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Ciclismo antiguo

La mejor etapa de nuestras vidas

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Giro de Italia Telecinco JoanSeguidor

A saber, quienes hemos visto a Miguel Indurain, quienes bebimos de la mágica generación anterior (Perico, Pino, Marino, Peio, Gorospe,…), quienes aborrecimos el rodillo de Lance Armstrong, el ciclista que no está en los anales, pero sí en la retina, y todo lo que vino posteriormente, tenemos una etapa a la que siempre recurrimos cuando hablamos de ciclismo de verdad, ciclismo de quilates e inolvidable. Cuando me preguntan por la mejor etapa de nuestras vidas, la señalo y la marco a fuego.

Recuerdo, como si fuera hoy, y hace 22 años de ello, verla, simultaneando el Rolland Garros con Sergi Bruguera e incluso el Gran Premio de Mónaco con la retransmisión en Tele Cinco, asombrados, del Giro de Italia. Sí, hablo del día de Aprica, del Mortirolo, de una etapa increíble, de uno en uno, como sólo en ese maldito paraíso que son los Dolomitas.

#DiaD 5 de junio de 1994

El Giro de 1994 camina por a bota con la sensación de que el orden establecido está en entredicho. Hay un rubio, un ruso que camina como los ángeles, llamado Eugeny Berzin, que domina la prueba en sus capítulos iniciales. Golpe en Campitello Matese y arrasa en la crono llana de Follonica. Indurain, Miguel Indurain batido en un test en solitario. Alarma.

Las cosas pueden volver a su sitio en una etapa que atraviesa el cogollo de los Dolomitas, de Merano, en donde el día anterior había ganado en solitario un ciclista joven pero calvo, Marco Pantani, a Aprica. Por medio tres colosos, de más a menos altitud. Primero el Stelvio, entre pareces heladas e incipiente bruma. No pasa nada, más allá del desgaste mellado en las piernas de los ciclistas.

Luego el Mortirolo, palabras mayores, estalla todo. Desde la base arranca Marco Pantani, el chico calvo del día anterior, el jovenzuelo que amenaza con eclipsar a Claudio Chiapucci. Con Pantani van Armand De Las Cuevas, el boxeador frustrado, y Berzin, saltarín, rubio, maglia rosa. Indurain, quieto atrás.

Pasan penosamente los metros, y el ritmo de Pantani pasa factura. Cae De las Cuevas, Indurain le supera por detrás. Cae Berzin, el rodillo navarro le caza, le madura y lo deja antes de la cima. En el descenso Indurain va camino de encarrilar su tercer Giro, coge a Pantani y hace frente común, con Nelson “Cacaíto” Rodriguez como testigo de todo aquello. Queda la tercera subida, la más sencilla, un trámite llamado Valico di Santa Cristina.

Pero el trámite se atraganta. Pantani arranca e Indurain se queda, muerto, maltrecho y seco. La ventaja que le ponía en disposición de ganar el Giro se esfuma. Hasta Claudio Chiapucci le supera llegando de atrás, del fondo, en los infiernos por donde un líder más sólido de lo previsible, Berzin, rema y rema con una ristra de rivales a su rueda para liquidar el sueño de Indurain.

Han pasado 22 años, la jornada no fue propicia para el corredor que por muchas cosas enamoró a una generación, pero no lo olvidéis, cada vez que apreciéis una etapa como la del viernes pasado con el Agnello y Risoul, seguro que la compararéis a aquella entre Merano y Aprica y os preguntaréis si esa fue la etapa de vuestra vida.

INFO patrocinada por 226ers

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226ERS forma parte como partner de la carrera benéfica París-Módena organizada por Maserati.

La carrera, que se celebra por tercer año consecutivo, carece de cualquier espíritu de competición y su único objetivo es que los participantes lleguen todos juntos a la meta. Dicha aventura está reservada a 35 ciclistas que viajarán por Francia, el Principado de Mónaco y la Italia norte-occidental, para alcanzar Módena en sólo cinco días.El recorrido, durante el cual se alternarán tramos en bicicleta y en coche, permitirá a los participantes admirar maravillosos paisajes.

Para poder disputar la prueba cada uno de los deportistas deberá pagar 3.200 euros y comprometerse además a donar otros 600 (un euro por cada kilómetro recorrido de la prueba) a la asociación «Réves» de ayuda a los niños gravemente enfermos.

