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Opinión ciclista

¿Por qué Induráin siempre está de moda?

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DT – 2022 post

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Más de veinte años después, todos sigue acordándose de Indurain cuando ven un ciclista

Miguel Indurain siempre de moda…

Cierto, ¿no?

Hablar de Miguel Induráin, aún hoy en día, desata las pasiones más diversas entre nosotros, los ciclistas, y nos ponemos nostálgicos recordando su época dorada cuando cada mes de julio, hacia las cuatro de la tarde, las calles se quedaban vacías y todo el mundo animaba al Gigante de Villava, desde sus casas, desde los bares, pegados a la televisión, mientras un ciclista venido de otro planeta escribía con mayúsculas la Historia del Ciclismo.

Qué recuerdos, ¿verdad?

El otro día leía, en un foro, una divertida entrada que hablaba de unos cicloturistas a quienes les cantaron, desde el asiento trasero de un coche, el manido: “¡Induráin, Induráin, Induráin!” y con un ¡vamos, Induráin!, ellos mismos explicaban cómo con este “derroche de ingenio” eran animados por estos fans “atrapados en el tiempo”.

Comentando esta anécdota, es cierto que la mayoría nos pusimos de acuerdo en qué ningún otro ciclista de la época reciente en nuestro país, ya sea Contador, Valverde o Purito, ha llegado a este punto de exaltación, sobre todo cuando se trata de hacer comparaciones con los anónimos esforzados que salen los fines de semana por estas carreteras de Dios. Vamos, que nunca hemos oído decir a nadie dirigiéndose a un desconocido cicloturista con la expresión“¡vamos, Valverde!”, o que le canten a un nutrido grupo de ciclistas: “¡Contador, Contador, Contador!”.

¿Quién es el mejor ciclista español de la historia?

Estamos de acuerdo, ¿no?

Como os digo, incluso cuando hablamos en este mal anillado Cuaderno sobre Miguelón, la expectativa es tanta, que siempre es signo de gran revuelo, para lo bueno… y lo malo, porque si alguna vez se le ha hecho una pequeña crítica por algún motivo relacionado con su pasado, que haya podido crear debate y opinión, las respuestas, de lo más variopintas, han llegado a ser incluso a veces insultantes para el que la ha escrito.

Y es que ya sabemos que tocar a Induráin, en este país, es algo todavía aún sagrado, ya que lo han convertido en poco menos que un Dios del ciclismo, un profeta de toda una religión de la que existen millones de creyentes.

Ojo, yo me encuentro entre ellos, y para mí es todo un santo de mi devoción, por supuesto.

A mí Induráin que no me lo toquen, pero no por ello vamos a dejar de hablar de él abordando todos los aspectos de su carrera como ciclista, no con la intención de buscar alguna nota negativa, que no parece que pueda haber motivos, sino porque algunos, aún a día de hoy, siguen discutiendo sobre determinados puntos poco claros de su trayectoria deportiva, y es cierto que no siempre hay que escribir sobre Miguel para adularlo, ensalzarlo y elevarlo a los altares.

No sé si me entendéis.

El propósito de este texto es intentar averiguar por qué seguirán pasando las décadas y continuarán resonando a diario por las carreteras de España el nombre del campeón navarro, una costumbre que parece transmitirse de generación en generación.

Para eso, echemos la vista atrás.

Cuando Miguel Induráin decidió colgar la bicicleta, lo hizo de manera discreta y seca, siendo, como siempre, más elocuente con sus silencios que con sus palabras. Su adiós dejó un regusto amargo, extraño, con demasiadas preguntas sin responder en el aire: muchas dudas, demasiados enigmas.

En primer lugar, resultó poco creíble que se retirara “por no encontrar equipo”.

En su día se habló de la ONCE, incluso también alguna oferta del Kelme y del Polti, pero por lo que fuera Induráin “no tenía ganas” de volver a competir.

Sólo con mostrar su disposición le habrían llovido las ofertas.

Eso está claro.

También fue chocante oírle decir que se retiraba a pesar de verse aún con fuerzas para luchar por el codiciado sexto Tour.

