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Ciclismo antiguo

En el Giro, como en la vida, “el mañana también existe”

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Giro Italia Fausto Coppi JoanSeguidor
DT – 2022 post

Cada vez que el Giro holla una cumbre, se abre un capítulo de una historia sin final escrito

Hugo Koblet fue un tipo que supo generar una leyenda en tiempos muy complicados.

Suizo, característico fue su presumido carácter: siempre peinado, siempre aderezado, perfecto para ser adulado por las cámaras, por las miradas de la gente.

Hugo Koblet no era un nombre más en Italia, tardo-primavera de 1953.

Un país que vivía pendiente del Giro, de su Giro

El Giro era una de esas excusas que sacaba del tedio y la austeridad implantados por una Guerra Mundial cuyas cicatrices supuraban aún.

En la bota había dos bandos, dos opiniones, dos Italias, dos corredores.

Los de Bartali, Gino, el viejo fraile malhumorado, quien para entonces ya había tejido una leyenda sorda por años, salvando miles de judíos del rodillo nazi.

Gino era la Italia rural, la que hundía sus raíces en el catolicismo más severo y lineal. Austeridad, trabajo, familia…

Los de Coppi, Fausto, una persona tocada por la maquia de la magia, un tipo flaco, moreno, bien peinado que tenía magnetismo sobre las personas y sus almas.

Fausto era la Italia cosmopolita, aquella que miraba adelante y quería reconstruir la grandeza de una nación joven, pero orgullosa de haber superado un trago de la dureza de una gran guerra en su territorio, de norte a sur, de sur a norte.

La sangre nunca llegó al río entre Coppi y Bartali

Ese Giro estaba entre Koblet y Coppi

El Giro transcurría feliz por esos sitios triturados por la barbarie para demostrar a la gente que sí, que “había un mañana”, algo por lo que luchar, suspirar y seguir en el camino.

Después de una etapa viene otra, y otra, una más, la rueda que no para.

Un Giro del que se descolgó rápido Gino Bartali, el florentino no era el de antes, ese ciclista con pegada en la carretera.

Su carisma era incorruptible, pero en su forma pesaban los años, plomos en sus gemelos y alma ante la generación que crecía.

Los “bartalistas” tenían un nuevo ídolo, por eso: Ese suizo presumido, Hubo Koblet, quien a tres días de Milán dominaba la escena ante el estéril acoso de Fausto Coppi.

Tres días sólo para Milán, tres días de angustia en millones de hogares italianos que seguían el ciclismo con una pasión que sólo se explicaba en clave religiosa.

Tres días de radio, de grupos de “bartalistas” y “coppistas”, cada uno a lo suyo, rodeando ese aparato que ponía al día de la suerte de los grandes campeones del Giro.

Giro Italia Ennio Doris JoanSeguidor

El joven Ennio arreglando su bicicleta en 1955
Fuente: «El mañana también existe»

En un pueblo del Véneto…

Tombolo es una pequeña localidad del Véneto, al sur de Treviso, oeste de Venecia y no lejano a Padua, un poco al sur en el mapa.

Un pueblo que ese mayo de 1953 suspiraba por el Giro y lo que allí pasaba.

Ocurrió un 30 de mayo, una sobremesa soleada y tranquila en este pequeño reducto venetiano.

En el bar del pueblo, la gente se arremolinaba alrededor de la radio.

Entre ellos un joven Ennio, apellidado Doris, quien acompañaba a su padre, un “coppista” convencido.

La suerte entre Fausto y Hugo estaba en el aire, el suizo controlaba la general pero quedaban 72 horas para sondear los contrafuertes del duomo milánes.

La etapa de aquel día acaba en Bozano, esa ciudad del Adigio que no esconde su ADN austriaco por cada vértice.

La jornada pasaba por lo más granado de los Dolomitas, encadenando Falzarego, Sella y Pordoi, un día terrible que el joven Ennio Doris imaginaba en los no pocos momentos que la transmisión radiofónica se interrumpía.

