Julian Alaphilippe
Julian Alaphilippe nunca dice “nunca jamás”
La tenacidad de Alaphilippe es uno de los grandes tesoros del ciclismo actual
En Julian Alaphilippe sucede una cosa que en otros grandes capos de la actualidad no ocurre, algo que le pasa también en cierta medida a Primoz Roglic, y es que ambos vienen del que podríamos llamar “viejo ciclismo”, pues lo vemos lejano, aunque hayan pasado “sólo” tres años, y aquí siguen, aguantando el tirón de los “advenedizos”.
El año que finaliza no ha sido el mejor, estadísticamente hablando, de Julian Alaphilippe, pero si una cosa tiene el ciclismo de este genio del centro de Francia es que no conoce la palabra “imposible”, no la contempla, no existe en su diccionario.
Julian Alaphilippe es actitud y estado de ánimo, es el claro ejemplo de que si se quiere, si de verdad se desea, y se tienen, obviamente, facultades, es posible tirar para adelante, y sacar la cabeza.
Y con Alaphilippe, en esas estamos, en un ciclismo que ya no habla de números y sí de emociones.
Conviene verlo y comprobar que los resultados de 2021 del francés no llegan a los de antaño, en especial a los de 2019, cuando el francés culminó una de las mejores campañas que se recuerdan a título individual.
De hecho, el año que acaba Alaphilippe lo finaliza con cuatro triunfos, pero qué cuatro triunfos.
Tres de ellos, frente a las dos paredes que el ciclismo ha puesto frente a Alaphilippe: Van Aert y Van der Poel
Entre el belga y el neerlandés le han puesto tope al inquieto francés, que vio desde el mismo momento que se descuelga en el final de la Strade que ganar con estos dos en liza no iba a ser nada sencillo.
Pero lejos de desistir, el campeón del mundo, por algo lo es, no baja los brazos, al contrario, se arma de valor, barrunta un plan y como si fuera “Julian sin miedo” va a por ello.
Así, a pocos días de la sonada segunda plaza en Strade, Alaphilippe le devolvió a VDP el palazo de Strade haciendo lo que mejor sabe hacer, anticiparse.
Alphilippe no ganó Flandes, pero formó parte de la manda que acabó reventado a VDP, luego ganaría la Flecha y volvería a hacer en el Tour lo que tan bien saber hacer, anticiparse.
Ganar la primera etapa y sumarle el amarillo son cositas que parecen fáciles pero ejecutarlas en la jauría de la primera etapa del Tour, tras las escabechinas, con los dos cocos viéndole, es meritorio, aunque quizá menos que la estrategia de “acoso y derribo” que sucede en el Mundial, en el que, delante de todos y con todos compitiendo, nos puso la “gallina de piel” con una sucesión de ataques que en cualquier otro había sido el preludio de derrumbe.
No fue el caso de Julian, un ciclista omnipresente, que justifica bien ese abultado sueldo y nunca acepta un “no” por respuesta.
En la terna de grandes momentos del año, su figura emerge en varios.





