Ciclistas
A Ineos se le exige ganar bonito
Parece que Ineos quiere correr de otra manera, por el momento lo va haciendo
No sé en qué momento Dave Brailsford habló por primera vez de correr diferente en Grenadiers, casa Ineos, no sé cuándo se percató que el ciclismo son dos cosas, una la estadística, que hay que cuidar y regar concienzudamente, y otra la emoción con la que se logren las cosas.
Desconozco si esto le viene de ahora o de lejos, si bien cualquier mirada al pasado deja claro que el día que Ineos inventó el famoso trenecito, aquel que como Gabilondo las alienaciones de la Real de los ochenta, nos sabíamos de memoria para mayor tristeza del ciclismo.
Sí, hablamos de 2012, el Tour que comandó Wiggins, con Froome mosqueado y un treno en el que caminaba hasta Cavendish, en arcoíris, y Boasson Hagen parecía Mikel Landa.
Recogían los ingleses la mejor tradición de una comparación que les dolía, pues el daño que el tridente Porte-Rogers-Froome infringía al pelotón era equiparable al que habían propiciado Heras-Azevedo-Landis años antes.
El sistema de trenecitos nació con el US Postal y se perfeccionó con el Team Sky, matando cualquier atisbo de ataque o peligro para sus líderes, devolviendo al pelotón cualquiera que quisiera probar algo diferente a pasar todos los puertos del Tour al tran tran de Kwiatko, Landa, Kiryenka, Castroviejo…
Imágenes que marcaron la pasada década de ciclismo y que amenazan con tener en el Jumbo Visma un fiel feligrés
A veces hasta nos llegamos a cuestionar la conveniencia de ganar con ese rodillo: la imagen de equipo imbatible, haciendo primero y segundo, sin grieta alguna en el bloque, no me parece la forma más amable de ganarse al aficionado, por mucho que, como decíamos al principio, la estadística te respalde.
Con estos mimbres llega esta nueva versión del Ineos, la de Filippo Ganna derrochando vatios, pero no para cazar a nadie ni mantener el pelotón compacto, y sí para cazar una etapa en la prestigiada Estrella de Bessèges o la de Iván Ramiro Sosa haciéndole la pinza con Egan Bernal a Julian Alaphippe.
En principio estas acciones se venden como la nueva manera de entender el ciclismo en el Ineos, una forma de hacer alejada al control y aniquilamiento de toda opción de resistencia por la mera aplicación del aplastamiento de los rivales.
Veremos cómo sigue esta historia y si es extrapolable a las grandes citas.
El Ineos se declaró incapaz ante el Jumbo en el Tour pero al menos tuvo ese día de icónica gloria que fue la escapada de Carapaz y Kwiatkowski.
Luego el Giro cayó de su lado por la fe inquebrantable que Tao Geoghedan demostró hasta el final, mientras Ganna dejaba estampas para el recuerdo en cronos y… hasta en una etapa de montaña.
La Vuelta podría haber sido de Carapaz de haber estado mejor rodeado…
En definitiva que a Ineos, como al Barça o a Madrid, no sólo se le pide que gane, también que lo haga bonito, y es lo mínimo por que con el talento que manejan a veces parecen la selección italiana de los noventa, un equipo lleno de artistas que mataba toda individualidad por hacer lo que el fútbol italiano siempre hizo mejor, ganar en base a amargar al rival.
Será bonito ver qué hacen cuando tengan el amarillo en el Tour…