Porque aquel ciclismo fue un ciclismo al vuelo de la imaginación de la amplia mayoría que no estaba ahí, delante de los héroes para verles hacer equilibrios imposibles sobre rutas intransitables.

Cuando no había noticias, un hilo de voz que narrara la escena desde el lugar, cada uno hacía su composición de lugar, desde periodistas a aficionados.

Coppi y Koblet están escribiendo una bella, bellísima historia de este deporte. Se atacan, se dejan, por un momento parece que el piamontés podrá con el rival suizo, sería un espejismo.

Tras dejarle atrás entre las nieves del Sella, Koblet reacciona con un descenso tétrico, pero efectivo.

Entre cortes y ruidos, la radio esboza que los dos han llegado juntos a meta.

Algarabía entre los “bartalistas”, abatimiento en los seguidores de Fausto

Ennio mira a su padre y descifra la decepción en su rostro.

Fausto Coppi había consumido, sobre el papel, la mejor opción de hacer caer a Hugo Koblet.

De vuelta a casa Ennio le transmite la decepción a su padre, éste de cuclillas le coge de los hombros y le mira fijamente a los ojos: “Ennio, no pasa nada, el mañana también existe, Fausto tendrá otra oportunidad”.

Y Fausto, como su padre, creyó en el mañana

Giro 1953 Coppi

Al día siguiente, Fausto Coppi asalta las paredes heladas del Stelvio y doblega a Koblet.

Había sentenciado el Giro a su favor.

“El mañana también existe” fueron las palabras que su padre pronunció, las mismas que Fausto hizo realidad.

“El mañana también existe” fue la frase que para siempre acompañó al joven Ennio Doris, la frase que aplicó desde el minuto uno de la creación de lo que hoy es Banca Mediolanum.

Giro Italia Mediolanum Ennio Doris Ballan Moser JoanSeguidor

Ennio Doris en la salida de Piancavallo entre Francesco Moser y Alessandro Ballan

La misma frase que aplicó esos días de vértigo, a finales del verano de 2008, con la caída de gigantes financieros, la misma que le rondó la mente cuando vio el derrumbe de las torres gemelas el 11 S, idéntica a la que practica en su gestión de Mediolanum, una entidad que ha sido diferente desde la raíz hasta nuestros días.

Hoy Ennio Doris devuelve al ciclismo, a esa pasión que floreció desde su tierna infancia, su cariño patrocinando el gran premio de la montaña del Giro de Italia, el país de las cimas mágicas que conquistan corazones y rompen la resistencia de los ciclistas.

Un acto de filantropía ciclista que llena de azul los senderos que conducen la cima, porque por muy dura que sea la subida, por complicada que se haga, por larga y penosa, más allá, vendrá el descenso, el aire fresco del valle…

Por que más allá “el mañana también existe”.

Imagen: FB Giro d´ Italia

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Ciclismo antiguo

Bernardo Ruiz fue el primero en muchas cosas

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DT – 2022 post

Muchas cosas inéditas para el ciclismo español tuvieron la firma de Bernardo Ruiz

En nuestra mente bullen varios nombres que son merecedores de un justo elogio a la hora de plasmar estas líneas. El Tour de Francia, por su categoría, es la prueba por excelencia que siempre ha marcado la pauta de los acontecimientos ciclistas. Esta vez nos queremos centrar evaluando la figura de este forjador de kilómetros llamado Bernardo Ruiz, cuya semblanza deportiva girará ante un hecho que tuvo mucho eco en el mundo internacional de la bicicleta, aunque en estas páginas lo trataremos de una manera un tanto simplificada.

Queremos, con todo, dar constancia de los logros alcanzados en el Tour de Francia, algo que para nosotros tuvo en su tiempo una trascendencia de gran alcance a favor de nuestro ciclismo.

