Ciclismo
En la Orbea Monegros de los 25 años
Así fue nuestra aventura en el corazón de los 25 años de la Orbea Monegros
Hacía tiempo que queríamos probar la Orbea Monegros, una de las pruebas populares “más populares” a este lado de los Pirineos. Vivimos la experiencia, en nuestro caso con bicis de gravel, junto a los amigos de Castelli y Ridley, en un día tan especial como ventoso.
Porque si algo marcó nuestros primeros pasos allí, fue eso: el viento. En todas direcciones, de cara, de cola, por los costados… mordiendo arena, sintiendo sus bofetadas en cada giro o cambio de rasante. Una historia que, si ya era épica, tuvo momentos de auténtico dramatismo en algunos tramos.
Especialmente al final, cuando la marcha se hacía pesada y veíamos a muchos poner pie a tierra.
Nosotros —Dani, Guillem, Toni e Iban—, lejos de los primeros, llegamos llenos de polvo, con algún rastro de barro y con la sensación de haber contribuido a una historia de éxito.
Veinticinco primaveras que, como nos dijo una vez Juan Carlos Nájera, el rostro más conocido de esta aventura, “se hace en Monegros porque sonaba bien el nombre, evocaba lugares de aventura como Alaska, Samarkanda, Tombuctú o las Bardenas”.
Tras una salida muy rápida, encontramos nuestro sitio, supongo que en mitad del pelotón de la media maratón. Con el viento de cola, al principio parecía que todo iría rodado… hasta que llegó la segunda parte del recorrido. El equipo tuvo que emplearse a fondo para sacar a uno de sus miembros de una de esas “pájaras” que creíamos ya olvidadas. Lección aprendida: hay que desayunar más fuerte.
Por cierto, en la primera edición se reunieron 400 bikers que se retiraron en masa por culpa del Cierzo. Veinticinco años después, en Sariñena se juntaron más de 7.000 ciclistas de toda España y de otros países.
Y sí, el Cierzo sopla con ganas. El polvo es ese compañero que nunca te deja, en un recorrido que no es duro por su desnivel, sino por ese viento que te empuja al principio y te frena como un muro en los tramos finales. A veces, se siente como subir un puerto de montaña. Eso, claro, si antes no te ha llevado por delante… porque aquí, llevar ruedas de perfil tiene su riesgo.
Esta emblemática prueba de MTB se ha consolidado como una de las más importantes de Europa, con un impacto económico significativo en la zona, estimado en 1,5 millones de euros. Más de 20.000 personas, entre ciclistas y acompañantes, llenaron la comarca de Sariñena este el fin de semana.
Nuestro “team” hizo la Media Maratón de 86 km, atravesando paisajes únicos como el Tozal de la Cobeta, símbolo tanto del territorio como de la prueba.
Leímos que Andrey Amador, exciclista profesional, y Pilar Fernández fueron los primeros en cruzar la meta. Lo leímos, porque verlos… no los vimos.
Contaron hasta 700 bicicletas de gravel, y este tipo de bici se adapta tan bien al terreno que seguro que irá a más en el futuro.
En fin, muy contentos de haber sido parte de esos más de 150.000 ciclistas que han pasado por la prueba en todos estos años. Volveremos.









