Ciclismo antiguo
Con Frank Vandenbroucke el ciclismo era la estrella
Pocos ciclistas deslumbraron tanto y tan rápido como Frank Vandenbroucke
Cuando hace unas semanas Tim Merlier se impuso en Le Samyn que quedó para el recuerdo por la rotura de manillar de Van der Poel, una chica se abalanzó sobre él para felicitarle. Era, como nos recordó Saúl Miguel en Eurosport Cameron Vandenbroucke, la hija de Frank, uno de los ciclistas más fugaces en el escenario ciclista, pero más persistentes en la memoria del aficionado.
¿Qué hizo Frank Vandenbroucke para ganarse así la parroquia?
Creo que poco o nada que no supiera hacer de serie.
Este valón fue un privilegiado por la naturaleza ciclista, esa que provoca bello de punta casi sin buscarlo ni pretenderlo, porque el genio va trenzado en el mismo ADN.
De Frank Vandenbroucke supimos de muy joven, su parentesco con Jean-Luc, pro en los tiempos de La Redoute, el equipo, y también por el cisma que provocó entre Lotto y Mapei cuando con 20 años era pretendido por dos de las mejores estructuras del pelotón. Lo de corredores precoces de hoy en día ya iba con él.
Fue una constante, por donde pasaba, deja huella, causaba revuelo, y merecía la pena apostar por él, al menos por un tiempo, aquel en el que no pasaba desapercibido, ni antes, ni durante, ni después de la competición.
Hubo un año, 1999, en el que verle en la hoja de inscripción era argumento adecuado para pasarse un buen rato delante de la televisión
Tuvimos la suerte de estar aquel día en Avila, durante la Vuelta de ese año, en una ciudad abarrotada para aclamar al Chava
En aquella carrera, el del Barraco, había abierto el palmarés del Angliru, había fervor por él, un fervor casi de Semana Santa entre los lienzos de la muralla que llevan hasta la puerta de Santa Teresa.
Pero aquel fue la jornada que todos recuerdan de Frank Vandenbroucke.
Qué pelotón aquel, con Jan Ullrich de dorado, controlando el panorama, hubo un belga rubio, con perilla perfilada que perpetró lo que con el tiempo se consideró la “carnicería de Navalmoral”, a su paso no quedaban rehenes, en todo caso, ciclistas admirados por ese derroche de talento y fuerza.
Mikel Zarrabeitia, a los pies del muro abulense, en la cuesta que conduce hacia la preciosa San Vicente, fue el último en postrar armas frente al caballero valón.
Qué día aquel, el speaker de la Vuelta no encontraba las palabras
Una jornada que conectaba con la Lieja de esa misma temporada, cuando se midió a pelo a coco Bartoli y no dejo rastro del rival.
Pocos días antes había sido segundo en Flandes, cerca de perpetrar la infamia de un valón ganando en De Ronde.
VDB era su acrónimo, el espectáculo su marca, toda su vida estuvo en los focos siempre, fuera o no ciclismo lo que implicara.
Todo pasó rápido, se fue rápido, tanto que murió a los 34 años por una embolia pulmonar, dejando atrás un currículo cargado de escándalos de dopaje y drogas
Una historia de los setenta, pero que vimos en vivo y en directo y nos viene a la mente cada vez que sabemos de su hija y novia de ciclista estos días que Valonia es ciclismo.
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