Un historial de prestigio

Bernardo Ruiz Navarrete nació en la histórica población de Orihuela, en el año 1925; en una calle denominada San Francisco, al pie de la Sierra de La Muela, un lugar muy popular situado en tierras alicantinas.

El Tour, queramos o no, es la competición que da más fama y popularidad al ciclista. Constituye el trampolín de mayor proyección mundial. No hay competición más loable y a la vez más fructífera en su cometido.

Aunque Bernardo Ruiz ya había conquistado buenos laureles en nuestro país, su verdadero prestigio lo alcanzó en la ronda gala. Fue el punto de partida cara a otras gestas que posteriormente protagonizaron otros varios ciclistas españoles. Fue el que abrió las puertas a nuestro ciclismo, un ciclismo un tanto maltrecho en aquel entonces por la escasa capacidad económica del país y la ausencia de patrocinadores. Bernardo Ruíz fue, en verdad, un arrojado y pundonoroso pionero.

Cabe hacer mención, siquiera como dato informativo inicial, que Bernardo Ruíz de buenas a primeras se dio a conocer en la Vuelta a Valencia por etapas, encuadrado en el equipo del “Frente de Juventudes” y representando a Alicante. Se adjudicó no sólo la prueba en cuestión, sino también el Gran Premio de la Montaña, un título que en aquellos tiempos era sumamente valorado en nuestro suelo patrio. Este primer triunfo logrado de cierta importancia y eco se producía en concreto en el año 1944.

De todas maneras nunca está de más el de que introduzcamos un inciso muy sucinto poniendo sobre el tapete sus victorias más cotizadas que consiguió y que engrosaron en su historial. Cabe destacar especialmente su victoria absoluta en la Vuelta a España (1948) y sobre todo, con anterioridad, su triunfo a todas luces inesperado en la Vuelta a Cataluña (1945), a la temprana edad de veinte años. Poseía otras varias victorias, particularmente en la Vuelta a Valencia (1945 y 1946), Campeonato de España de fondo en carretera (1946, 1948 y 1951) y Vuelta a Los Puertos (1950 y 1951), que damos constancia en un muy breve resumen.

Shimano Sep 2022 – Post

Una competición muy particular

Fue particularmente elocuente su triunfo en la Barcelona-Pamplona (1951), corrida tras moto en dos sectores, con parada y avituallamiento en Zaragoza, bajo un escenario dantesco a causa del viento desencadenado en la zona más desértica de los Monegros y la dureza natural impuesta por la distancia a cubrir de 437 kilómetros. Ignacio Orbaiceta, auténtico navarro y antiguo corredor ciclista, montado en su motocicleta, contribuyó en la sonada victoria del oriolano bajo una estrecha y mutua compenetración. Se dio la circunstancia de que en alguno que otro descenso del recorrido aquel artilugio a motor no daba más de sí. Ruiz se veía obligado a contener su pedaleo en contra de su voluntad y su fuerza sobre los pedales.

Fuimos nosotros testigos afortunados de aquella heroicidad. Recordamos el ruido monótono y tormentoso de los motores. Fue en su conjunto una pesadilla para nuestros oídos. Algo que recordamos perfectamente como si fuera hoy. Sí que aprovecho la oportunidad que me dan estas líneas y singularizo en este párrafo para hacer constatar que esta flamante prueba ciclista fue la primera que pude seguir, como tantas otras que vinieron después, como periodista especializado en todo lo que hacía referencia al deporte de las dos ruedas. Colaboraba abiertamente en el semanario “Vida deportiva”, rotativo desaparecido de años.

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Bernardo Ruíz, aquel primer español que pisó podio del Tour

Bernardo Ruiz nos abrió las esperanzas en la esfera internacional. Primeramente, paso previo, con motivo del Tour del año 1951, cuando ganó destacado las dos etapas que finalizaban en Brive (10ª) y en Aix-les-Bains (21ª), victorias que no fueron nada fáciles. Como consecuencia de lo acontecido, aquel fornido ciclista de Orihuela se clasificaría el noveno en la tabla de la clasificación final. Fue un buen presagio a lo que acontecería al año siguiente.

