Ciclismo
Ciclismo, generosidad, entrega… hablamos del gregario
El gregario representa los valores más profundos del ciclismo
El gregario es desinteresado, una forma de amor dentro del deporte, que en ciclismo alcanza su máximo significado.
Un rastro de incondicionalidad, obviamente remunerado de forma puntual, pero con ese plus de entrega que sólo un compañero de verdad puede darte.
En la historia, han habido muchos, y con toda seguridad muchos quedarán en el tintero, pero hay situaciones imágenes que hablan de ese trabajo sordo, a la vista de todos, pero tangible, aupando grandes nombres a los mejores triunfos.
La primera vez que quien esto escribe se sintió prendado del trabajo de un gregario se remonta al primer Tour ganado por Miguel Indurain.
El navarro afrontaba en clara ventaja el tramo final de carrera una vez se fue con Chiapucci en Val Louron pero le quedaba el reto de l´ Alpe d´ Huez.
Aquel día asistimos a una magistral lección de Jean François Bernard, quien no contento con secar a Gianni Bugno, no tuvo opción de descolgarse hasta casi la cima, realizando un ejercicio de desinterés tal, ahí retorcido en su máquina, que la mejor ovación en las calles de la estación de esquí fue para él.
Con los años disfruté de excelentes gregarios casi tanto como de las cabalgadas de sus líderes…
Apreciados por el populacho con el cariño de sus jefes.
Hemos visto a enormes pros.
Qué cintura más protegida la de Tony Rominger con Francisco Mauleón, Fernando Escartín, Jon Unzaga y Fede Echave.
Gestos desinteresados.
La ONCE tuvo un buen puñado, algunos en exclusividad, como Alberto Leanizbarrutia o Herminio Díaz Zabala, a quien vimos despoblar su testa en favor de terceros.
Otros lo disfrutaron en el cuadro amarillo y en otros: Iñigo Cuesta. El Triqui Beltrán, qué hombre, qué triste final le tuvo el destino. Y
Qué me dicen del eterno de Miguel Indurain, Marino Alonso, un cántabro que sirvió su clase a favor del mejor de nuestros ciclistas de siempre.
No sé si será la edad, si será el tiempo que siempre se añora, gregarios top siempre los ha habido, pero nosotros viajamos a los noventa, pues creo que entonces el ciclismo valoraba mejor a sus currantes, al menos en lo social, en el reconocimiento, una percepción que no sé si será compartida.






C.S.DelAlamo
8 de junio, 2012 at 10:04
Ni imagino, ni quiero saber que normas introdujo la UCI para los gregarios. Creo que su trabajo en las carreras son el "alma mater" de estas.Que hubiera sido de Iván Basso sin Carlos Sastre, o de este último sin su amigo, más que gregario Iñigo Cuesta.Como tu bien dices, desinteres, generosidad, entrega y buen hacer de todos los gregarios del pelotón ciclista.Para las pullas… oidos sordos.