La marca española 226ERS participará como proveedor oficial de suplementación deportiva, empujando a los atletas como patrocinador oficial de nutrición. Para ello suministrará sus productos a los corredores al inicio de cada tramo de ciclismo, así como en los avituallamientos previstos a lo largo de los mismos.

El CEO de la marca, Jesús Sánchez, y el director del Endurance Research Lab (área de I+D de 226ERS), Guillermo Olcina, formarán parte de los 35 corredores que cubrirán la ruta en bicicleta.

La carrera dará comienzo el sábado 4 de junio, cuando los campeones deportivos internacionales inscritos, junto con ciclistas aficionados, saldrán desde la Embajada de Italia en París. Estarán acompañados por el expiloto de F1 Paul Belmondo, que es el embajador del evento. Desde allí se transportarán a Orléans, donde tomarán un avión que les llevará al circuito de Le Castellet.

El domingo 5 de junio continuarán su viaje primero en bicicleta hasta Saint Tropez y después a bordo de una flota de vehículos Maserati hasta el Principado de Mónaco, donde pernoctarán en el magnífico Hotel Hermitage.

Durante la tercera etapa del tour se llegará a Italia: los ciclistas llegarán a Sestri Levante a bordo de una flota de Maserati para posteriormente reprender la marcha en bicicleta hasta alcanzar las maravillosas cuevas de mármol de Carrara. Los pilotos pasarán la noche en Toscana, en el Bolgheri.

El cuarto día los participantes atravesarán la Toscana para alcanzar el cuartel general de las Bodegas Antinori, en Bargino, cercano a Florencia. La cena y la noche la pasarán en Tignanello, en los viñedos que dan origen a los largamente premiados vinos Solaia y Tignanello.

La última etapa del tour cruzará Florencia hasta llegar a Mugello y finalmente a Módena, en la sede histórica de Maserati. En el cuartel general de la empresa los ciclistas realizarán una visita privada a la fábrica de Maserati y al Museo Panini, una de las más importantes colecciones privadas de Maserati históricos en el mundo.

226ERS es una de las marcas españolas de referencia en nutrición deportiva, centrada principalmente en deportes de resistencia como triatlón, ciclismo, running, etc. Su gama de productos permite a los deportistas cubrir las necesidades de suplementación y recuperación tanto en su entrenamientos como en las pruebas en las que participan.

En 2015 inició su presencia internacional en Italia, Dinamarca y Alemania, y en 2016 continúa su estrategia de presencia internacional tanto en Europa como en Latinoamérica.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Gerard

    4 de junio, 2016 En 13:52

    Quien no recuerda esta antológica etapa del Giro del 94, con una ascensión épica de nuestro navarro al Mortirolo y de su relativo atasco en Santa Cristina.

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Ciclismo antiguo

El primer récord de la hora de Indurain fue en la carretera

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en

Una crono del Tour vio un récord de la hora de Miguel Indurain

Debo confesar que estoy contento: Esta vez no me ha pillado” dijo Claudio Chiapucci tras no ser doblado por Miguel Indurain en una crono que cubrió en ritmo de récord de la hora.

El Tour de Francia de 1992, el de hace 25 años y segundo de Miguel Indurain, tuvo grandes momentos, icónicos algunos de lo que fue el ciclo de dominio navarro en la mejor carrera.

Cuando hablamos de ese Tour, lo hacemos de la salida de Donosti, de las etapas del norte, de la contrarreloj de Luxemburgo, nunca hemos visto nada igual, de la maratón hacia Sestriere, y la irrepetible gesta de Claudio Chiapucci….

Un Tour cargado de emociones, un Tour que rompió en los Juegos Olímpicos de Barcelona, que tuvieron un previo, un entremés histórico pero ciertamente “opacado” por el tiempo.

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Fue la crono entre Tours y Blois, dos enclaves hoy famosos por estar en la ruta del Loira, ahora que todo el mundo sale a conocer mundo.

Dos enclaves que pasaron a la geografía de Miguel Indurain como Bergerac, Luxemburgo, Lieja, La Plagne, Hautacam o Lac de Madine.