Por vez primera, a Ruiz le cupo el alto honor de ser el primer español en subir al podio, al conquistar un brillante tercer puesto. El vencedor fue el inolvidable ciclista italiano y portentoso campeón, Fausto Coppi, indiscutible ganador con nada menos 28 minutos de ventaja sobre el belga Stan Ockers, que hizo el segundo. Tras Bernardo Ruiz, situado a 34 minutos, quedaron el italiano Gino Bartali, el francés Jean Robic y el otro italiano Fiorenzo Magni, en este orden. Dicen las viejas crónicas que aquel Tour fue alucinante; de los que se han de recordar siempre.

Coppi fue el mejor ciclista de todos los tiempos

En cierta ocasión en un encuentro que tuvimos un tanto distendido, le quise preguntar a Bernardo Ruíz cuál había sido para él el mejor y más admirado campeón del pedal de entre los muchos que él se enfrentó. Bernardo no dudó en afirmarme que por encima de todos los ciclistas con los cuales había competido e incluso mantenido una buena amistad en el mundo de las dos ruedas colocaba a Fausto Coppi como un fenómeno sin igual y con clase incomparable. Era un corredor muy completo que destacó en variadas disciplinas, tanto en las carreteras como en los anillos de los velódromos.

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Conclusión final

A modo de colofón final, digamos que Bernardo Ruiz decidió retirarse definitivamente en el año 1958 tras haber competido oficialmente durante catorce largas temporadas luchando contra viento y marea frente a los acontecimientos de la ruta. Su vida como ciclista no le fue ni mucho menos fácil o más o menos cómoda. Era un corredor de temperamento fuerte, con una gran fortaleza física y con una capacidad innata para recuperarse de un día para otro con sombrosa rapidez.

Tuvimos la feliz oportunidad de vislumbrar y vivir muy de cerca sus heroicas gestas. Tenemos ahora un poco la sensación de que nos hubiéramos podido extender un tanto más adentrándonos en la marcada semblanza de Bernardo Ruiz. A lo mejor más adelante, la ocasión vendrá fortuitamente como complemento a lo que hoy hemos hilvanado.

Aún así nos sentimos compensados por haber escrito los que hemos escrito. Quedan, es verdad, demasiadas anécdotas y demás vivencias en el tintero. Sin embargo, nos quedamos reconfortados, porque hemos tratado de situar en justo lugar y al mismo tiempo transmitir la valía desplegada por este corredor que en otros tiempos, repetimos, revitalizó el ciclismo español. Perdura siempre en nuestro interior aquel acontecimiento que supuso el ser el primer ciclista español que pisó el podio de honor en el Tour. Todo un tercer puesto que valió oro y que nos abrió las puertas en el campo internacional.

Nosotros, sumergidos dentro de la caravana multicolor, pudimos percibir de cerca el esplendor desplegado por la figura deportiva que ha representado Bernardo Ruíz y que vale nuestro sincero reconocimiento.

Queríamos invitaros a profundizar en la figura de este grande viendo el Conexión Vintage que Teledeporte dio el pasado hace unos años.

Por Gerardo Fuster

Imagen: Ride Media

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Ciclismo antiguo

Freddy Maertens fue estadística y sentimientos

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DT – 2022 post

Esta es la historia de un ciclista que trasciende su tiempo, Freddy Maertens

Quisiéramos exponer siquiera de una manera sucinta y dedicada a la figura de otros tiempos, el belga Freddy Maertens, un corredor emblemático que cosechó muchos laureles dándole a los pedales y que merece por nuestra parte unas líneas de recuerdo al haber cumplido la edad de 63 años. Tuvimos la suerte de seguir muy de cerca sus pasos en sus épocas de gloria que se decantaron en la década de los setenta.

