Ciclismo antiguo
El gran periodo de Indurain empezó con una caída
Una caída en la Volta 90 marcó el inicio del dominio de Indurain
Cuando vi ayer a Miguel Indurain en el podio de O Gran Camino, en imágenes que se alternaron con la llegada de Ion Izagirre dolorido y sucio por su caída recordé aquella que le sucedió al campeón que más nos marcó en la Volta de 1990.
Visto ahora, más de treinta años han pasado, te percatas que aquella tarde de septiembre en Salou, una caída fue el punto catártico para devolver al mejor Indurain de siempre a los pocos meses.
Aquel verano de 1990 es de esos que te quedan grabados a fuego, años de pueblo y amores estivales, alternados por esa pasión por la bicicleta que prende en un momento determinado, sin saber cómo, pero que se hace contigo.
En septiembre de 1990, Miguel Indurain era una de las grandes promesas del ciclismo mundial, aunque no la única, ni posiblemente la más destacada, pues dos nombres creo que sonaban con más fuerza, los de Erik Breukink y Gianni Bugno.
Sin embargo, el mocetón ya había dado señales, venciendo a Lemond en Luz Ardiden y volando hacia el Boulevard Donostiarra en la Klasikoa.
Indurain iba con galones a esa Volta, carrera que ya había ganado una vez y que acabaría dos veces más en su palmarés.
Pero no en 1990, esa edición tuvo un antes y un después en Salou.
Víctima de los tradicionales temporales del Mediterráneo en septiembre, la ruta presentaba peligros en forma de curvas húmedas y traicioneras.
En un giro se produce una caída, es Miguel Indurain que se va al suelo con resultado de fractura de clavícula.
Increíble, Indurain en el suelo, increíble pero cierto y… sin casco.
Cuántos milagros acontecieron esos años sin que fuéramos conscientes.
Indurain cruzaría la meta minutos después del ganador, Mathieu Hermans, para irse al hospital y corroborar sus heridas.
Al calor de la caída de Indurain, un debate eterno, los circuitos urbanos, el paso por meta más de una vez y el público disfrutando una y otra vez del pelotón.
Un circo bello, pero con peligro, como denunció José Miguel Ehcávarri al final del día, desolado por la baja de su ciclista.
Aquella Volta acabó en manos de Lale Cubino, con ese maillot de campeón de España que sí, hacía honor a tal distinción.
En los años que habrían de pasar hasta su retirada, nunca más veríamos a Indurain perjudicado por una caída.
¿Suerte del campeón?
Sin duda, pero también una sabiduría sin parangón en el arte de ir en el pelotón…





Juan
26 de febrero, 2023 at 21:29
Está muy bien el artículo, pero podrían ustedes pasar el corrector ortográfico. No lo tomen a las malas. Es una crítica constructiva.
Iban Vega
27 de febrero, 2023 at 14:03
hecho y disculpad las molestías