Ciclismo antiguo
Merano-Apirca: La mejor etapa de nuestras vidas
Ese Giro 94 nos dio la mejor etapa que recordamos
A saber, quienes hemos visto a Miguel Indurain, quienes bebimos de la mágica generación anterior (Perico, Pino, Marino, Peio, Gorospe,…), quienes aborrecimos el rodillo de Lance Armstrong, el ciclista que no está en los anales, pero sí en la retina, y todo lo que vino posteriormente, tenemos una etapa a la que siempre recurrimos como la mejor cuando hablamos de ciclismo de verdad, ciclismo de quilates e inolvidable.
Cuando me preguntan por la mejor etapa de nuestras vidas, la señalo y la marco a fuego.
Recuerdo, como si fuera hoy, y hace 22 años de ello, verla, simultaneando el Rolland Garros con Sergi Bruguera e incluso el Gran Premio de Mónaco con la retransmisión en Tele Cinco, asombrados, del Giro de Italia. Sí, hablo del día de Aprica, del Mortirolo, de una etapa increíble, de uno en uno, como sólo en ese maldito paraíso que son los Dolomitas.
Todo pasó un 5 de junio
El Giro de 1994 camina por a bota con la sensación de que el orden establecido está en entredicho. Hay un rubio, un ruso que camina como los ángeles, llamado Eugeny Berzin, que domina la prueba en sus capítulos iniciales. Golpe en Campitello Matese y arrasa en la crono llana de Follonica. Indurain, Miguel Indurain batido en un test en solitario. Alarma.
Las cosas pueden volver a su sitio en una etapa que atraviesa el cogollo de los Dolomitas, de Merano, en donde el día anterior había ganado en solitario un ciclista joven pero calvo, Marco Pantani, a Aprica. Por medio tres colosos, de más a menos altitud. Primero el Stelvio, entre pareces heladas e incipiente bruma. No pasa nada, más allá del desgaste mellado en las piernas de los ciclistas.
Luego el Mortirolo, palabras mayores, estalla todo. Desde la base arranca Marco Pantani, el chico calvo del día anterior, el jovenzuelo que amenaza con eclipsar a Claudio Chiapucci. Con Pantani van Armand De Las Cuevas, el boxeador frustrado, y Berzin, saltarín, rubio, maglia rosa. Indurain, quieto atrás.
Pasan penosamente los metros, y el ritmo de Pantani pasa factura. Cae De las Cuevas, Indurain le supera por detrás. Cae Berzin, el rodillo navarro le caza, le madura y lo deja antes de la cima. En el descenso Indurain va camino de encarrilar su tercer Giro, coge a Pantani y hace frente común, con Nelson “Cacaíto” Rodriguez como testigo de todo aquello. Queda la tercera subida, la más sencilla, un trámite llamado Valico di Santa Cristina.
Pero el trámite se atraganta. Pantani arranca e Indurain se queda, muerto, maltrecho y seco. La ventaja que le ponía en disposición de ganar el Giro se esfuma.
Hasta Claudio Chiapucci le supera llegando de atrás, del fondo, en los infiernos por donde un líder más sólido de lo previsible, Berzin, rema y rema con una ristra de rivales a su rueda para liquidar el sueño de Indurain.
Han pasado casi 30 años, la jornada no fue propicia para el corredor que por muchas cosas enamoró a una generación, pero no lo olvidéis, cada vez que apreciéis una etapa como esa del Agnello y Risoul, seguro que la compararéis a aquella entre Merano y Aprica y os preguntaréis si esa fue la etapa de vuestra vida.






Gerard
4 de junio, 2016 at 13:52
Quien no recuerda esta antológica etapa del Giro del 94, con una ascensión épica de nuestro navarro al Mortirolo y de su relativo atasco en Santa Cristina.
Galego mindoniense
29 de junio, 2022 at 20:52
Habría sido aún mejor sin la pájara de Miguelón.