Nació en el año 1952, en la localidad de Nieuwpoort, localizada en la región de Flandes Occidental, lindante al mar del Norte y junto al río Yser, en territorio belga. Queremos mostrar alguna que otra consideración en torno a este ciclista que en su tiempo catalogamos de fisonomía o silueta un tanto singular, de carácter un tanto chocante, que a través de nuestro trato nos llamó poderosamente a la atención. No se nos escapa  que se comportó siempre con nosotros con mucha educación y evidente caballerosidad. No podemos decir otra cosa.

Shimano Sep 2022 – Post

El trampolín de la Vuelta a España

Era por encima de todo un buen y cotizado velocista. De ahí que conquistara un buen número de etapas en las prueba de largo kilometraje de varios días de duración. Por ejemplo, en la Vuelta a España del año 1977, sí recordamos, que se adjudicó como vencedor absoluto, superando al español Miguel María Lasa y al alemán Klaus Peter Thaler, tomándose el lujo como complemento a su magnífica actuación de ganar en nada menos trece etapas, todas casi de una tacada, un hecho insólito que nadie hasta la fecha ha podido igualar.

Aun siendo un hombre particularmente rápido, también se mostró especialmente belicoso en las competiciones de contrarreloj y en las carreras clásicas de un sólo día. Era un corredor de temperamento atacante por sistema. No se arredraba ante sus adversarios que bien le conocían.

Aclamado en el mundial de Barcelona

Fue campeón del mundo en los años 1976 y 1981, todo un mérito, aunque personalmente recuerdo con especial predilección su brillante exhibición que llevó a cabo en el Campeonato del Mundo celebrado precisamente en Barcelona (1973), en donde se inclinó en última instancia frente al italiano Felice Gimondi, otro ciclista muy valorado.

El malogrado corredor español, Luis Ocaña, que fue muy beligerante a lo largo de la contienda, consiguió en aquella jornada ser el tercero; mientras que Eddy Merckx, el gran favorito, no pudo imponerse en aquel día de tono festivo que se vivió en la popular montaña de Montjuïc, en la cual se dieron cita miles y miles de aficionados. Fue todo el entorno, aquel marco, un escenario majestuoso e inolvidable, que ahora bien recordamos con hasta una especial nostalgia. Ciclísticamente hablando, hay hechos que así como así perduran con más intensidad en nuestros pensamientos, en el común denominador de las dos ruedas.

Importante número de victorias

La carrera deportiva de Freddy Maertens fue más bien fugaz. Tal como se desprende viendo su historial, y que de manera muy somera publicamos en estas columnas. Dentro del profesionalismo, acaparó básicamente el período más destacado entre los años 1972 y 1981, que representaron nueve años de intensa acción, pero que supieron a poco. Siendo corredor aficionado copó nada menos 51 victorias y en el campo profesional cosechó la brillante cifra de 221. Son datos nada desdeñables y que hablan de por sí de su innata capacidad física y de empuje como ciclista. Siendo corredor amateur, es de señalar al consagrarse campeón de Bélgica a la edad de tan sólo 19 años, y, a la vez, alcanzar asimismo el título de subcampeón en el mundial.

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Su carrera deportiva siguió una línea ascendente y hasta fulgurante. Los asesores técnicos en la materia llegaron a creer, a vaticinar, que iba a ser el sucesor o sustituto idóneo de nada menos el famoso y popular Eddy Merckx, que ganaba en el año 1975 su última carrera importante y que acabaría retirándose definitivamente en 1978. Por otra parte, la triste realidad es que Maertens no logró cumplir con las esperanzas o señuelos de los forofos del deporte de la bicicleta. Fue un espejismo que la realidad truncó con todas las esperanzas que se habían depositado en torno a él.

