Remco Evenepoel
La celebración de Remco Evenepoel me da una envidia brutal
La celebración belga de Evenepoel es más que merecida para esta afición
Más allá de si el rojo era condición para ir a la Grand Place de Bruselas, de la celebración del final de temporada de Remco Evenepoel me quedo con el gentío y la constatación de que en Bélgica el ciclismo es religión.
El amor por el ciclismo no es algo exclusivo de esta tierra, ni de estas gentes, los Países Bajos déjalos estar, pero la fidelidad que le demuestran a este deporte hace que, sin dudarlo, me encanten las fotos de la fiesta por Remco.
Hace dos meses, con la resaca del Tour en nuestras cabezas, Remco abordaba el mejor final de temporada que recuerdo en mucho tiempo: había ganado la Klasikoa, por segunda vez en tres ediciones, y estaba en capilla para el asalto de la Vuelta y el Mundial.
La historia ya la sabemos, cómo se gestó y acabó haciéndose, pero la guinda ha sido muy dulce.
Quien conozca el escenario sabrá de la belleza de la Grand Place, pero también de su simbolismo, edificios nobles, que conectan la capital con los orígenes de su grandeza completamente atiborrada de gente, en una escena que nos impactó casi tanto como la de Vingegaard, abrumado por gente en Copenhague.
Hay que tener la testa muy bien amueblada para gestionar esto, mirad el caso del danés y lo que le ha costado recargar pilas tras el Tour.
A los que nos gusta el ciclismo imágenes así también nos abruman, por estar acostumbrados a verlas en otros deportes, el fútbol en especial.
El momento del ciclismo belga no es dulce, es lo siguiente
Nunca han desaparecido del top 3 del ciclismo mundial, ni siquiera en este largo periodo sin ganar una gran vuelta, pero ahora están a otro nivel con dos de los 3-4 mejores ciclistas del mundo habiendo nacido en ese rincón.
Tanto Evenepoel como Van Aert están en ese nivel y no sólo por los resultados, también por su carisma -que gustará más o menos- y su forma de competir.
Esta gente no ganaba una gran vuelta desde los años setenta.
Pero ello no les ha hecho desistir de su amor por el ciclismo, el deporte nacional en el que ponen todas sus miras los doce meses al año, con carretera de febrero a octubre y ciclocross en los mediodías de invierno, retransmitido en directo y con quiniela de apuestas para quien quiera jugarse unos dineros.
Su cariño por el ciclismo lo hemos podido vivir con una constante presencia de este deporte en todos los paisajes: hasta los balancines de los niños en el parque son bicicletas.
Por eso si una hinchada merecía una celebración como la de Remco Evenepoel era ésta, justo en los días que su anterior campeón del mundo, Philippe Gilbert, ha dicho adiós al ciclismo.
Imagen: TW Remco Evenepoel