Bien es cierto que, si hubiera continuado, habría sido uno de los favoritos en Rouen, lugar de salida del Tour del 97. Pero hay que reconocer que no hubiera sido “el máximo favorito”.

Muchos campeones a su altura, y con su palmarés, nunca se habrían retirado si hubieran tenido la más mínima posibilidad de ganar un Tour de Francia.

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¿Seguimos estando de acuerdo?

Hay que recordar que Induráin era un corredor conservador y pragmático, que no se dejaba llevar por las emociones humanas, a pesar de generar su figura entusiasmo, cariño y afecto, lo cual parece una contrariedad y una perplejidad, pero cierto a todas luces.

También es criticable el hecho de la eterna comparación, aún perdurable hoy en día, con otros grandes campeones, que surgió desde el primer minuto de su retirada al ser considerado como “el mejor ciclista español de todos los tiempos”, una frase atribuible a los medios de comunicación, que buscaban titulares sensacionalistas y apelando al sentimiento patriota, eso sí.

¿Por qué subrayo esta frase como poco afortunada?

Muy sencillo, porque Miguel Induráin no corrió en “todos los tiempos”, aunque sí es verdad que fue uno de los más grandes encima de una bicicleta.

Miguel sigue siendo referencia obligada siempre que hablamos de ciclismo… y del bueno, sin embargo, como estoy comentando, cuando se habla de él, nunca se hace de manera modesta, sin que él, por supuesto, tenga ningún tipo de culpa.

Apelativos como Tourminator, Extraterrestre, Máquina, Dios y cosas por el estilo, no encaja en un hombre tranquilo y sencillo, buena persona aunque poco expresiva.

¿Qué lo hace por tanto diferente al resto de grandes campeones españoles que no son recordados de la misma forma?

Miguel es un hombre discreto, quien muchas veces se tomaba las circunstancias de carrera de manera indiferente o pasiva, algo que puede haberle hecho vulnerable a ser manejado por personajes manipuladores, para lo bueno y lo malo, porque Induráin, incluso ahora, no se molestaba en matizar o desmentir nada: “yo voy a lo mío” o “ganar el Tour es mi obligación”, frases que expresaban bien a las claras una visión del ciclismo exclusivamente profesional y técnica, lejos del romanticismo, de la épica ciclista y de “antigua usanza” de la que muchos se llenaron, y nos seguimos llenando, la boca, hasta el punto de, por ejemplo, quitarle mérito a la victoria de Olano en el Mundial de Duitama, porque Miguel “había sido un caballero que le había dejado ganar”.

Hablar de Miguel Induráin sigue estando de moda, y lo seguirá estando siempre, mientras en este país se le continúe calificando como la locomotora que nos llevó a la modernidad y a la europeidad.

Un deportista atípico español, de 1,88 metros de altura con apenas 30 pulsaciones por minuto en reposo, capaz de ganar 5 Tours de manera consecutiva, llevando “la bandera del deporte español a pasearla con descaro por todo el mundo”, patrióticas declaraciones en boca del que fuera entonces secretario de Estado para el Deporte, Rafael Cortés Elvira, dejando en evidencia que Induráin era, y sigue resultando, un reclamo muy apetitoso para el poder.

Ilustración: Juan Manuel Escrihuela

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Opinión ciclista

Ya no hay equipos de bandera

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DT – 2022 post

Hoy los equipos de bandera son multinacionales del triunfo

Hace años, cuando me introduje en el mundo del turismo, me llamó mucho la atención una terminología «Compañía de bandera», refiriéndose a aquella línea aérea que portaba los colores del país por medio mundo como quizá, algunos, siguen pensando que sucede con algunos equipos ciclistas.

Pero nada más lejos de la realidad.

Cuando Van Vleuten ganó el Tour Femmes con Movistar recibí varios mensajes lamentando que la neerlandesa ganara sin casi españolas en el equipo y sin una labor de base entre las nuestras.

