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Ciclismo antiguo

Las cinco grandes gestas de Miguel Induráin

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De entre muchas, hemos escogido las cinco gestas de Miguel Induráin

No tenemos remedio y es que nunca nos olvidamos de él, ahora vamos a por las cinco gestas de Induráin que vistas ahora lo marcan todo.

Sus hazañas a lomos de una bici por Italia, Francia y España.

Y es que, como siempre decimos, Induráin nunca pasará de moda.

 

Siempre en el candelero y más ahora que a sus 55 años vuelve a la competición, algo que en broma ya vaticinamos en este mal anillado Cuaderno.

Todos recordaremos mientras vivamos a Miguel V de Francia.

También a Miguel II de Italia, al Extraterrestre, al Exterminador, al Rey Miguel, a Big Mig, a Michelone, Indurainator o Tritourador.

Apodos, todos ellos, que definieron con mayor o menor acierto al mejor ciclista del mundo en aquel momento.

El Gran Miguel, Señor de las Carreteras,  que tuvimos la fortuna de vivir la época más dorada del ciclismo español y una de las más bellas del ciclismo mundial.

No fue un sueño y su vida fue también parte de la nuestra.

Las gestas de Indurain nos marcaron.

Como aficionados, quizás muchos no sabríamos decidirnos a la hora de elegir sus momentos más brillantes.

Sus mejores actuaciones. Las más emocionantes.

Pero vamos a intentarlo.

Al menos quedarnos con cinco de sus grandes gestas, las que para nosotros fueron sin duda las jornadas más memorables.

Hay mucho y bueno donde elegir.

Podríamos empezar diciendo que Induráin puso en el escaparate al ciclismo español en el mundo.

Esto ya de por sí fue una hazaña.

 

Seguiríamos hablando de cómo un ciclista, con una fuerza descomunal, fue capaz de sacrificarse permanentemente por este deporte para llegar a la cúspide y alcanzar la gloria.

Porque Induráin era demasiado grande para la bicicleta y tuvo que forjarse a sí mismo.

Bruyneel Indurain JoanSeguidor

Otra proeza.

Y a partir de aquí, la leyenda.

Podríamos narrar sus gestas contra el reloj o como el gigante podía contra todos en la montaña, marcando entonces aquel ritmo con un estilo que todo el mundo llegó a admirar.

Los escaladores apenas le hacían daño.

Como trovadores y poetas medievales podríamos cantar sus hitos más destacados, sus victorias más sonadas.

Haciéndolo de esta manera, seguro que acertaríamos.

Pero todos los que idolatramos a Induráin conocemos sus proezas y narrarlas sería el recurso fácil, un camino demasiado trillado.

Todos sabemos que Miguel ha sido grande en la victoria pero también en la derrota, y es ahí adonde hemos querido ir a parar.

Por eso hemos elegido de entre todos sus triunfos, pero también hemos rebuscado entre sus capitulaciones que, igualmente, han hecho crecer el mito.

Nuestro Top 5

Número 5. La Vuelta del 85: el líder más joven

Corría el año 1985 y Miguel participaba en la Vuelta, su primera gran ronda por etapas. Tenía tan solo 20 años.

En el prólogo de Valladolid da la sorpresa quedando segundo tras un especialista como Oosterbosch, que entonces era el mejor en este tipo de pruebas.

Pero el holandés no podía ni con las tachuelas de tercera y en la segunda jornada se quedó en la primera cuesta.

De este modo Miguel se convertía en el líder más joven de la historia de la Vuelta a España.

Su primer hito.

El Izoard sólo dio alegrías a Indurain

Número 4. Tour del Porvenir del 86: desmelenado en el Izoard

Su segunda gran empresa, logrando su primera gran victoria como profesional en Turín, en el Tour del Porvenir de 1986, con exhibición incluida en el Izoard, donde dio a conocer al mundo del ciclismo su imponente marcheta tropical cuesta arriba.

Algo que repitió diez años más tarde cuando se impuso en aquel memorable Dauphiné Libéré.

La colección de invierno de Spiuk 

Número 3. Giro del 94: espectáculo en el Mortirolo

Podemos recordar sus épicas actuaciones en el Giro: llegó a Italia en 1992 y arrasó. Casi ni le inquietaron y aunque en 1993 repitió victoria, sufrió como nunca antes lo había hecho.

Él y nosotros, su afición.

Aquel año tuvo que luchar ante la fuerza de los equipos italianos y la dureza de sus montañas.

En la ronda italiana del 1994 fue derrotado, pero todos recordamos la etapa Merano- Aprica: en el Mortirolo Miguel ofreció un espectáculo grandioso.

