Ciclismo
De pie, que se va Romain Bardet
Estos días de Dauphiné son los últimos de Romain Bardet como pro
Romain Bardet está a punto de colgar la bici, y no es un ciclista más que se despide. Es el hombre que devolvió a Francia al podio del Tour varias veces, cuando parecía imposible.
Que ha crecido en una época en la que dominaban los Froome, Thomas, Pogacar o Vingegaard, un ciclo en el que él supo colarse entre leyendas de diferentes generaciones, dejando huella con talento, valentía y cabeza.
Estos días, se despide en casa, en el Critérium du Dauphiné, con una salida especial desde Brioude, su ciudad natal.
No hay mejor broche para una carrera como la suya, llena de clase y honestidad.
Bardet nunca fue solo piernas; también fue mente.
Licenciado, lector incansable y reflexivo, siempre dio entrevistas llenas de sentido.
Habla de ciclismo, sí, pero también de vida. Y eso se notaba en la carretera: corría con inteligencia, con estrategia y con una enorme deportividad.
En el Giro de este año volvió a mostrar que no necesita ganar para dejar marca.
Se le escapó otra vez la etapa, pero luchó como siempre, sabiendo que sus mejores años ya pasaron.
Lo asumió con la serenidad de quien ha aprendido a soltar.
“Es hora de vaciar la maleta de verdad”, dijo. Palabras de alguien que cierra una etapa con madurez.
El Dauphiné le marcó desde el principio: allí entendió lo que amaba este deporte, con ataques locos, etapas imprevisibles y esa tensión que solo sienten los que de verdad han estado dentro del pelotón.
Ganó, rozó podios, se quedó a un suspiro de grandes triunfos… pero siempre dejó algo: una forma limpia y elegante de competir.
Ahora, con 34 años, no aspira a milagros.
Sabe que el doblete Giro-Dauphiné pesa.
Pero quiere disfrutar, saborear cada subida que conoce de memoria desde niño, y quizá, quién sabe, despedirse con una última alegría.
Lo más importante ya lo logró hace tiempo: inspirar. A ciclistas jóvenes, a aficionados, y a un país que necesitaba volver a soñar con uno de los suyos en lo más alto.
Gracias, Romain. Por pedalear con el corazón y pensar con la cabeza.
Por demostrar que ser ciclista también es una forma de ser persona.
Imagen: A.S.O.