La prueba era una bestialidad, 64 kilómetros de mano a mano entre los supervivientes de un Tour que pisó varios países por los progresos acaecidos en la Unión Europea.

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Kilómetros hora de propina

Tras una semana salpimentada por alguna tormenta y muros del Macizo Central, la obsesión en Banesto era atar lo mejor posible un amarillo que en realidad estaba más que adjudicado.

Prudente, José Miguel Echávarrari fijó los cronos sobre Claudio Chiapucci.

Dos o tres referencias fueron suficientes. 

Cuando vio que la cosa estaba atada, con el diablo más allá de los cuarenta segundos, dio vía libre al potencial de su pupilo.

La igualdad entre Indurain y Bugno, que se movían entre el segundo y los tres, se esfumó.

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Miguel abrió gas y sacó cuarenta segundos al campeón del mundo en los últimos 19 kilómetros. Espectacular.

El navarro ponía la guinda a su segundo Tour y a su primer doblete incluyendo rondas francesa e italiana.

Un premio redondo, una secuela a la gran aventura del 92 y una previa a la inauguración a los Juegos Olímpicos de Barcelona, que recuerdo quiso tener al astro navarro entre sus asistentes.

Sin embargo aquel día hubo otro efecto. 

Indurain marcó aquel día 1 hr 13 minutos y 21 segundos rodando a 52,349 kilómetros a la hora, eso es decir, un kilómetro más rápido que Francesco Moser, ocho años antes en la altitud de México DC, uno de esos logros singulares, que posiblemente pocos valorasen en ese momento, pero que dio la talla del atleta que fue el navarro.

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Ciclismo antiguo

La trágica muerte de Francisco Cepeda

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Francisco Cepeda fue el primer ciclista que perdió la vida en la Grande Boucle

Fue un 12 de julio, han pasado más de 85 años cuando Francisco Cepeda falleció compitiendo en el Tour de Francia, siendo el primer ciclista que perdió la vida en la carrera más importante. Queremos recuperar este extracto de “El primer campeón“, pues Cepeda fue compañero de Mariano Cañardo.

Aquella muerte se produjo en un sitio que muchas veces hemos visto, el descenso del Galibier, por Lauratet, hacia Le Bourg d´ Oisans.

Así fueron aquellos días y la convivencia entre ambos:

Entre Amélie-les-Bains y Barcelona pasaron los meses que dieron la bienvenida a 1931. Mariano arrancó algo más pronto la campaña, un inicio aguado por su amigo y gran velocista José Cebrián Ferrer, quien le ganó el Gran Premio de Calatayud. Aquello fue en marzo. Poco después le reclamaron de Francia para disputar la Mont Faron, donde un choque, literalmente hablando, con Montero durante la salida lo dejó parcialmente fuera de combate, haciéndolo hacer a una posición discreta. A aquella cita, al margen de Montero, viajó con Mariano Francisco Cepeda, a la postre el mejor de los tres.

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Cepeda fue un ciclista vizcaíno, buen profesional, con palmarés eminentemente doméstico. Sin embargo su recuerdo se asocia con el descenso del col del Galibier, y más exactamente en la carretera que desciende del Lautaret a Bourg d’Oisans, trecho donde se dejó la vida en el Tour de Francia de 1935. Cepeda fue el primer ciclista que perdió la vida en la Grande Boucle. Con Vietto y compañía bajando temerariamente, Cepeda se dispuso a darles caza, hasta que un coche le atropelló provocándole una caída que le hizo imposible continuar.

Los sanitarios le atendieron sobre el mismo arcén pero no hubo manera, el corredor no presentaba signo alguno de recuperación y se lo llevaron con urgencia al hospital de Grenoble. Allí las horas iban pasando sin síntomas de mejoría. A última hora de la noche, con el corredor aún sin conocimiento, se decidió practicarle una trepanación, pero su suerte estaba echada.

Cepeda falleció aquel 12 de julio. Sus compañeros, los pocos españoles que quedaban en carrera, quisieron estar con él en un momento donde la victoria que se disputaban Romain y Sylvère Maes, Ambrogio Morelli y Félicien Vervaecke, quedaba convertida en una nimiedad. 

