Ciclistas
Top2022 Biniam Girmay, el ciclista de estado
Cada éxito de Biniam Girmay ha sido un terremoto en su país como casi nunca vemos en este deporte
La imagen que ilustra este artículo sería incompleta si sólo apareciera Biniam Girmay en ella.
El momento ya lo habréis reconocido, la etapa que el eritreo que se embolsa en el Giro de Italia tras un duelo tenso no, lo siguiente, con Mathieu Van der Poel.
Cuando el neerlandés ceja en el empeño, levanta el pulgar y asiente ante el dominio del africano, poco cabe añadir.
Era el asentimiento unánime del ciclismo mundial ante un ciclista que se ha ganado un sitio muy alto, en muy poco tiempo.
No hace ni un año que estábamos asombrados ante la anomalía estadística de verle en el podio de un mundial sub 23, que ya campea entre los mejores del mundo en lo suyo.
Biniam Girmay ha completado una campaña entera, histórica para él, su país y su equipo en un tiempo récord, en menos de doce meses.
Ya desde Mallorca, el ciclista del Wanty puso su nombre en todas las quinielas que habrían de venir, venciendo y convenciendo, marcándose como aspirante a todo.
Es cierto que hasta Gante-Wevelgem no pisa su primer gran podio, pero ojo al camino que le lleva hasta la bellísima clásica de Ypres y los campos de Flandes,
Insertado en el Wanty, un equipo que ha sacado petróleo de sus ciclistas, aprendiendo entre los mejores, pero también con uno de los grandes de los últimos tiempos, el noruego Kristoff, Girmay pasó de outsider a gran aspirante a todo lo que competía.
Hasta Wevelgem ha estado en todas, entre los mejores de San Remo, del E3 y de otras, corriendo a ganar, sin mostrarse lo más mínimo, más allá de lo necesario, pero condicionando la carrera, pues sus rivales eran conscientes que había que eliminarlo de la ecuación si querían tener éxito.
La victoria de Biniam Girmay en la Gante-Wevelgem es historia pura y dura del ciclismo.
No deja de ser un renglón más en este serial de jóvenes, tiene sólo 22 años, que vienen aprendidos, pero sumado a un manejo y resolución en carrera propias de grandes de siempre.
Sabe coger el corte bueno, remar para que llegue con vida al final y rematar a uno de los mejores ciclistas de la campaña, Christophe Laporte, quien por esos días iba muy, pero que muy sobrado.
Su recepción en casa elevó el ciclismo a algo a lo que no estamos acostumbrados, a un asunto de estado, un privilegio que vemos sólo en casos de ciclistas que logran explotar en países con escasa tradición en este deporte, algo que en el caso de ciertos países africanos empieza a ser pasado.
Otra muesca de Girmay fue el Giro y su forma de condicionar a un grande como Van der Poel, muy pendiente de él, y con sus razones, como vimos el día que batió al neerlandés a fuerza bruta.
VDP propuso y el eritreo salió a por él, manteniéndole un sprint antológico que acaba con la renuncia, a la vista de todos, del mismísimo Mathieu Van der Poel.
Qué pena el capítulo de la botella y el corcho en el podio, porque creo que a este ciclista no se le hubiera escapado alguna otra.
En todo caso, ya lo tenemos aquí, el ciclismo ensancha las bases y abre miras, la forma de correr, competir y condicionar de Girmay sólo puede gustarnos, el listón lo tiene alto, pero viendo cómo no rehuye los retos, seguro que le tendremos desde febrero presto a seguir engrosando la cuenta.
Imagen: FB de Giro d´Italia