No entienden que esto ya ha cambiado, que cuando digo que el Movistar femenino está hecho sin sentimientos patrios es precisamente por que el equipo quiere ganar y punto, sea con una neerlandesa, cubana o noruega.

No tiene nada de odio a España ni chorradas de esas.

Una realidad que vemos en el top del ciclismo mundial.

Jumbo Visma, como equipo ahora mismo en boca de todos, es un ejemplo claro cuando confía el liderato del Tour a un danés, Jonas Vingegaard, quien además firmó historia gruesa ganándolo.

El equipo es de los Países Bajos, pero cuesta encontrar gente nacida allí en el equipo.

Creo, por percepción, más que por otra cosa, que la firma de supermercados no tiene la implicación que en su día sí llegó a tener Rabobank, con la abundante cantera neerlandesa, por lo que su compromiso de hacer caso al talento patrio no es tal, si viene un esloveno como Primoz Roglic o un belga como Wout Van Aert que suman para la causa.

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¿Qué decir de los dos equipos sostenidos por dinero árabe?

En el UAE, el equipo de bandera emiratí cuida de la suerte y salud de un esloveno llamado Tadej Pogacar en medio de italianos, portugueses y otras nacionalidades.

Bahrain, con Landa, Caruso, Mohoric, Teuns y Pello, pasa más o menos lo mismo, y es comprensible por la escasa tradición ciclista de esos lugares.

Si volvemos a la vieja Europa, tenemos el Team Ineos.

Recuerdo cuando Dave Brailsford dijo un día que le gustaría que el primer francés en ganar el Tour, tras Hinault, debía hacerlo en su equipo.

No ha sucedido, pero sí que lograron el primer Tour para Colombia con Egan Bernal y estuvieron cerca de hacer lo mismo con el Giro de Richard Carapaz.

Ineos, a excepción de Geraint, es un equipo cuyos mejores resultados han traído ciclistas no británicos, como la Roubaix de Van Baarle y la Itzulia de Dani Martínez.

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Un caso evidente de multinacional del éxito es el Quick Step  del viejo Lefevere, quien ha demostrado ser mucho más hábil que Eusebio Unzué en la lectura de los cambios de ciclo.

Ahí van los éxitos de un inglés como Cavendish, un neerlandés como Jakobsen y un francés como Alaphilippe.

Está claro que para el discurso interno del equipo, van bien jugadas como las de Yves Lampaert en el prólogo del Tour o Remco Evenepoel en Lieja y San Sebastián, pero no se les caen los anillos en trabajar para bazas internacionales.

El caso más obvio fue el de Kasper Asgreen en Flandes, trayéndome a recuerdo lo que un día dijo Angel Edo para justificar el fichaje de Cortina por Movistar: «Mejor un equipo de casa, en el que siempre apostarán más por él que en el equipo de Lefevere«.

Pues bien, no señor, la realidad se demuestra que eso no es matemático, que el ciclismo ahora mismo juega a otra cosa y que lo de equipos de bandera es pasado.

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Opinión ciclista

La caída de la Vuelta a Burgos viene por un error garrafal

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DT – 2022 post

Si la caída de la Vuelta a Burgos sucede en Polonia prendemos fuego a la carrera

Hace dos años, por estas fechas, andábamos felicitándonos por la vuelta del ciclismo tras la pandemia en Burgos, con una organización ejemplar y pionera, por ser la primera competición disputada en los nuevos tiempos de Covid.

Hace dos años, también por estos días, mirábamos espantados el desenlace entre Groenewegen y Jakobsen en la famosa recta cuesta abajo de Katowice de la Vuelta a Polonia, tan criticada antes, durante y después de la aquella horrible llegada.

Aquellos días se tachó a Groenewegen de criminal y temerario y a la organización de imprudente, cuanto menos,

Polonia es una carrera llena de color, disputada en hermosos parajes, fruto de largos, fríos y húmedos inviernos que aquel día quedó marcada por el terror de aquellas imágenes.

Pues bien, el mal diseño de aquella llegada entre los dos neerlandeses me recordó en parte a la de Villadiego en la Vuelta a Burgos.