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La muerte de Cepeda fue un antecedente doloroso y gravísimo en la historia del ciclismo. El pelotón ya no soltaba un genérico “sois unos asesinos”, como el de Lapize veinte años antes, cuando les hicieron atravesar los Pirineos a merced de los lobos; ahora se hablaba de materiales deficientes, de seguridad precaria y de condiciones míseras. Los artistas del circo eran, paradójicamente, los peores tratados. Eran la purria del negocio, cuando efectivamente eran la clave de bóveda de todo.

Cepeda tuvo una amplia relación con Mariano, de hecho compitieron en pista haciendo pareja en alguna ocasión y ambos estaban juntos en aquel Tour de negro recuerdo. La edición de 1935 del Tour fue la vigesimonovena de la carrera más prestigiosa. España se presentó con un combinado interesante que estaba formado por Trueba, Ezquerra, Cardona, el mentado Cepeda y Mariano, entre otros. Un buen plantel a priori, pero un desastre desde el primer minuto de competición.

Mariano lo dejó en la quinta etapa, sumido en un mar de anonimato en el que nunca llegó a estar por encima de la quincuagésima plaza. Se dijo mucho y se escribió más. “Son tantas las cosas que he leído que ya ni me enfado”, dijo en un primer momento. Luego argumentó: “No es cierto que Trueba nos indujera a abandonar. Trueba no carbura y decidió dejar la carrera. Ezquerra perdió en la etapa del Ballon d’Alsace toda confianza en lograr una buena clasificación y eso le desmoralizó. Yo no podía con mi alma y de un momento a otro esperaba que me pusieran la linterna. Ya veía la llave cerrando el control. Cuando uno no marcha no es necesario que vayamos malgastándonos inútilmente por la ruta”. Mariano supo del terrible desenlace para su compañero Cepeda, el peor de los posibles, cuando aún se albergaban esperanzas de recuperación.

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Ciclismo antiguo

Jean-Christophe Péraud, el ciclista que marcó el camino

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Jean-Christophe Péraud es un ciclista para muchos de perfil bajo que no merece tal trato 

El otro día comentábamos las bondades que hicieron de Sylvain Chavanel uno de nuestros corredores favoritos, y ahora traemos a otro francés que sembró para que el ciclismo del hexágono vuelva a ser envidiado en medio mundo

Supe de Jean-Christophe Péraud por varios sitios y también en primera persona.

Sencillo, honesto, sonriente, educado,… le ha tocado ser segundo de abordo muchas veces, siempre con normalidad, siempre con modestia.

Con su retirada hace unos años el ciclismo francés despidió a un ciclista que le devolvió a las cotas en las que en la actualidad corre, lejos de esos años en los que el mejor “enfant de la patrie” corría más allá del top ten de la carrera de sus ojos del Tour de Francia.

Jean-Christophe Péraud es un ciclista para muchos de perfil bajo que no merece tal trato.

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Llegó al ciclismo en ruta desde las ruedas gordas, siendo subcampeón olímpico, sólo superado por la leyenda de Julien Absalon.

Pronto empezó a demostrar las cualidades que adornan los bikers que logran con éxito la transición al asfalto: resistente, buena cadencia y sorprendentemente notable contrarrelojista.

Similar que Cadel Evans, el ganador de Tour con menos carisma de los últimos treinta años, pero con virtudes ciclistas muy afiladas.

Yo cuando hablo de Péraud me acuerdo de un día, de esa etapa del Tour de 2015, cuando corría por la imposible defensa de la segunda posición en la mejor carrera.

Recordaréis aquella jornada en la que Van Avermaet acrecentó la desazón de Sagan ganándole sobre la línea un agónico sprint.

Aquel día, en los grupos traseros entró Péraud, con un costado abrasado por el asfalto y lacerado por el sudor y el calor.

Cuando Péraud se cayó, surgieron rumores sobre su abandono.

Nada más lejos de la realidad, si alguien plasma la heroicidad de estos hombres hasta el último hervor ese es Péraud, que llegó a meta, primero, y a París, después, hecho un Cristo, la escena de un ciclista que venía de ser segundo en el Tour y arrastró su maltrecho cuerpo durante diez días por el hexágono.

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Cuando anunció que dejaba la bicicleta, todos hablábamos de la retirada de Fabian Cancellara, sobre Purito, sobre Wiggins, pero dejando de lado a un corredor que en mi modesta opinión es un símbolo, fue uno de los ciclistas más resultones y menos valorados de su tiempo.