En nuestra memoria colectiva quedó cómo Pantani atacó nada más comenzar su ascenso. Berzin le siguió. Miguel parecía que no podía.

El ruso se había cebado a rueda de Marco y lo pagaba caro: se quedaba.

Por detrás, un Induráin imperial que había impuesto su ritmo, lo atrapó y lo soltó a dos kilómetros para la cima.

Le metió 1’30’’ en esa corta distancia. Parecía que la maglia rosa estaba a su alcance.

Lo que pasó luego, en el Valico de Santa Cristina, fue otra -triste- historia.

Mundial Colombia JoansEGUIDOR

Número 2. Mundial de Colombia del 95: un oro y una plata, con sabor a oro…

En sus participaciones en los Mundiales, Miguel Induráin consiguió un oro, dos platas y un bronce.

Oro en el de contrarreloj de Colombia (Duitama) en 1995: el segundo campeón del Mundo de la especialidad, después de Boardman (1994).

Plata en Oslo en 1993, detrás de Lance Armstrong, y Colombia’95, que ganó Abraham Olano y Miguel, dando una magistral lección de ciclismo, de señorío, fuerza y de conocer las reglas del juego, hizo de auténtico secante disuasorio a todos aquellos que osaran ir en persecución de su compañero de equipo.

Por último recordar su medalla de bronce en Sttutgart en 1991.

 

Número 1. El Tour del 95: su obra maestra

Lo que hizo Miguel en sus cinco Tours consecutivos victoriosos daría para escribir varios libros.

Fue un lustro de oro y podemos recordar multitud de hazañas como la etapa Jaca-Val Louron, en 1991, cuando bajando el Tourmalet, Miguel ataca bajo un calor sofocante. Entre él y Chiappucci destrozan la carrera en la subida final a Val Louron. El italiano gana la etapa y Miguel se convierte en el nº1 del ciclismo mundial.

¿Y quién no recuerda la crono de Luxemburgo del Tour del 92?

Armand de las Cuevas, el segundo clasificado, a 3 minutos. Bugno, el que tenía que ser su gran rival, tercero a 3’41’’, Lemond a 4 minutos, Delgado a casi 5, Chiappucci aún más distanciado…

Una auténtica escabechina.

En Luxemburgo, Induráin infundió el terror entre sus rivales.

En el Tour del 93, Miguel llega enfermo a los Pirineos. Rominger y Jaskula le atacan en el Tourmalet y le meten casi un minuto.

Descendiendo el coloso, Induráin da una nueva lección y atrapa, llegando por detrás como una exhalación, al suizo y al polaco: les acababa de enjugar, en diez kilómetros de bajada, los 55” de ventaja que le llevaban.

Rominger, cuando lo vio a su lado, no se lo podía ni creer.

De 1994 nos habríamos de quedar sin duda con la etapa Cahors-Hautacam: Miguel ya era líder de aquel Tour, pero decidió mover el manzano en la última ascensión.

Resultado: Rominger se quedó y nadie fue capaz de seguirlo a excepción del francés Luc Leblanc que, a rueda, se impuso al sprint en meta. Quedaba media carrera por delante, pero el suizo, segundo en la general, estaba ya a casi 5 minutos.

Terrorífico.

Y llegamos al 5º Tour. Para nosotros el mejor, sin duda, la mejor de las gestas de Induráin.

En esa edición tenemos tantos buenos momentos para elegir… Podríamos citar la etapa Charleroi-Lieja, en la que Induráin atacó en el clásico terreno de cotas que jalonan la monumental Lieja-Bastogne-Lieja.

Sólo Bruynnel, sin darle un puñetero relevo, fue capaz de aguantarle la rueda. Ni los Riis, Zulle, Jalabert, Gotti o Rominger fueron capaces de dar caza a un Induráin desatado que realizó una de las mayores demostraciones de toda su carrera, a pesar de que la victoria de etapa fue para su compañero de fuga.

 

Un hecho que siempre fue una constante en toda su carrera deportiva: para su acompañante de escapada, la etapa, y para él, la general.

Pero lo mejor estaba por llegar en la 9ª jornada entre Le Gran Bornand-La Plagne.

Zulle andaba escapado por delante. Induráin empieza a poner su ritmo infernal por detrás.

Aquello fue un destrozo brutal y todos sus grandes rivales se fueron descolgando uno a uno: un espectáculo tremendo.

Los mejores habían quedado reventados por el paso militar de Miguel.

Zulle ganó, pero el 5º Tour estaba ya en su mano.

Para finalizar este repaso de las grandes hazañas de Miguel Induráin, llegamos a lo que para nosotros sería su mejor gesta, la mejor de las mejores.

Por eso, queremos permitirnos esta pequeña licencia y otorgarle a esta hazaña la calificación “fuera de categoría”.

