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Vuelta España

La canción de la Vuelta, aquel clásico (I)

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en

DT – 2022 post

¿Dónde quedó «La canción de La Vuelta»? ¿Alguien la recuerda? ¿Qué fue de ella?

¿Alguien podría nombrar alguna canción de la Vuelta durante al menos esta última década?

Sin consultar a Google, claro.

 

Así es y creemos que se ha perdido el encanto de esa sintonía que, en cada edición, la esperábamos con ganas, esa canción que pondría música a los pedales de los ciclistas, que sonaría sin cesar durante los resúmenes y las cortinillas de la tele.

Pero «La canción de La Vuelta» tuvo su época dorada, años de esplendor que coincidieron con el aumento de la popularidad de este sufrido deporte y el auge de su práctica que caló hondo entre los aficionados a las dos ruedas.

Desde este mal anillado cuaderno hemos querido rendir homenaje a estas sintonías que nos acompañaron primero en las sobremesas de abril y mayo y, posteriormente, en las calurosas tardes de septiembre.

 

Todo empezó con el recuerdo de un programa de radio y el sueño de una noche de verano…

Agosto. Dos de la madrugada.

Calor insoportable.

No paro de dar vueltas en la cama. No puedo conciliar el sueño y me levanto.

Me doy una ducha rápida y voy a por mi viejo mp3.

Me pongo los auriculares y enciendo la radio.

Comienzo a juguetear con el dial.

Lo voy girando, lo voy girando… hasta que… ¡un momento! Oigo una canción que me es familiar y me gusta.

Deslizo el dial hacia atrás.

Sintonizo bien y, en efecto, se trata del clásico September de Earth, Wind & Fire que todos recordaréis.

Inconfundible.

 

La banda de Chicago que cambió el sonido de la música de color, abriéndose camino por un igual, tanto en el mercado negro como en el mercado blanco, traspasando fronteras raciales allá por finales de los años 70.

En ese momento finalizó la canción y escuché la voz del presentador del programa:

«Bienvenidos a este vuestro espacio musical que hoy dedicamos a las hazañas de no pocos artistas de las dos ruedas de las carreteras en este país. Nos referimos, claro está, a las canciones que pusieron banda oficial sonora a la Vuelta Ciclista a España, una selección con temas de diverso pelaje en la que seguro que encontraréis más de un recuerdo. De momento hemos arrancado con el prólogo de esta apasionante carrera

Acababa de sintonizar un programa dedicado a las canciones de la Vuelta a España, y ya no iba a mover el dial, por supuesto.

¡Vaya! ¡Qué recuerdos!

 

Tengo mucho más recientes, y que se me quedaron grabadas en mi memoria y que recuerdo con mucho más cariño, las canciones de la Vuelta de finales de los 70, los 80 y los 90, aquellos primeros temas que salían anunciando aquellas ediciones de esos años, sintonías muy esperadas y que se convertirían en muy populares y pegadizas, consiguiendo ser muchas de ellas, las típicas canciones del verano.

Hubo un tiempo en que el ciclismo no era sinónimo de escándalos y sustancias prohibidas. Bueno, sí que había escándalos, como ver correr algunos de los mejores deportistas que ha dado este sacrificado camino en la vida. En realidad cada uno tiene sus recuerdos favoritos de la Vuelta, y podríamos ponernos a hablar de José Luis Laguía, Marino Lejarreta, Julián Gorospe, Pedro Delgado, Miguel Indurain o Alberto Contador. Eso si nos referimos a los de aquí, porque también han pasado unos cuantos de tierras lejanas como Lucho Herrera o Sean Kelly, que han engrandecido aún más las carreteras que recorre nuestra Vuelta con el movimiento sinuoso de una serpiente multicolor que nos recuerda tardes de mayo y, desde hace unos años, lamentables tardes de septiembre (se declara completamente en contra de este cambio de fechas), que nos recuerdan que los héroes sufren, sudan, se desvanecen y al final sólo uno puede prevalecer. Lo bueno de todo esto es que lo podemos recordar con música y eso es precisamente lo que vamos a hacer ahora: bienvenidos a la Vuelta Ciclista a España

El comentarista sabrá mucho de música y será un gran crítico musical, pero, aunque confeso aficionado al ciclismo, hay que entender algunos desafortunados comentarios.

Sigue hablando el locutor y ahora pincha otra pieza inolvidable: Born To Be Alive, del francés de padre español, Patrick Hernández que llegó a vender más 25 millones de copias de este single.