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Cuando el corredor del equipo Jumbo pierde el control de su bicicleta, pudo parecer mil cosas, cuando vimos las repeticiones, no hubo duda de la causa, ese badén a menos de un kilómetro de meta, en ligera bajada, que sumado a la velocidad que iban, propició el desastre.

La explosión de ciclistas fue de las que no se olvidan.

Saltaron por todos los lados, también por los laterales, llevándose las vallas por delante,

No ha pasado nada grave para lo que podía haber sido, pero se ha jugado con fuego.

Es increíble que en el ciclismo de las mil regulaciones pasen esas cosas.

¿De verdad que nadie vio esta llegada de la Vuelta a Burgos? ¿Nadie advirtió del peligro?

Cuesta creer que pasen estas cosas, incluso creo que la labor de señalización que se hace resulta insuficiente.

Me viene a la mente una conversación que tuvimos con Pascual Momparler, seleccionador nacional. y Fernando Ferrari, director de Ciclo21, a raíz de la caída y retirada de Mikel Landa en el Giro 2021, en la que se hablaba cómo conciliarlo todo: seguridad, elementos urbanos, velocidad, centros de pueblos…

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Sé perfectamente que es imposible, a veces, conciliarlo todo, pero en una escalada de valores, la seguridad debería estar por encima de todo, incluso de lo económico, pues sin seguridad las carreras no tendrían lugar.

Alguien debió ver que ese badén ahí poco o nada pintaba.

Ahora mismo, la Vuelta a Burgos está señalada por mil cuentas en las redes sociales, desde aficionados, a equipos, ciclismo y técnicos y lo lamento, pues, puedo imaginar lo que cuesta sacar esto adelante.

Pero se ha cometido un error, una imprudencia flagrante que si llega a suceder en Polonia les estamos dando hasta pasados dos años.

Espero que los afectados salgan adelante, ante todo son personas, y como tales sufren, padecen y se equivocan, como los Jumbo que llegan delante y celebran el triunfo en medio de la confusión.

Imagen: FB Vuelta a Burgos

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Opinión ciclista

Es el fin del ciclismo de banderas como lo habíamos conocido

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DT – 2022 post

Un Tour como éste sirve para dejar de ver el ciclismo de banderas al que estamos acostumbrados

Sobre el ciclismo de banderas y bufanda que va de capa caída quiero rescataros un wasap textual que un veterano periodista me escribió el pasado sábado, recién concluida la crono que ganó Wout Van Aert…

«De nuevo, otra gran etapa en el Tour de Francia.
Fantástico el duelo Vingengaar Pogacar.
Pero respecto al ciclismo español, desde 1981, o sea hace 41 años, no había un Tour tan desastroso, sin ninguna etapa, sin nadie en el Top Teen, sin montaña, equipos ni nada.
Ya el malogrado Alberto Fernández acabó décimo, y en el 83 , Ángel Arroyo acabó tercero y se inició la época dorada de Reynolds .
Antes, antes de los nefastos finales de los 70 y principios de los 80, con el legendario Kas, también se ganaban etapas, montaña, equipos, los Gabica, Momeñe, Galera en el Top Teen sin olvidar a los Lopez Carril, Errandonea ganando un prólogo, como no Julio Jiménez, Tarangu Fuente, Pérez Francés, con los Tours de Bahamontes 59 y Luis Ocaña 73»

Su mensaje me llegó en un momento de euforia personal por la satisfacción que me ha dejado esta edición.

Una satisfacción explicada por los mil instantes de ciclismo de gran intensidad durante tres semanas.

Luego, leí el mensaje y respondí que poco o nada me interesaba la suerte del ciclismo español -de lo que se nos venía encima ya opiné antes de la carrera- con el carrerón que habíamos vivido.

Me respondieron algo así como que «con estos resultados y la falta de estrellas, la afición se iba a resentir. Mira cómo ha crecido la afición al ciclismo en Eslovenia«.

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El argumento, lo siento, era bueno antes, pero ya no.