Al fin y al cabo, en esta proeza, Induráin no luchó contra ningún rival que no fuera él mismo, desafiando las leyes de la naturaleza.

Entre las gestas de Induráin está fue la total.

 

Hors Catégorie. Récord de la hora de Burdeos (1994)

Lo que vivimos el 2 de septiembre de aquel año lo gozamos y disfrutamos como nunca.

Fue algo completamente distinto a lo que habíamos visto antes: el mayor espectáculo ciclista del mundo.

Todo, absolutamente todo, fue espectacular: empezando por su bicicleta, la famosa Espada, pasando por su estratosférica indumentaria, el ambiente que se vivió aquel día en el velódromo de Burdeos, la puesta en escena, el impacto mediático…

Una jornada inolvidable que perdura en nuestra memoria.

Otra de las gestas de Induráin.

Ahora os toca vosotros.

Decidnos… ¿cuál sería vuestro Top 5 ideal?

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Ciclismo antiguo

Francesco Moser, “signore Roubaix”

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En la leyenda de Moser, Roubaix es un lugar esencial

La historia es caprichosa, como muchas veces hemos dicho, y situamos a corredores en nuestro imaginario en una faceta que, aunque siendo cierta, no es la única que vistió su leyenda, sucede con Moser y Roubaix.
Por eso cuando la imagen más divulgada de Francesco Moser es la de ese ciclista ancho, profunda mirada, pelo negro, angulada cara y perfil corpulento, sobre la rompedora máquina con la que destrozó el récord de la hora en las altitudes de Ciudad de México, sólo es eso, una faceta, un perfil ideal, una forma de recordar un corredor que fue mucho más y logró mucho más.
Moser también tiene un Giro, el de 84, una carrera marcada por las múltiples influencias que concurrieron para que ganara un italiano ante la insolente juventud que despertaba de Laurent Fignon, que a todas luces fue el ganador moral de aquella carrera. Público hostil, helicópteros que empujaban en las cronos,… Moser tenía que ganar por lo civil o lo criminal. Así lo hizo.
Pero hay una tercera faceta, conocida aunque quizá menos por muchos, las clásicas, y es que Francesco Moser, ese ciclista de porte elegante, rodar agresivo y tremenda ambición, tiene en su palmarés nada menos que seis monumentos: tres Roubaix, dos Lombardías y una San Remo, un botín que le sitúa entre los mejores de siempre, especialmente en el Infierno del Norte, donde sólo le superan De Vlaeminck y Boonen.
De hecho Moser es el tercer mejor ciclista del mundo sobre los afilados adoquines encadenando, y eso sí que es difícil, por lo imprevisible de la carrera, tres triunfos consecutivos, logrados en un tiempo en el que las clásicas tenían grandes nombres de todos los tiempos, aunque especialmente uno, Roger De Vlaeminck, ese que llamaban el Gitano, que nunca tuvo amigos, ni siquiera en su propio equipo.

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Así las cosas en la Roubaix del 78, Moser, arco iris a la espalda, arco iris que ganó en Venezuela, se presentó ante “Monsieur Roubaix” como alternativa ganadora a la mejor carrera del año.
El italiano, listo como el hambre, jugó sus bazas sin esperar instrucciones del gran jefe. Realizó dos ataques, primer a 23 de meta y luego a 18 para romper la resistencia de Maertens y Raas, mientras el influjo de De Vlaeminck se hacía notar.
Moser llegó solo al velódromo y De Vlaeminck echaba fuego. “Este tipo es un desagradecido” escupía por esa boca que no dejaba indiferente, como cuando dijo que las cuatro Roubaix de Boonen tenían menos mérito que las suyas.
Cabreado, el gitano cambió de equipo, a sabiendas que su tiempo, aunque glorioso, era caduco frente a las hechuras del joven Moser.
El belga al Gis, Moser en el Sanson.
En 1979 le ganaría por la mano otra Roubaix, dejándose segundo, sintomático.
Al año Francesco renovaría la corona en el infierno tras reaccionar a un ataque de largo radio protagonizado por Thurau. Moser arrastró a su sombra, De Vlaeminck, y a Duclos Lasalle. Les acabaría dejando. Era la tercera.
Pero si Roubaix fue el foco de su enemistad con De Vlaeminck, Lombardía fue otra de las cabezas de esa hidra de mil cabezas que fue su relación con Giuseppe Saronni.
En una rivalidad que para Italia era reverdecer los tiempos de Coppi y Bartali, Moser y Saronni entablaron su enemistad desde el momento que corrieron juntos el mundial haciendo de todo aquello que compitieran un corralillo de gallos enfermizos.
En ese clima se corría en la Italia a caballo entre los setenta y los ochenta y en ese clima Moser se llevó dos Lombardías, uno de ellos delante de Hinault, y San Remo, entrando solo en la Via Roma, tras desplegar toda su sabiduría en el descenso del Poggio.
Imagen tomada de www.sbs.com

