Ciclistas
Tres ciclistas que te dibujan una sonrisa
Wellens, Cavagna y Bilbao son algunos de esos ciclistas que nos hacen sonreír cuando les va bien
La emoción es algo que, incluso los que llevamos mucho en esto, siempre buscamos en el ciclismo, algo que nos deje sorprendidos, encantados: un ataque, un sprint, una actitud.
Los ciclistas no dejan de ser escaparates con ruedas sobre los que ponemos nuestras expectativas e ilusiones, gente que es capaz de hacer cosas increíbles para el 99,9% de los mortales, con la naturalidad de quien se sabe ejerciendo su oficio.
De esta guisa nos quedamos viendo a Van der Poel sacar varios metros a Alaphilippe en el sprint de Suiza, a Van Aert ganarle una volata a Ewan o una crono a Ganna, a Pogacar sacarle el amarillo a Roglic casi en el descuento…
Hechos excepcionales que tienen mucho que ver con el ciclismo.
Pero no siempre hablamos de superestrellas, también de corredores más “normales”, si se nos permite la expresión, que abren en canal la emoción cada vez que les vemos en liza.
Como ese Mikel Landa que plasmó un Giro escapado todos los días de la última semana, o el mismo Richard Carapaz, el año pasado en el Tour.
Cada uno tendrá el suyo, o los suyos, nosotros hemos hecho un esfuerzo de síntesis y nos quedamos con tres.
El primero es uno del que hablamos hace tiempo, desde hace unos seis o siete años, es Tim Wellens y en él tenemos uno de nuestros ciclistas de cabecera, pues dese el minuto uno, desde que supimos de él, cuando le propuso un mano a mano a Tom Dumoulin que le valió un Eneco Tour, hace unos años, nos pareció un ciclista que no encajaba con el perfil monótono y conservador que se impone en buena parte del ciclismo.
Tim Wellens es dinamita al servicio de una ambición que muchas veces no es realista, ¿cuántas veces le hemos visto perder una Flecha Valona por no esperar a Huy?, pero que por el camino deja semillas de placer.
En la pasada Vuelta tuvo el premio, doble, además, que en otras ocasiones no pudo saborear.
Es un ciclistazo, cilindraba belga, con la certeza de que cuando él entra en la fuga, ésta va a caminar.

Photo: Deceuninck
En ese orden, ponemos también al francés Rémi Cavagna, cuyas galopadas se llenan de pasión en cada metro, de pasión y temor, pues verle bajar nos produce, a veces, pavor.
Cavagna es excelso en el esfuerzo y peculiar sobre la máquina, acoplándose como pocos pueden hacer, un rodador que hace de una recta trotona algo que merece la pena presenciar y saborear, que pone en tensión al espectador a los compañeros de fuga y que, para colmo, contrarrelojea de los mejores del mundo, incluso en los malos días, como el nacional que pierde ante Benjamin Thomas, no se esconde. .
Su palmarés no es el más grande, pero cuando toma el mando, hay un calambre en la afición.
Y tercero, para complementar los citados, una perla que tuvimos en nuestro podcast hace unos meses, Pello Bilbao, tesón, trabajo y voluntad alicatados con una de las cabezas más privilegiadas del pelotón.
Cuando Pello toma el mando pasan cosas como las de Damiano Caruso en el Giro, en la jornada final de montaña, o como las del Tour de los Alpes cuando en un descenso, cogió y se fue.
Es un ciclista que hace de su oficio el arte de la naturalidad, que decíamos antes, sin estridencias, sólo ejerciendo.
Puede optar a un puesto en la general, a ganar etapas o ser el mejor gregario del mundo, es multiherramienta, uno de esos ciclistas que nos hacen sonreír cuando las cosas les van bien…







