Ciclismo de carretera
La montaña del Giro nos ofrece otra joya
La montaña replica en parte aquella gloriosa etapa del Giro de 1994
Hace menos de un año, pero todo caso tras la presentación del Giro de Italia 2021, escribimos esto sobre la mejor etapa de montaña de la ronda italiana.
Sabéis que aquella jornada no se pudo competir en su integridad en medio de una nebulosa de malas explicaciones y confusión que dejó a la hinchada con la sensación de haber sido timada.
Un año después, esperemos olvidar aquel mal trago…
El Giro 2022 que estamos conociendo a retales nos ha puesto los dientes largos con la montaña que anuncian.
El @giroditalia siendo el #Giro ??
¿Por qué somos tan del Giro? ⬇️ pic.twitter.com/HdcgvP1alR
— A Pie de Puerto (@apiedepuerto) November 10, 2021
De las cuatro etapas que reflejamos hay un denominador común, la distancia, una batalla que creemos perdida ante las grandes organizaciones.
Por lo que sea, se nos escapa, les causa alergia irse más allá de los doscientos kilómetros, incluso a la más proclive en meter maratones, que es el Giro, quien no pasa de los 200 kilómetros, aunque os iguale, en ninguna de las etapas de montaña que presenta para 2022.
De cualquiera de las maneras, lo que hemos visto lleva la marca Giro, incluso pone alto y final en la Marmolada, algo que nunca han visto nuestros ojos, previo paso por el Pordoi.
Habrá que ver cómo se comporta la cima de la recta eterna como final de etapa
Nosotros no obstante nos vamos a la etapa entre Salò y Aprica, que consideramos jornada reina
Ya sabéis que casi siempre el nombre Aprica lleva asociado el ascenso al Mortirolo, y esta vez no será una excepción.
La etapa nos parece una maravilla, incluso con los mil defectos que se le quieran sacar, especialmente la vertiente que se programa para el Mortirolo, pues nos recuerda otra cuyo desarrollo nunca olvidaremos…
Es cierto que no se sube el Stelvio de salida pero la etapa es preciosa.
Son 200 kilómetros cuyo diente de sierra minará los ciclistas casi de salida, con tres puertos, tres puertacos, por debajo de los 2000 metros, muy mal se ha de dar para que nieve, que acumularán más de 5400 metros de desnivel.
El destrozo que se puede hacer es brutal, incluso con el Mortirolo por Eolo, una subida nada despreciable de 17 kilómetros a casi el 7%, con algunos descansillos, pero al mismo tiempo con tramos centrales y finales que se van al 10%.
Y luego el descenso… hacia el pie de Teglio, no puntuable, aunque terreno pestoso como pocos, que se lo digan a Eugeny Berzin, Abraham Olano o David Arroyo, quienes quedaron solos a la intemperie cediendo tiempo y sus ilusiones de ganar el Giro de Italia.
El Valico de Santa Cristina será el recuerdo al golpe definitivo de Pantani a Indurain en aquella jornada memorable del Giro del 94 que algunos soñamos se vuelva a repetir.
Y es que una vez más queda comprobado que si alguien es capaz de ofrecernos una joyita así, éste es el Giro, una carrera hecha en un país cincelado por y para el ciclismo.
¿Qué podría salir mal?