Y sí, sé que muchos dirán que su segunda plaza en el Tour fue debida a los abandonos de ilustres, pero ser segundo en esta carrera no puede ser nunca fruto de la casualidad.

Es un Tour, la carrera con mayúsculas, el lugar donde se separa el grano de la paja, y Péraud resultó ser lo primero, y lo hizo, ahí están las imágenes, estrujando su ser hasta que no le quedó nada por dar.

Ahora que se habla de Démare, Bardet y Alaphilippe, recordad que Péraud contribuyó para que Francia volviera a donde está ahora mismo.

Imagen: Challenges

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Ciclismo antiguo

David López es «uno de los nuestros»

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Así es la sencilla convivencia de un pro como David López con aficionados

¡Un millón de espectadores en las cunetas del Alpe! Eso nos comentaba David López, mientras cenábamos la primera noche en el restaurante del Hotel Loizu de Burguete, un encantador pueblo del Pirineo navarro. Allí sentado, compartiendo mesa y mantel, junto a una treintena de cicloturistas de todas las categorías, David era uno más, muy cercano, simpático y muy respetuoso con las preguntas que le íbamos formulando uno detrás de otro, casi sin descanso. Era lógico, todos lo mirábamos con admiración.

Hacía tan sólo unos pocos días que lo habíamos visto trabajar muy duro en el Tour de Francia para un compañero de equipo, un tal Froome que acabó ganando la carrera. En nuestras retinas aún estaban grabadas las imágenes de David tirando de todo el equipo Sky, con su líder a rueda y, de pasada, no dando margen a ningún ataque por parte de rival alguno. Una ascensión para el recuerdo, coronando primero la muralla d’Oisans, ante millones de ojos. Una historia que podrá contar con orgullo a sus hijos y nietos y que quedará siempre en el recuerdo.

La verdad es que ascender entre tanta gente te da alas, te anima y, sobre todo, te pone la piel de gallina”, nos dice. A la pregunta de… ¿y los que os molestan siguiéndoos tan de cerca, que hacen peligrar vuestra integridad física? David nos dice que son cuatro tontos pero que forma parte del espectáculo, algo que en ningún otro deporte sucede. Si algún aficionado intenta acercarse a Messi o a Cristiano el placaje lo tiene asegurado. Le comentamos si sería partidario, en este tipo de subidas, de hacer pagar algún tipo de tasa simbólica, ni que fuera tan solo uno euro que podría servir para muchas cosas: desde la posible salvación de carreras, equipos enteros o como ecotasa medioambiental. David asiente con la cabeza. Está completamente de acuerdo. Ahí queda la idea. ¿Por qué no?

Pero a David no se le sube el éxito a la cabeza y con mucha educación va contestando las inquietudes de los que estábamos allí presentes. De nuevo junto a nosotros, en su tercera participación en el stage de Burguete, no parecía que estuviéramos ante todo un ganador de Tour. Porque sí, ganó Chris, pero él, junto al resto del equipo, tuvo mucho que ver en el éxito del keniata.

De verlo pasear en bici de la mano de Froome por los Campos Elíseos de París, celebrando el triunfo con una gran sonrisa en su rostro, a estar a su lado, con la misma felicidad que se dibujaba en su cara. Daban ganas de tocarle con un dedo y preguntarse… ¿Es de carne y hueso? Recuerdo acercarme a él y con un apretón de manos de colegas, felicitarle por su extraordinario Tour. Me dio las gracias con mucha sencillez. Alucinante. Estábamos junto a David López y a no ser por su impresionante planta de ciclista pro, muy fino, muy delgado y moreno, recién aterrizado de la Grand Boucle, nadie diría que estábamos delante de un profesional como la copa de un pino, un currante del pedal que comenzaba por fin a destaparse y a coleccionar reconocimientos y éxitos. Ya era hora. El bueno de David se lo merecía.

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Para el corredor del Sky volver a Burguete significaba encontrarse de nuevo con una familia: un grupo de amigos que disfrutan como él de la bici pero de manera completamente diferente, aunque en nuestro mundo cicloturista ya sabemos que hay multitud de categorías, desde el simple globero al globero Élite, dicho esto con todo el cariño del mundo, por supuesto.