Esta canción era la primera etapa de un largo recorrido a través de la historia de la Vuelta a España cortejada con música.

El Born To Be Alive acompañó la victoria de Joop Zoetemelk en la edición de 1979 y fue una sintonía que con el tiempo aún se sigue asociando al ciclismo.

El locutor sigue espléndido y ahora le toca el turno a Funky Town del grupo Lipps Inc (ya sabéis, mover los labios mientras suena la música y cantan otros) que seguro que más de uno habréis bailado sin parar en más de una ocasión.

Al ritmo frenético del funky en la ciudad de Nueva York, a la que está dedicada la canción, el gran Faustino Rupérez se hizo con la edición del año 1980.

Y los recuerdos siguen pedaleando una y otra vez en mi cabeza.

 

Recuerdo estas sintonías esperando con impaciencia los resúmenes que se hacían de la etapa por la noche después del Telediario.

Y llegamos al año 1981 y es el turno de Stars On 45 del grupo homónimo holandés, rey absoluto en aquella época del popurrí más o menos chusco en según qué cambios, que se puso de moda homenajeando/destrozando algunos clásicos del género como Beatles o Boney M.

El presentador se queda bien a gusto despachando a este grupo musical.

Así, las estrellas del pelotón a 45 rpm de aquel año fueron Giovanni Battaglin, el vencedor, y Pedro Muñoz y Vicente Belda que ocuparon el resto del pódium.

La importancia de unas buenas ruedas cambia la bicicleta de arriba abajo 

En la edición de 1982 todos nos volvimos chiflados con la Vuelta y con Azul y Negro y su reconocidísima canción Me Estoy Volviendo Loco, que estaba sonando en esos mismos instantes en el dial.

Este grupo de tecno-pop formado por Joaquín Montoya y Carlos García Baso decidieron unirse a finales de los 70 bajo el nombre de Azul y Negro, como homenaje a los colores de la camiseta del Inter, debutando en el año 81 con su álbum La Edad de los Colores, toda una revolución en su época a través de un grupo innovador, pioneros del género en este país, aficionando a mucha gente a la música electrónica.

De hecho fue la primera banda española en editar un trabajo en CD y en crear un LP en formato digital en el 83, así como grabar un álbum en 5.1 en el año 2003 y que trajeron términos e instrumentos que sonaban a ciencia-ficción hace 30 años: sintetizadores, secuenciadores, etc.

 

Unos auténticos cracks.

Quizás sea la sintonía más reconocida de una Vuelta a España (aún recuerdo como la gente la bailaba simulando con los brazos el movimiento en bailón encima de una bici).

Aquella edición fue ganada por Marino Lejarreta por descalificación de Ángel Arroyo por dopaje.

El propio Junco de Bérriz,  en la Vuelta del 83, ganaría en los Lagos de Covadonga, encontrando por fin la organización la gran montaña que tanto tiempo había ido buscando.

Con el recuerdo grabado aún en las retinas de la memorable ascensión de Marino Lejarreta al mito asturiano, que pudimos ver en directo con la primera retransmisión por TVE, y de nuevo al ritmo de Azul y Negro, Bernard Hinault ganaba aquella novedosa edición bajo la sintonía de No Tengo Tiempo, más conocida como  Con los dedos de una mano.

Con aquella canción, uno se imaginaba en la rampa de salida de una contrarreloj:

No tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo de programar, no tengo tiempo para escapar, no tengo tiempo de terminar, con los dedos de una mano, voy contando los segundos, voy contando los minutos.

Continuará…

Por Jordi Escrihuela

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Ciclismo antiguo

La primera etapa de la primera Vuelta ciclista a España

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DT – 2022 post

Camino de 90 años del nacimiento de la Vuelta ciclista a España

Así conté un día la primera etapa del la primera Vuelta ciclista a España…

El día 29 de abril, a primera hora de la mañana, con el sol asomando sobre la coronilla de la arboleda de la Puerta de Hierro madrileña y una multitud congregada para la ocasión, se dio la salida a la primera edición de la carrera nacional.

Los diarios rezumaban titulares que retrataban el ambiente.

Un fotomontaje ponía en valor los bustos de las esperanzas españolas frente a la pequeña, pero muy experimentada, delegación extranjera. De izquierda a derecha: Federico Ezquerra, faz como desdentada, rehundida, presa de una extrema delgadez, pelo hacia atrás como recién lavado.