Un historial rico, pero corto

Cabe señalar los últimos pasos que asolaron la carrera de Maertens y que incluso supusieron una luz en su firmamento. En el Giro de Italia de 1977, sufrió un aparatoso accidente que le ocasionó una fractura de la muñeca y la obligación de abandonar la prueba por etapas. Con todo pudo sobreponerse ante la adversidad. Con cierta continuidad, pudo conquistar la clasificación por puntos en el Tour de Francia en los años 1976, 1978 y 1981, además de reconquistar, por segunda vez, el título mundial de carretera (1981), vistiendo en consecuencia la camiseta irisada, cosa que redondeó transcurridos cinco años después.

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Punto final e historial  

Podríamos escribir algunas cosas más sobre este tema que nos ocupa, pero hemos preferido realizar una simple síntesis acerca de este corredor un tanto llamativo que los buenos aficionados disfrutaron de sus actuaciones sobresalientes. Siempre es bueno el poder rememorar o traer a la memoria ciertos pasajes del pasado que constituyen un eslabón de interés para comentar en justa medida y merecimiento. Siempre nos satisface el poder exponer esa clase de relatos que ensalzan a fin de cuentas las grandezas que encierra nuestro ciclismo.

  • Palmarés abreviado

Campeonato del Mundo de fondo en carretera 1976 y 1981; Vuelta a España de 1977; Vuelta a Bélgica de 1975; París-Niza 1977; París-Bruselas 1975; Tours-Versailles 1975; Gran Premio de las Naciones contrarreloj individual 1976; Trofeo Baracchi por parejas 1976; Amstel Gold Race 1976; Flecha Valona 1977; Maillot Verde Tour de Francia 1976,1978 y 1981

Por Gerardo Fuster

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Ciclismo antiguo

La Vuelta que Melchor Mauri ganó a contrapié

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DT – 2022 post

Aquella Vuelta de Melchor Mauri siempre tuvo la duda de la etapa de Pla de Beret

Hace más de treinta años la Vuelta impuso una costumbre efímera, la crono por tríos que en 1991 empezó a enfocar a un ciclista hacia la victoria ya de inicio: a Melchor Mauri.

Cada equipo se partía en tres unidades y las situaba a su capricho en la parrilla horaria de salida, una salida que se hacía desde Mérida, desde la escena del teatro romano, donde los ciclistas desfilaron el día de antes que el pañuelo cayera.

De la ciudad romana que acogió parte de los jubilados de las grandes campañas del imperio, como digo salió de líder Melchor Mauri, ciclista catalán, de la bella Vic, la cuna de Osona, en el valle de piaras y nieblas casi perennes. Mauri, acompañado de Herminio Díaz Zabala y Anselmo Fuerte, cogía un maillot amarillo, que compartió con sus compañeros de trío los días siguientes y que parecía tan evanescente como la niebla de su querida tierra.

Shimano Sep 2022 – Post

Los días pasaron, paulatinamente se quemaban etapas y la situación seguía siendo la misma.

La antesala del primer ciclo clave fue más proclive al líder, Mauri ganaba la crono de Mallorca y las diferencias empiezan a ser significativas.

Mauri literalmente volaba contra el crono.

Esos días era inalcanzable para todos y para uno en especial, Miguel Indurain, quien perdía esos días las ultimas cronos clave de su carrera, pues el navarro se hallaba en los días previos a su gran dominio en el Tour.

La consabida debilidad de Mauri en las montañas era la moneda de cambio para que muchos pronosticaran su ocaso en la punta de carrera, pero hete aquí que la Vuelta en primavera tenía esas cosas, que un día amanecía y resultaba que el cielo había roto sobre tu cabeza y había dejado caer toda la nieve del mundo, esa nieve que dejó impracticable la Bonaigua y el posterior ascenso a Pla de Beret. La etapa para muchos clave no se podía hacer.

“Etapa corrida, etapa perdida”

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Al día siguiente, entre restos de la nieve que anuló la etapa reina, la carrera subió a Cerler de donde el líder sale vivo, muy vivo, a pesar del acoso de Indurain e incluso Marino Lejarreta, compañero del maillot amarillo, que en verdad era la baza de su equipo, como con los días se empezaba a astibar.

