Ciclismo antiguo
Miguel Indurain: ¿Por qué Luxemburgo fue un punto y aparte?
En Luxemburgo, los rivales de Indurain supieron que no iban a ganar el Tour con él en carrera
En la analizadísima andadura de Miguel Indurain, todos convenimos varios puntos de inflexión y momentos que marcan el devenir de unos años que, irremediablemente, recordamos con un cariño casi irracional, sin embargo tenemos por seguro que Luxemburgo fue el día D que torció su suerte y, por ende, la de los rivales.
Por eso discrepamos con el comentario de nuestro amigo Jonathan Lastra…
Yo creo que no fue en Luxemburgo donde vieron que no ganarían el tour; ya conocían su poderosa pedalada en la crono. Este día, Alpe d’Huez 91…mirada atrás y “chavales, quien quiera hacer segundo, que siga al 35, no hay nada que hacer” pic.twitter.com/W7FtboVXpp
— jorge lastra (@jorgeanlastra) May 8, 2021
… por que hay momentos que, cuando suceden, marcan para bien y acaban por decantar la balanza.
Indurain lo logró en Luxemburgo
Ese día de julio, recuerdo sábado a la tarde, se obró la perfección sobre la carretera, en más de sesenta kilómetros con unos márgenes que nuestros jóvenes ojos no habían visto aún.
De hecho, creo que diferencias como aquellas hemos podido ver en contadas ocasiones y generalmente de las piernas de Jan Ullrich, el que siempre consideramos el gran talento tras Miguelón.
Hasta Luxemburgo, Miguel Indurain había dibujado sus opciones, sin duda.
Ganador de dos etapas en montaña, el primer punto a tener presente sin duda fue Luz Ardiden y la forma cómo siguió a Lemond, quien, por cierto, le llevó en volandas a la victoria.
Tras ser derrotado en la Vuelta por Melchor Mauri, con la suspensión de una etapa en Pla de Beret que pudo serle favorable, el Tour que cae de su lado, lo hace con total merecimiento.
Gana la primera crono y pone la carrera patas arriba en un descenso, en legendario del Tourmalet, hacia el Valle de Campan, haciendo dupla ganadora con Chiapucci.
Desde ese día, ya de amarillo, Indurain se dedica a gestionar, primero el liderato y luego los malos momentos de Gap y la lluvia del Joux Plane.
Por medio, Gianni Bugno se declara incapaz de dejarle atrás en Alpe d´ Huez, en la gran tarde de Jeff Bernard
Las cronos ganadas, Val Louron y la batalla de Alpe d´ Huez fueron muescas en el revólver, pero nada que anticipara lo de Luxemburgo.
En el Gran Ducado centroeuropeo prolongó lo que se vio en el anterior Tour y lo lanzó al espacio exterior.
En cierto modo lo anticipó en la crono de Milán, la que sella su primer Giro, pero en esos sesenta kilómetros rompe todos los registros, y una cosa muy importante, da por sentado que, si nada raro sucede, dos generaciones enteras sabían que no iban a ganar el Tour en unos años.
El varapalo más evidente se lo llevó Bugno, principal rival sobre el papel, un tipo que venía como un tiro desde que ganara el Giro de inicio a fin hasta que chocó contra el navarro.
Sin embargo compañeros de generación como Chiapucci, Alcalá y Breukink tomaron nota de la imposibilidad de ganar el Tour si Miguel era de la partida, y lo mismo decir que la generación anterior, la que representaban Lemond, Perico, Roche y un Laurent Fignon que fue testigo directo del destrozo por cuanto fue doblado habiendo salido seis minutos antes.
Conviene señalar que entre estos cuatro sumaron siete Tours, la práctica totalidad de la década de los ochenta, con la salvedad de Bernard Hinault, a cuya sombra crecen y se emancipan.
Aquel día las diferencias marcaron época de tal manera, que la forma que, por ejemplo, imaginó Chiapucci para compensarlas fue un ataque en los Alpes, a más de 200 kilómetros de meta, para dar con la jornada de Sestriere.
Diferencias de ese tamaño en Luxemburgo, las repetiría Indurain en varias cronos, siendo la de Bergerac la mejor para muchos, luego, lo dicho Jan Ullrich y muy poquito más.
Aquello fue de otra galaxia.