Un cadáver sobre la máquina. Luciano Montero, de mirada desconfiada, ceño arrugado y rostro ligeramente escondido, como si una sombra aplacara algún sentimiento frustrado.

Vicente Trueba, como ausente, ido.

Se vio que aquella no fue su carrera.

Mariano Cañardo, esbelto, frente ancha, peinado marcado, gruesa nariz, ojos vigorosos y cara angulosa. Sonriente, fue el único en vestir camisola oscura, como distinguiéndose entre tan mal disimulado blanco.

Porque Mariano Cañardo era el hombre de la afición. Las miradas de la España que entronizaba su primera Vuelta eran para él. Las esperanzas se cernían sobre sus espaldas anchas y delimitadas por aquellos tubulares de recambio que tenían que llevar cual chaleco, en previsión del seguro reventón. El negro asfalto de la ruta lucía a menudo una marca hecha a mano.

Emborronada y tosca, la leyenda no iba más allá del “Viva Cañardo”, así, simple, escrito por miles de carreteras a yeso, con la muñeca en escorzo imposible.

Niños, mayores, todos se desgañitaban al paso del navarro.

Espachurraban tiza en el suelo como quien empuja sus sueños hacia el cielo.

Casi de forma premonitoria, las portadas avanzaron lo que el sentir de la gente y la suerte de la competición corroborarían.

Mariano, dorsal uno a la espalda, era el hombre a seguir de salida, y lo fue a cada paso hasta Madrid, esa Madrid que rezumaba obras de Federico García Lorca por los carteles de sus teatros.

Las razones de aquella pasión de Semana Santa por Mariano derivaban de una excelsa lista de victorias en el panorama nacional desde el mismo momento en que decidió ser ciclista y se colgó un dorsal.

Aquel fornido ciclista de Olite, aunque instalado en Barcelona, desde su mayoría de edad presentaba credenciales sobradas en el panorama doméstico, tales como la Volta a Catalunya, la carrera que entonces marcaba el paso, que había ganado cuatro veces, sumada a campeonatos de España y la Vuelta al País Vasco.

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Harina de otro costal era hablar de sus activos más allá de los Pirineos, esa extraña frontera para los ibéricos de la época que Mariano sí que había osado cruzar, pues un año antes había sido noveno nada menos que en el Tour de Francia, en una edición ganada por Antonin Magne, con Vicente Trueba décimo.

No obstante correr en suelo no español, para aquella generación de ciclistas que, más que aprender el oficio, tuvieron que inventarlo, fue un cénit no solo físico sino también mental que habría que trabajar con calma, tiempo y pasión para superarlo.

La carrera partió muy temprano dirección Valladolid.

En el alto de los Leones el suizo Leo Amberg soltó el primer ataque de la primera etapa en la primera edición.

Pronto Mariano se erigió en protagonista. El navarro-catalán se soldó a la rueda del belga Antoon Dignef.

El infortunio quiso que los pinchazos hicieran acto de presencia bien pronto.

Los tubulares de Mariano parecieron de mantequilla durante toda la carrera, cosa que ya se vio en la primera jornada.

Varios pinchazos, y Dignef voló. El belga ganó en Valladolid una etapa para la historia, lo que le supuso ser el primer líder de la carrera.

Se vistió de naranja, algo que por mucho que lo intentara, Mariano no lograría jamás, aunque portara el dorsal uno en tan singular ocasión.

No obstante su historia mereció ser plasmada en los anales del ciclismo. Estuvo llena de grandes gestas, heroicidad y grandeza sin igual.

Pocos días antes de empezar, Cañardo manifestaba un disimulado optimismo ante la Vuelta.

No quiso entrar en el detalle de su estado de forma, no quiso concretar rivales, pero sí puso de relieve que los malos momentos del Gran Premio de la República, disputado poco antes, ya eran historia. Su ambición se tapaba a duras penas.

Confiado en sus posibilidades, la modestia solapaba lo que sus piernas le daban a entender.

Mariano quería ganar, y la magullada teoría de la superioridad foránea no iba a detenerlo.