Pero Mauri estaba de dulce, y cada vez que la carrera entraba en la lucha individual, tomaba las riendas, incluso en terrenos sobre el papel hostiles, como la cronoescalada de Valdezcaray, donde el catalán seguía incrementando la cuenta y dejando a sus rivales con la responsabilidad de hacer todos los deberes entre los Lagos de Covadonga y El Naranco.

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En las cumbres astures, se comprobaron dos cosas, que el líder encajaba con éxito todos los golpes y que en la ONCE el cuadro si no de guerra civil, era próximo a ella, pues Lejarreta actuaba como jefe en una situación que invitaba a la prudencia por respeto a quien llevaba la casaca amarilla.

El acoso alcanzó su cénit en las tierras donde Pelayo empezó la reconquista, pero de ahí no pasó, no había más terreno, no más que otra crono, por Valladolid, donde Mauri acabó la faena que había iniciado tres semanas antes en Mérida, una Vuelta, toda una Vuelta a España que en Catalunya sigue siendo la última desde entonces y la segunda de la historia, tras que se llevó el discreto Josep Pesarrodona años antes.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

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Ciclismo español, 68 años para ganar el mundial

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Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor
DT – 2022 post

Vamos a por el mundial, la gran asignatura pendiente del ciclismo español

Ayer lo dejamos en la antesala del mundial, una carrera que al ciclismo español tardó 68 años para ganar un Mundial..

Si en los años 50, un español ya vistió el maillot jaune en París, como síntoma del gran amor por las grandes vueltas a este lado de los Pirineos, tuvimos que esperar al cambio de milenio para estrenarnos en  carreras como Giro de Lombardía, Flecha Valona, Lieja- Bastogne- Lieja, Campeonato de Zurich, Giro de Lombardía o Gante- Wewelgem.

Un palmarés asimétrico entre clásicas y vueltas  que parece camino de corregirse.

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Sin embargo, un hito algo lejano en el tiempo quiso darle, aunque de forma esporádica, continuidad a la obra de Poblet.

En 1992, Federico Echave ganaba el lejano Gran Premio de las Américas en Canadá, logrando así la segunda victoria española en los años de la Copa del Mundo. Si Miguel Indurain había abierto este capítulo en Donostia, un par de años antes, la del corredor de Kortezubi era la primera en terreno foráneo.

En la extinta Copa del Mundo, que la UCI dio sepultura en 2004, hubo otros tres triunfos españoles, los tres precisamente el año del sepelio de este ranking. En 2004 ganaban Oscar Freire, Miguel Ángel Martín Perdiguero y Juan Antonio Flecha, San  Remo, San Sebastián y Zurich, respectivamente.

Sin embargo para muro infranqueable, ninguno como el del Campeonato del Mundo.

No fue hasta Colombia en 1995 que el ciclismo español no inició la cuadratura del círculo en la que se halla inmerso.

Si Wewelgem necesitó de 70 años para ser española, el mundial necesito 68.

En 1935, en la novena edición, la localidad belga de Floreffe era escenario de un desenlace que ubicó a Luciano Montero en la segunda plaza.

Luego llegarían las preseas de Ramón Saez, Luis Ocaña, en la olímpica montaña de Montjuïc, y Juan Fernández.

Medallas todas ellas importantes, pero ninguna de matiz dorado y huérfanas de arco iris. En 1995, Abraham Olano, segundo en la anterior Vuelta a España, visitó por fin el preciado maillot acompañado por Miguel Indurain, portador al final de dos platas en esta cita, y Marco Pantani.

Luego vendrían tres títulos de Oscar Freire y otro de Igor Astarloa más el de Alejandro Valverde en Innsbruck, cuatro años han pasado.

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Esos odiados adoquines

Cuando Igor –por Astarloa- y yo veíamos ciclismo por la tele siendo amateurs, disfrutábamos mucho más viendo la Roubaix que la Vuelta a España”.