Para David es su profesión, pero como dice el dicho, fue antes cocinero que fraile, y nuestro querido amigo de Baracaldo se inició en el mundo de las dos ruedas como un cicloturista más, participando en las diferentes marchas que se organizaban en la provincia de Vizcaya y sus alrededores, “marchas de las de antes, sin chips ni clasificaciones, donde lo importante era disfrutar en grupo con tu club y donde si uno pinchaba, allí lo esperaban todos”, nos comenta con un cierto regusto nostálgico.

Y es que efectivamente cómo han cambiado las marchas, algo que no entiende David, porque él comprende que el que se dedica a esto no tiene más remedio que pensar en entrenar, en números, kilómetros, potencia y carreras, y cree que lo lógico, los que somos cicloturistas deberíamos recordar que montamos por diversión, para disfrutar, desconectar, dando paseos, más largos o cortos, más duros o suaves, pero siempre bajo un marcado signo de turista ciclista. Lo importante es salir en bici. David no es partidario, como muchos otros, de cicloturistas que esprintan en una marcha, que se colocan un chip para intentar bajar 5 ó 10 minutos su tiempo. “¿Y qué más da? ¿Eso es cicloturismo? Para eso ya están las carreras Máster”, reflexiona David.

No falto de razón, porque él se preocupa por nuestro pequeño gran mundo, opina que todos los que nos dedicamos a ir en bici deberíamos pasar primero controles médicos periódicos, y no comprende, aunque lo pueda entender y compartir, que alguien que trabaja ocho horas diarias saque tiempo para entrenar una marcha con muy duros puertos. “Conozco algunos que como no tienen tiempo, entrenan de noche y dejan incluso a la familia y que, después de participar en una prueba de este tipo, están hechos caldo toda la semana”, nos dice con perplejidad. Todos le damos la razón. No puede ser muy positivo que digamos.

David defiende los derechos de los ciclistas, y de paso el de los cicloturistas, lógicamente, y si tiene que discutir con un coche de autoescuela sobre alguna norma de tráfico que no ha cumplido, pues lo hace, para que al final le den la razón y acaben hasta pidiéndole perdón: “igual así hemos encontrado la raíz del problema, desde las propias autoescuelas”, opina con una cierta esperanza.

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Cuando David viene a Burguete, y a pesar de la dureza de algunos de sus puertos, lo hace para pasar unos días de vacaciones, montando en bici con amigos que tengan algo más de vida social y que no se pasen el día hablando de entrenos, carreras, fotos de bicis y que no se sepa nada más de sus vidas. Esto es lo que busca nuestro querido amigo pro en nuestros stages: buen ambiente, diversión, unas risas y disfrutar de la compañía de gente que compartimos una misma pasión, salir por carreteras por donde él nunca había andado, olvidándose del reloj, “llegando a unas horas que uno no sabe si comer o merendar”, nos dice con unas risas. A pesar de todo esto, David no suele relajarse del todo y así, si tiene que pegarse unas series en Larrau pues se las hace, luego ya habrá tiempo en Erroymendi de relajarse esperando junto a otros “fieras”, que han intentado seguir su rueda, al resto de la expedición. Si es que además tiene que tener una paciencia…

Si tiene que afrontar a bloque, con su 39×28, el excepcional primer kilómetro de Beillurti, pues lo hace sin queja alguna. “Mirad -nos dice-, existen deportes que cuando llueve no te mojas, que no tienen coches que les estorben, que no pinchas ni te caes, pero si has elegido la bici… menos quejas y pedalea”. Con esto nos responde a varias preguntas, como por ejemplo si piensa que muchos de estos recorridos que realizamos los cicloturistas jamás los harían los pros. La respuesta de David es contundente: “¿Y por qué no?”

Él es de la opinión que un ciclista entrenado y bien remunerado no debería quejarse por subir puerto alguno y que le encantaría que toda esta zona que lleva visitando durante tres años fuera entrando en los planes de organizadores de carreras. Puertos como Arnostegui, Irei, Lindux, Munhoa… por supuesto. En una comarca de extrema belleza y dureza, eso sí, se tendría que buscar a alguien que pusiera dinero encima de la mesa para poder ver a los pros disputando carreras por estas increíbles carreteras.

