.
En las ondas de la entonces operativa Antena 3 Radio narraba la carrera la voz de
Javier Ares y la engalanaba Luis Ocaña.
Fueron los primeros Tours de Miguel Indurain.
Siempre recordaré sus precauciones ante la última jornada de montaña de la edición de 1991, cuando la lluvia apareció en el Joux Plane y no paraba de insistir de la vulnerabilidad del atleta cuando la humedad amenazaba con resfriarle. Aquello en los oídos de aquel jovenzuelo acojonaba. Luis imponía cátedra.
Por que Luis era un profundo conocedor de este deporte. Sus comentarios eran medidos, contenidos. Omitía euforias, partidismos.
Su perfil era elevado en contenido pero modesto en forma.
Sin desentonar. Destilaba humildad y mucha credibilidad.
30 años después no he vuelto a escuchar nadie igual.
Es más desde Luis, los que pasaron por mis oídos, bufff, me quitaron las ganas de simultanear la radio y la televisión, eso que hace veinte años hacíamos por sistema y hoy no pretendemos, y no sólo por quien habla, también por el retraso bestial que sufre la televisión respecto a la radiofónica.
Por medio, desde entonces, hemos padecido una suerte de comentaristas de semblante futbolero mezclados con algunos conocedores de lo que opinan.
En 2003 cuando la Vuelta llegó a Santander recuerdo la terrible soflama de quien fuera buen ciclista José Antonio González Linares contra Joaquim Rodríguez por que no se descolgó para que el cántabro Isidro Nozal se vistiera de oro en su tierra.
Aquel día un servidor se desvinculó del dial que un día se llenó de ciclismo del bueno aunando entretenimiento y sabias opiniones de gente como Luis Ocaña.