Texto de libro «El primer campeón, el mundo que vio Mariano Cañardo«

 

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Ciclismo de carretera

La Vuelta 2021 recupera el equilibrio

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DT – 2022 post

La Vuelta 2021 presenta el recorrido más compensado de tiempos recientes

Si hay que dar un veredicto sobre el recorrido, a priori, de la Vuelta a España 2021 que se acaba de presentar, es el de que nos gusta, y lo decimos desde una base muy clara, que el organizador puede crear la mejor carrera del mundo, diseñar las etapas más bellas, pasar por bajo el balcón de nuestra casa… que si el ciclista no quiere, poco hay que rascar.

Como decimos, este balance es a priori y la palabra balance, creo que se ajusta a lo que pensamos de la tercera grande del año.

La Vuelta 2021 vuelve a las fechas de agosto y se instala entre dos de los monumentos más bellos de España, las catedrales de Burgos y Santiago

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Pero esto no será una ruta a Compostela al uso, tres semanas les va a llevar y por toda la geografía, esta vez sí, se van a mover, no hablamos de la Vuelta al norte de España.

Este primer punto de equilibrio se extiende a otros campos: las llegadas en alto se reparten mejor, no van todas en tropel, se realiza un guiño al maltratado colectivo de velocistas, hay una crono al final, sin tachuelas ni muros…

En definitiva una Vuelta más equilibrada, que será la de 2021, pero que nos recuerda a aquellas que se celebraban en abril.

Más de 25 años de eso.

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Aunque el camino hacia Santiago parezca la primera premisa al ver el mapa de la carrera, ésta se embarca en una ruta similar al del Cid en su primer tramo, dirección a Levante desde Burgos, premiando llegadas que recordamos míticas, como aquellas del páramo de Albacete y los destrozos que el viento provocaba.

La carrera sabe que una jornada con el Dios Eolo soplando es oro, lo sabe además de tiempos recientes, como aquella de Guadalajara que se corrió por encima de cincuenta la hora y puso al líder Roglic en un brete.

Las etapas llanas salpican el recorrido, en días que invitan a que los velocistas se animen y vuelvan a una carrera que no hace tanto se vanaglorió de tener a Van Poppel, Abdoujaparov, Cipollini y otros grandes de la velocidad.

Pero no sólo eso, cabe sumarle la dosificación de llegadas en alto, con la inserción de jornadas tipo Balcón de Alicante o la de Mos, Pontevedra, en la previa del final, que ponen acento en ese ciclismo de no dar tregua ni al líder ni a sus compañeros.

Jornadas de alta montaña se prevén sobre todo en dos escenarios, el almeriense con Velefique, esa etapa es terrible, y la incorporación del Gamoniteiro, la otra cara del Angliru, en una novedad que maridará con la tradición de los Lagos de Covadonga.

Asturias de ayer y hoy en la misma carrera.

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Nos gusta mucho la elección de Villuercas, una cima inédita que desmonta el cliché de que Extremadura no tiene dureza, y se le otorga al Picón Blanco, donde Evenepoel sacara el rodillo, el papel de «starter» en la montaña.

En definitiva una carrera que dando un paso atrás creo que gana en boca, mucho más que con esa profusión de muros y llegadas en alto que la habían llevado a la nulidad de movimientos entre los grandes, pues al final había tanto para poder atacar que el problema era elegir dónde.

Veremos qué queda y qué disfrutamos de esta Vuelta 2021, para agosto si las cosas no han mejorado, bien jodidos estaremos entonces, en todo caso la carrera que da continuidad a la mágica edición de 2020 merece la mejor de las suertes, porque ha demostrado saber modular un recorrido que sobre el papel pinta bien.

 

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Ciclistas

#Moment2020 El Roglic vs Carapaz de la Vuelta en Moncalvillo

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DT – 2022 post

La llegada a Moncalvillo fue uno de los grandes momentos de la Vuelta

Cuando Roglic cruzó la meta de Moncalvillo, inédito en la Vuelta, dijimos
No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.
El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.
Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.
A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

Casi dos semanas después de la cima riojana el resultado lo vimos: Primoz Roglic ganó la segunda Vuelta a España.