Creo que el aficionado medio al ciclismo, el de verdad, ha cambiado mucho respecto al de hace 10 ó 20 años.

El aficionado de ahora suele ser, por lo general, ciclista en activo que ve ciclismo, entiende y viaja por él, que sabe del esfuerzo de los corredores en carne propia y se identifica con ellos.

Por eso nos nos vemos en Michael Matthews en Mende, con Jonas Vingegaard en el Granon y Wout Van Aert, durante tres semanas.

El aficionado de hoy valora el esfuerzo y el espectáculo sin importar de dónde es quien lo firma.

Pero si las audiencias han subido un montón en todos los sitios, porque el ciclismo necesitaba una catarsis de gente comprometida con el espectáculo y el publico.

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Estábamos hartos de ciclismo control, de ritmos inasumibles que disuadían de ataques. 

En un ciclismo de banderas este Tour habría caído en picado en interés en todo aquel país que no fuera Dinamarca, Eslovenia, UK y Colombia.

Pero no, el aficionado vive las locuras de Van Aert como si fuera del pueblo de al lado, y se identifica con la voluntad perenne de Nairo, Bardet y Meintjes porque ama este deporte, lo quiere como si fuera suyo, pues en el fondo lo es.

Así que, como efecto colateral, celebramos que este Tour haya cumplido con todas y cada una de las líneas que expresamos en este artículo.

Sobre el ciclismo español y su suerte, ya nos preocuparemos cuando toque.

Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

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Opinión ciclista

Huérfanos de ciclistas piratas, diablos, caníbales y tejones

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DT – 2022 post

Alegato de aquellos ciclistas nos dejaron recuerdo eterno

Ciclismo de  Youtube, a eso parece que sin remedio nos va abocar el ciclismo del siglo XXI.

Ataques a pocos kilómetros de meta, a veces a apenas un centenar de metros, subidas a bloque con tímidos arranques de peseta, de fuegos artificiales.

Una lástima porque hoy en día te puedes ver los últimos kilómetros de la etapa en el famoso canal de vídeos porque en definitiva, y con mucha lástima, son los únicos que valen la pena.

Que puertos como el Tourmalet se suban a bloque, un col que ya ni marca diferencias, que en recorridos como el día de Plateau de Beille, con Portet d’Aspet, La Core y Lers, ninguno de los favoritos sea capaz de romper la carrera y ponerla patas arriba y que en definitiva se necesitan puertos extremos, de Youtube como yo les llamo, para que los ciclistas afronten terribles desniveles «al filo de lo imposible», ascensiones con muros salvajes por encima del 20%, para poder ofrecer espectáculo.

La situación me parece algo preocupante.

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Necesitamos de corredores valientes que no se preocupen por hacer segundo o tercero, ni siquiera por entrar en el Top Ten, que se líen la manta a la cabeza, que nos ofrezcan largas escapadas, largas cabalgadas, que tiren el pinganillo y se lancen a la aventura, que arriesguen.

Esto es un deporte de héroes y de épica, no de conformistas que nunca dejarán huella.

Por eso amamos lo que nos propuso Van Aert, por muy contra natura que fuera.

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Chiapucci nunca ganó el Tour, ni siquiera el Giro, pero todo el mundo le recuerda sobre todo por su cabalgada en Sestrière ’92 dejando exhausto a un gran Indurain, porqué él era así, un inconformista, un luchador nato, un diablo en la carretera.

Estamos huérfanos de piratas, diablos, caníbales y tejones.

Por Jordi Escrihuela 

Imagen tomada de thegranfondoitalia.com

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"Antonio Coll nos decía que en el Tour, si la gente se paraba mear venían por detrás y te daban con el manillar en el culo" Ángel Arroyo sobre el Tour 1983 y @jorgeanlastra

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Puede que Roglic no gane el Tour, pero otros grandes de la historia no lo lograron y tuvieron el mismo aprecio que le tenemos al esloveno. Se me ocurren Jalabert, Kelly...

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Joao Almeida es como el primo que invitas a comer, te dice que estás lleno y te jode el postre picoteando de la forma más descarada.

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