Ciclismo de carretera
La Milán-San Remo es un plato de fuego lento y sabor ancestral
No se puede pretender ver ciclismo de videojuego en la Milán-San Remo
En la resaca de la Milán-San Remo, uno echa un vistazo al patio y ve que el debate va por sitios diferentes a los que un servidor habría imaginado.
Es por eso una polémica que no es nueva, aunque quizá estos años, con las victorias de Nibali, Alaphilippe y Van Aert, se había apagado un tanto.
Pero la pregunta os sonará: ¿Es la Milán-San Remo un bodrio del que sólo se salvan los últimos quince kilómetros?
Dijo Mathieu Van der Poel en la víspera que cruzaba los dedos para no quedarse dormido las primeras seis horas de carrera, que ir en el pelotón le aburría, que… a esa teoría se apuntaron otros…
✍🏽 #Stuyven no se quedó dormido
🚴♂️ "Los puristas dirán, seguramente con razón, que la dureza de la San Remo radica precisamente en ese maratoniano desgaste previo. Pero, como espectáculo, su aportación es cero"#Ciclismo #MilánSanRemohttps://t.co/hP3zx7y6ta— Juan Gutiérrez (@Juan_Guti) March 20, 2021
(*) Por cierto, Juan, ese titular es muy bueno, incluso considerando que Stuyven fue el más listo cuando otros sí que se quedaron empanados.
…provocando reacciones, por lo que veo, desproporcionadas, que hablamos de ciclismo, joder…
Hay que ver qué faltones se ponen algunos porque escribo que en la #MilánSanRemo sólo hay emoción en los últimos kilómetros. El resto: espectáculo cero. ¿Acaso es mentira? Pero si lo ha dicho hasta Van der Poel. Ni comparación con otros Monumentos.
— Juan Gutiérrez (@Juan_Guti) March 20, 2021
Al margen que no entendemos nunca cómo una cuestión como la que nos ocupa puede generar en un insulto, puristas o no, reducir Milán-San Remo a un mero trámite hasta un final más o menos vibrante no es justo.
Primero: no se ajusta a la realidad, como en las grandes carreras del ciclismo, el factor gran fondo es el desequilibrante invisible en aquellos momentos en los que la adrenalina se pone a mil.
En el pelotón de la Milán-San Remo que simula una serpiente entre la roca y el mar pasan cosas a 100, 80 y 50 kilómetros de meta, hechos que no vemos, detallitos nimios que pueden acabar influyendo y pesando en ese final en el que todo es como una aguja en un pajar.
Hay desgaste, quema de calorías clave en el futuro, averías y calentones para cazar de nuevo, y todo eso que seguro, cuando tiene que pesar, acaba haciéndolo.
Dicen que en ese momento el espectáculo es cero, y a nuestros ojos lo es, pero es que el 95% del ciclismo, siendo generosos, es así, no da otra opción que la tregua entre los mejores por que la igualdad se impone como un rodillo inmisericorde.
El ciclismo de videojuego es bonito pero improbable en gran parte de las grandes competiciones, pues no hay cuerpo ni estrategia que lo resistan
Dicen que Van der Poel tachó la carrera de aburrida, pues él no se lanzó a romperla en la Cipresa, como dejó entrever, quizá por que todo eso que describimos le estaba pasando factura, plomos en las piernas que le quitaron frescura y presencia en competición, por que nunca se le vio lo delante que se le supone a un capo ni tomó iniciativa alguna.
Ya puede tramar Van der Poel otra aproximación a San Remo si quiere ganar, por que aquí correr a lo bruto y saciar a la parroquia, no es tan sencillo.
No, si quieres ganar.
Apreciamos como el neerlandés no corrió como una etapa de Tirreno o la misma Strade, que nos apasionó, pero que, no nos engañemos, ambas carreras no implican el nivel de presión que sí se juega en San Remo.
En ese grupo estaban los mejores ciclistas del mundo, preparados por los mejores del mundo, pertrechados por lo mejor del mundo… al final decidió un detalle, que Jasper Stuyven se jugara su todo o nada en el momento que todos miran a un lado.
Leo también que no gustó ver a Caleb Ewan delante, como si pudiéramos escoger quién o quiénes tienen derecho a estar ahí, menospreciando el trabajo brutal, gigantesco que el pequeño velocista australiano ha desarrollado para seguir a Van Aert y Alaphilippe en el Poggio.
La Cipressa se subió a mil, el Poggio, también y Caleb Ewan aguantó como un titán y pagó, de paso, la ausencia de su equipo en el momento que más lo podía haber necesitado.
Si Gilbert y Wellens no estaban para ganar, qué mejor que haberse quedado al lado de su jefe, o es que quizá no era tan sencillo mantenerse ahí.
“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta
Compararla con otros monumentos es ventajista
Lieja fue otro bodrio hasta Ans durante muchos años, abriéndose mucho más con la nueva llegada y la irrupción de gente como Alaphilippe, Hirschi o Fuglsang.
En Lombardía estuvieron sencillamente acojonados por que mil tíos pasaban juntos Ghisallo y no se jugaba hasta muy al final.
Flandes, la idolatrada Flandes, es un circuito en el que un tipo como Bettiol es capaz de burlar a los grandes nombres y dejar a la parroquia con un sabor similar al de Stuyven en San Remo, pero que como es Flandes es un carrerón…
Roubaix, eso es cierto, rara vez decepciona…
En fin, que cada una tiene lo suyo.
La Milán-San Remo no es una tortilla del Mercadona de calentar y listo, es un plato, un guiso de fondo, a fuego lento y sabor imborrable, que pasa por tedio sí, como todo en la vida, pero que pone en juego un trono que cambia trayectorias y te hace único para siempre.
No valorar eso no significa que no guste el ciclismo, significa que no aprecias lo bueno y grande que hemos heredado de nuestros ancestros, carreras que, como la Volta en su centenario, son patrimonio de este deporte y del territorio por donde pisa…