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En la Vuelta de otoño que guardaremos en la retina, los colores alcanzaron su máxima expresión en la cima riojana que estrenó el Chava.
Veníamos de un mano a mano corto pero intenso, antológico entre el esloveno y Carapaz, un pulso de iguales que decidió Roglic, enjuto en verde para estrechar las distancias que el caos de lluvia y frío de Formigal había generado.
Roglic atacó más de lo que acostumbra, no fue un «pancartazo», expresión que con lo de «fumarse la etapa» se ha adueñado de muchos juicios de este ciclismo que nos ha tocado en suerte.
Carapaz entró al trapo y se dieron hasta en el carnet, hasta que el esloveno, rehecho admirablemente del palo del Tour, marcó puso tierra de por medio.
Moncalvillo fue el descubrimiento de la Vuelta, la llegada de Roglic iluminado por el sol de tarde, el verde de su maillot, los claroscuros que marcaban su rostro, el fondo, una acuarela, una de las muchas que nos dio la edición más singular de la carrera
Imagen: FB de La Vuelta


 

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Enric Mas

Vuelta, no hay que volverse loco con Enric Mas

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DT – 2022 post

La quinta plaza de Enric Mas en la Vuelta es un resultado de doble filo

Cuando hablamos de Enric Mas en la Vuelta o en el Tour se nos olvida una cosa que resulta obvia a la vista, pero invisible en las interpretaciones: lleva el maillot blanco.

En España lo hizo de pleno derecho, en Francia por que el titular de esa prenda, Tadej Pogacar debía priorizar el amarillo, e incluso también tendría el «polka jersey».

El problema de Enric Mas, y en esta Vuelta muchos lo han comentado, es la vorágine de jóvenes que ha tomado el ciclismo de rehén, consiguiendo que un ciclista de 25 años parezca arroz pasado, una sensación que es tan tangible como injusta, pero que se ha impuesto en los últimos dos años.

 

En el balance de Enric Mas cabe por eso ser cuidadoso, como se dice habitualmente somos muy dados a subir y bajar de pedestal corredores que son personas con una velocidad que coquetea con lo obsesivo.

Ni Enric era tan bueno hace dos años, cuando fue segundo en una Vuelta que supo gestionar a la perfección, ni va tan estancado hoy, siendo quinto.

En cualquier trayectoria deportiva, la línea recta es la excepción, en el trazo hay subidas y bajadas, distorsiones que merecen ser matizadas.

En caso del mallorquín, el quinto puesto de la Vuelta es un mal resultado aislado, pero no tanto si lo ponemos con el quinto del Tour.

Si en Francia la sensación fue la de un corredor que sabe sacar la cabeza en la tercera semana, que va a más, mientras otros acaban hincando la rodilla, en la Vuelta, Enric Mas pareció no progresar en la misma dirección olvidándonos que era la primera vez en su vida que corría dos grandes vueltas el mismo año.

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Hablando de la Vuelta, lo cierto es que Mas nunca pareció una amenaza para los primeros.

Su proverbial motor diesel le juega malas pasadas en llegadas tipo Arrate o Laguna Negra frente a ciclistas de rush final tipo Roglic, Martin o Carapaz.

El problema es que con un sistema de bonificaciones como el actual eso abre una sangría en su contra de segundos y segundos que en el ciclismo actual suponen una losa, ya lo vemos, estamos en las diferencias más pequeñas de la historia, que parecen nimias pero son muros infranqueables, para sacarle medio minuto a tu rival hay que echar instancia, los puertos duros, tipo Angliru, no permiten abrir grandes distancias, las llegadas al sprint en subida, dígase Arrate, se llega en grupo, y en las etapas de dureza encadenada, los grandes equipos le pasan lija a los rivales.

Medio minuto hoy es un mundo.

 

Ese motor diésel que tanto le sirve en el gran fondo queda penalizado en esas etapas que si un día salva, podrá aspirar a más en la semana final.

Pero para ello hay que tener la frescura que Mas lució en Francia y no apareció en este lado de los Pirineos.

La crono de Ézaro y la Covatilla en tono menor demostraron que el balear iba pidiendo la hora, y no pudo disputarle la cuarta plaza a un ciclista veterano pero nuevo en estos niveles como Daniel Martin.

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A todo ello se le añade la actitud y lo que transmite el corredor, Enric Mas será un ciclista que bien pulido podrá dar más de sí, pero su carisma está lejos de iluminar, cada uno es hijo de su padre y su madre y el carácter viene de serie, pero la gravedad que transmite en cada palabra que suelta frente a un micro no es el mejor aliado.

Al menos le honra pedir perdón y recular, cuando es necesario, como cuando dijo que una etapa de 230 kilómetros no era necesaria, y cuando no lo es tanto, como cuando se disculpó por no ganar en el Angliru.

Cuando sales a jugar la derrota entra perfectamente dentro de lo posible.

 

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