Cuando alguno le pregunta si le molesta que los globeros se peguen a su rueda, él nos comenta que en absoluto, que al contrario, y siempre dependiendo de la rutina que lleve ese día, si le toca series o descanso activo, le encanta ponerse al lado de ellos y charlar un rato. Eso sí, si pasa alguno porque aquel día va por faena, y ni le saluda y se le engancha a su rueda de manera un poco pestosa, eso, no lo soporta.

“Pero más por el hecho de que cuando te cruzas con otro ciclista… ¡Saluda! Los profesionales también lo hacemos”. Es una frase manida que no por eso hemos de olvidar y David nos la recuerda. Le comentamos si lo suelen reconocer mucho por la carreteras:”a veces sí, sobre todo si son conocidos de la zona, pero la mayoría de veces no”, y nos explica una jugosa anécdota cuando un día paró en la fuente de Lunada y escuchó a dos cicloturistas que estaban cerca de él como uno le decía al otro: “mira, mira, ese parece un pro” y el otro le respondió: sí claro, uno del Sky va a venir a entrenar por aquí”. El bueno de David nos dice que casi se cae a la fuente de la risa que le dio. Todos soltamos una gran carcajada.

Se hace tan ameno hablar con él que el tiempo pasa muy deprisa. Eso sí, nos explica que lo peor que lleva en estos stages son los madrugones, nos comenta con unas risas. Acostumbrado a competir a partir de las 11 o las 12, o incluso más tarde, le da algo de “pereza” el tener que levantarse temprano. En eso sí que ganamos los globeros a los pro, ja ja ja.

Pero el olor a café recién hecho o abrir la ventana y respirar, y contemplar las montañas que le esperan, ya le llena completamente de satisfacción. Qué diferente es estar concentrado en competir, cuando ni siquiera tienes tiempo ni de contemplar el hermoso ¿paisaje? “Ni lo vemos”. Y la tranquilidad de no tener que aguantar las maniáticas rarezas, dicho con todo el cariño, porque lo respeta y admira, de compañeros de habitación como Wiggo.

De todas formas, a David y a los que osen seguir su ritmo, les dejamos que salgan una hora más tarde, para que luego nos den alcance en la cima de algún puerto duro; aún y así tendrá que esperar alguno de nosotros. ¡Vaya crack, David!
Un profesional que se cuida mucho, por supuesto, pero que come de todo, cuando le decimos si aquí en Burguete hace algunas excepciones con la comida: “Pues no, porque esto es muy duro y hay que ir bien alimentado”, y es además un declarado fan de los maxibon, ja ja ja. David no para de dar las gracias a todos.

No se cansa. Es un fenómeno como persona y como ciclista y todos deseamos tenerlo de nuevo, año tras año, aquí en Burguete, aunque su deseo ahora es, siempre con nosotros, visitar otras zonas como Asturias o Benidorm, algo que le apetece mucho. Incluso ya piensa que cuando se retire será un cicloturista más, eso sí, sin llevar la vida espartana de profesional ni la de muchos cicloturistas que se lo toman como una cuestión personal: “salir y disfrutar de la bici, sólo eso”.

Días más tarde, todos nos llevamos una gran alegría con su victoria en la dura Côte de La Redoute, en el Eneco Tour, algo que hizo que inundáramos su twitter con felicitaciones de todo tipo, pero sobre todo comentándole lo bien que le habían sentado los aires de Burguete y sus series escalando Aitza. Muchas gracias David por ser como eres. No cambies nunca. Te deseamos desde aquí los mayores éxitos y que nos lo cuentes a nosotros, tus amigos los cicloturistas, porque eres uno de los nuestros.

Imagen: Barakaldo Digital

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Todo es ciclismo en la vida de Ane Santiesteban. @ivoox https://go.ivoox.com/rf/79000804?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_content=audio&utm_campaign=tw_autopublish

Omar Fraile, «Ojalá hubieran más equipos como Ineos»

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La Burdeos-París, ciclismo llevado a todos los extremos

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Por @JoanSeguidor

Superbagneres, Puy de Dome, Guzet Neige, La Plagne... y otras cimas de las que el Tour de Francia parece haberse olvidado

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Si el ciclismo tuviera una voz ésta sería de la Juan Mari Guajardo...

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