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Ciclismo antiguo

Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

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Centrum De Ronde Van Vlaanderen
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En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Tourmalet: Y si Bugno hubiera seguido a Chiapucci e Indurain

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Gianni Bugno JoanSeguidor
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Esa duda de Bugno ante Indurain y Chiapucci torció la historia

Qué tarde aquella de Val Louron en este mal anillado cuaderno varias veces recreada, con más pelos que señales, pues el recuerdo distorsiona los hechos reales, aunque tengamos una imagen más o menos fidedigna de lo que sucedió entre Indurain, Chiapucci y Bugno.
Lo habíamos dejado en la cima del Tourmalet, el relevo estaba en marcha, la generación del 64, con 27 años, comparado con los de ahora, estaba lista para pasar página: Indurain y Chiapucci, pero también Bugno habían dejado atrás de forma definitiva a los Lemond, Fignon y Perico.
Estos tres, aunque algún coletazo más darían, no volverían a tener el Tour en su radar.
La cosa estaba por delante, cuando Indurain saltó en el descenso, viendo que «Lemond y Leblanc están cortados y Bugno anda esperando el coche de equipo» dice Carlos Tigero en la «Estela de Miguel«, con Chiapucci haciendo de puente con Mottet.

El baile de nombres en la cumbre a la sombra del Pic du Mid habla de la trascendencia del momento

Luego, ya sabéis, Indurain alcanza Saint Marie de Campan, Chiapucci salta en el falso llano previo al Aspin y Bugno… Gianni vacila.

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Qué sencillo es verlo ahora, qué complicado entonces.
En esos momentos en el que el grupo nombre se recomponía por detrás, Indurain y Chiapucci empezaban a hacer camino, ¿por qué no siguió Bugno a su compatriota?
Hasta ese momento, Gianni Bugno era top en las quinielas para el Tour, había ido creciendo en jerarquía y resultados, en Francia ya sabían de él, había ganado nada menos que Alpe d´ Huez un año antes y sentado su primer top ten.
Sabía lo que implicaba ganar una grande, el Giro de 1990, algún monumento y era posiblemente la estrella más rutilante que había de aterrizar, pero dudó, Chiapucci se le fue, mientras Indurain camina solo, y Bugno nunca más volvería a tener opciones reales de ganar el Tour.
En la cima del Aspin la brecha real era enorme, Indurain espera a Chiapucci -«era el mejor que podía haber saltado» cuentan en el libro de referencia- pues Bugno se dejaba dos minutos en compañía de Fignon y Mottet.

Las bicis de Littium vendrán con asistencia RACC Bici


Esa ventaja iría a más, mientras los dos de cabeza caminan juntos como uno, Bugno se deshace de la compañía francesa pero sus 50 pedaladas por minuto son insuficientes, incluso para él, quien en el momento más oscuro de la agonía, nunca pierde la elegancia supina que rodea cada cosa que toca.
Ese minuto y medio que perdería en Val Louron fue una brecha que no haría otra cosa que ensancharse.
Gianni, el mismo Bugno que vaciló tras el Tourmalet, sería el que, un año después postrara irisado las armas frente al campeón navarro en el pie de Sestriere para nunca más optar a ganar el Tour.
De hecho días antes, en Luxemburgo fue consciente de la realidad, pero el derrumbe de Bugno en Sestriere fue muy gráfico, mientras Chiapucci volaba entre multitudes e Indurain ataba, medio apajarado el amarillo.
Es curioso, hablando de líneas y trayectorias lo alto que iba la de Bugno antes de ese momento en el que se cruzó con la de Miguel y se invirtieron las tornas, un singular hecho que traemos como fruto de lo que fue pero pudo haber sido…

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El enorme mérito de Mark Cavendish.

https://joanseguidor.com/el-enorme-merito-de-mark-cavendish/ by @JoanSeguidor

Carlos Betancur se toma un respiro, pero lo cierto es que hace mucho tiempo que no sabemos de él como ciclista.
Como quizá pase como Dumoulin, le veo de salida en todo esto...

https://joanseguidor.com/a-carlos-betancur-se-lo-trago-la-tierra/

Quebec & Montreal no son de relleno, son excelentes competiciones que cada año entran entre las carreras + entretenidas @javierares

Estaban bien orientados cuando los implementaron en las gran fondo(las que debería usar el ciclo turista), según mi opinión dan mas problemas que soluciones. https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1383028282543734791

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