Ciclismo antiguo
Lemond, Indurain y Luz Ardiden
Ganando el Luz Ardiden, Indurain ya apuntaba a su primer Tour
Esa tarde en los Pirineos todos esperábamos el ataque final, definitivo de un Perico que no estaba teniendo su Tour, pero llegó Indurain para doblegar a Greg Lemond en Luz Ardiden,
Un día de esos que quedan para siempre, una jornada que puso la guinda a una edición muy condicionada por esas fuga bidón que tantas carreras han trastocado.
Miguel Indurain y el sexto Tour, decirlo ahora es sencillo, a toro muy pasado, pero si lo que vimos ese día en Luz Ardiden hubiera sido la norma de la carrera dos semanas antes ¿qué diantres hubiera pasado?
Sucedía en ese Tour, que Claudio Chiapucci, escapado en la primera etapa de Futuroscope, veía su ventaja menguar ante el empuje diario de Greg Lemond, quien poco a poco mermó la enorme ventaja del italiano.
Antes de Luz Ardiden, el diablo quiso tomar metros para apuntalar su amarillo.
Se marchó en el Aspin, mezcla de temeridad y genialidad, gastando unos cartuchos que le harían falta más adelante.
Pues en Luz Ardiden apareció Lemond, tan perfecto, tan moderno, con su arcoíris, ese manillar con acoples en la zona baja, zarandeándose por las lomas de ese puerto cuya subida muchos señalan como la más bella de los Pirineos.
El paso de los kilómetros fue la tumba de Claudio que caía superado por Lemond e Indurain soldado a su rueda.
Sólo Marino Lejarreta aguantó al dúo.
Indurain no le dio, como es normal, llevaba a Perico descolgado por detrás, en toda la subida a Luz Ardiden, a Lemond.
Bueno sí, le dio uno, sentado, sin inmutarse a menos de un kilómetro, para llegar solo, uño en alto, una celebración que repetiría a los pocos días en Donostia.
Estaba llamando a la puerta de la gloria de los elegidos, de los más importantes de la historia, y nosotros, en ese momento, sin darnos cuenta.
Imagen: RTVE





