Ciclistas
El señor Sagan
En el numérico posiblemente no haya sido su mejor año. Ha ganado, sin duda, pero ha estado coartado. En la primavera estuvo presente, pero su omnipresencia no fue la de otras veces. Marcado hasta el desespero por los rivales, es el precio de ser tan bueno y ser campeón del mundo, acabaron por hacerle perder los nervios en Harelbeke.
Nunca se sabrá qué hubiera corrido en Flandes, si no hubiera pasado tan cerca de las vallas, ni en Roubaix, de no mediar un inoportuno pinchazo Ni siquiera podremos imaginar qué habría sucedido en el Tour, la carrera en la que fue expulsado por una acción en la que, sinceramente, uno ya no sabe qué pensar.
Sea como fuere, la guinda no la descuida. Ganar un mundial lo han ganado muchos, dos, menos, tres, unos elegidos, tres seguidos, sólo él.
Puede parece presuntuoso, pero nos negamos a pensar que encadenar un tridente de mundiales sea fruto de la casualidad y la suerte. Ambas influyen, pero hay calidad, una calidad que se explica desde el helicóptero que grabó el epílogo de Bergen en pleno apagón dela tele noruega. Miradlo ahí mismo.
Sagan, solo, se basta y se sobra, para cerrar, suturar y compactar el grupo de cara a meta. Luego gana a Kristoff, en casa, delante los suyos. Es un ciclista irrepetible.
El otro balance es el emocional, ahí Sagan sale con bolas de partido a cada carrera. Tiene el respetable a sus pies, cuenta con el favor del público, de la afición. Sagan cae en gracia, es un tío con duende, incluso cuando raja de los demás reivindicando que es eso, un ciclista irrepetible, buenísimo.
Y es que este ciclismo que convive con el corazón en puño cuando los laboratorios filtran mierda, tiene un soplo de aire, el ciclista que domina carretera como BTT, BMX y lo que se proponga, el corredor total, redondo. El señor Sagan.
Imagen tomada del FB de BORA-hansgrohe
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