Ciclismo antiguo
El quinto fue el mejor Tour de Miguel Indurain
El quinto Tour de Miguel Indurain es la obra maestra, el ciclista total
Nos hacemos mayores y la celebración de ciertas efemérides nos los ponen de relieve: veinticinco años del quinto Tour de Miguel Indurain.
Recuerdo cuando empezábamos a escribir en este mal anillado cuaderno, cuando recordamos que habían pasado veinte años de la gesta de Val Louron, aquello era el primer Tour, y ahora recordamos el cuarto de siglo de la victoria, la quinta, de Miguel Indurain.
Pero “c´est la vie”.
Ello no quita que miremos con nostalgia aquel loco verano del 95, diferente en todo ahora, por motivos obvios, pero por otros, como la mirada inocente y la credulidad en todo lo que se veía y se dejaba de ver.
Ese ciclismo de los noventa que nos enamoró y vinculó a este deporte por los siglos de los siglos, tan sucio, visto ahora, con gestas inhumanas, corredores que vistos hoy parecen de dibujos animados, y en ese entorno, Miguel Indurain fue el rey.
Y no, no se trata de acusar nadie, se trata de describir la realidad tal cual era.
Sea como fuere si aquel periodo tuvo un momento culminante fue el quinto Tour de Miguel Indurain, una de las ediciones ganadas con mayor entereza y solidez por parte de un campeón.
Indurain aterrizó fresco y sin un Giro en las piernas en un prólogo que recuerdo tarde y lluvioso con la idea de un no va más que consiguió plasmar en la carretera con momentos memorables.
Era ese Tour al que Jalabert llegaba con hambre de todo, que Rominger abordaba con un Giro como bálsamo, que los Gewiss parecían imparables, un Tour de los de la vieja escuela, primera semana de nervios y tensión, con favoritos arruinando sus opciones en caídas y cortes que nunca perjudicaban a Miguel y un primer fin de semana, en Bélgica, que abría el juego entre los grandes.
Hay unanimidad que la exhibición de Miguel Indurain en Lieja fue un antes y un después: atacar en medio del pelotón, a la vista de todos ls rivales, en una recta atascada de gente, eso no tuvo precio, dejarles atrás y mantener el hueco, fue sublime.
Una acción inesperada que completó con la crono del día siguiente, dos etapas y balance en uno.
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La contrarreloj de Charleroi no está entre las mejores de Indurain, pero su cómputo con Lieja se le aproxima en los daños ocasionados en otras a los rivales.
Si bien el destrozo estuvo en la que consideramos, con Luxemburgo, la mejor jornada de siempre de Miguel Indurain, en el Tour y fuera de él, y mira que tuvo unas cuantas.
El goteo de rivales quedándose en la base de La Plagne al albur de un ritmo que fue el mismo abajo, en medio y arriba nos deja una de las mejores exhibiciones que hemos visto nunca a alguien, ojipláticos como pocas veces nos ha supuesto este deporte.
Ahí, podríamos decir que se acabó el Tour, pero no.
L´ Étape Spain: Cicloturismo con el sello del Tour de France
Aquel Indurain era el más maduro, sólido y consciente de su poder de siempre, pero también objeto de ataques indiscriminados como la ONCE en Mende.
Salió airoso porque era el más fuerte, su equipo era un señor equipo y cuando éste no llegaba Echávarri se movió bien por los coches de otros directores.
El quinto Tour de Indurain es la obra maestra, el ciclista total, en un tiempo que hoy vemos oscuro, pero que iluminó nuestro amor eterno por el ciclismo.