Estas palabras de Pedro Horrillo, uno de los “abogados del diablo” por las grandes clásicas, resumen perfectamente el carácter universal de la generación que finalmente ha tomado las riendas del ciclismo en España. El cambio más sustancial ha sido sin duda, la variación de actitud ante las grandes citas del pavé.

En torno al Tour de Flandes y la París- Roubaix, creció durante muchos años una leyenda negra que alejaba los primeros espadas el ciclismo español de sus cunetas. Ahora parte de esos primeros espadas se atreve con el reto.

Hasta que Juan Antonio Flecha no probó los cajones de Roubaix y Flandes, sólo el legendario Poblet había estado en uno de ellos.

El mito catalán fue segundo en 1958 y tercero en 1960 en el “Infierno del Norte”.

Cuando Flecha se fugaba junto a Tom Boonen y George Hincapié en 2005 y arribaba tercero al velódromo, se zanjó una ausencia de nada menos que 45 años.

Un par de años después, el catalán oriundo de Buenos Aires, volvió al podio para ser segundo.

En 2008 Flecha rompió el maleficio flamenco logrando la tercera plaza en la Ronde.

Hasta esa fecha, el mejor resultado de un español en los muros de Flandes lo había firmado Jesús Del Nero sin pasar del top ten. Si Luis Otaño, 35º en 1963, hubiera levantado la cabeza. Con todo los larguísimos palmarés de Flandes y Roubaix carecen de nombres españoles entre sus ganadores.

En las semiclásicas belgas cabe anotar presencia española y también reciente.

La  Gante- Wewelgem cayó en saco hispano de la mano de Oscar Freire.

Hasta 2005, una vez vista la vergonzosa “persecución tras moto” protagonizada por Nico Mattan, ninguno había estado en el podio.

Entonces tuvimos a Flecha segundo, quien en 2010 rompió la squía en la antigua Het Volk, hoy Het Niueuwsblad.

Siguiendo con el calendario belga, originales han sido las tres victorias seguidas de Oscar Freire en la Flecha Brabanzona.

Tres triunfos que contrastan con la ausencia total de resultados en el  E3. Fran Ventoso logró en 2010 inaugurar el casillero en la París-Bruselas.

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Italia y Ardenas, pocas pero buenas

A pesar de haber sido siempre mucho más afines, las clásicas de las Ardenas junto a las grandes italianas habían ofrecido hasta hace bien poco un balance más bien pobre. E

n el caso de las transalpinas, existe un tremendo vacío desde las dos victorias en San Remo de Miquel Poblet, prolongadas por Freire hasta en tres ocasiones. Por el medio, muchas y meritorias actuaciones de corredores como Pérez Francés, Perurena, Juan Fernández e incluso Angel Edo, pero ningún podio y mucho menos, ningún éxito.

Para ausencia de triunfos por eso, el Giro de Lombardía, donde resaltaron los podios de Marino Lejarreta y Samuel Sánchez hasta que Joaquim Rodríguez hizo diana en la última edición. En otra de las citas notables, tradicionalmente en el otoño, del calendario italiano, la Milán- Turín, se impuso Poblet en 1957. Marcos Serrano lo haría en 2004, mismo año de la victoria de Juan Antonio Flecha en el Giro del Lazio.

Las Ardenas siempre han sido, dice la leyenda, un territorio más apropiado para el corredor español, históricamente agonístico, buen “grimpeur” y osado bajador, que los adoquines de la primera parte de la primavera. Eso es lo que dice el mito, por que la realidad ha sido más bien cruda.

Hasta 2003, con Igor Astarloa, no se logró mediar con éxito en la Flecha Valona. Y hasta 2006, con Alejandro Valverde, no se ganó la decana por excelencia, la Lieja- Bastogne. Lieja. ¡104 años después de su creación!.

A todo esto, la Amstel Gold Race sigue sin ganador español, aunque sí integrantes en el podio…

 

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