Opinión ciclista
Zwift, o cómo llegar al ciclismo profesional con un rodillo
El ciclismo profesional no escatima atención en lo que sucede en Zwift
Cuando el coronavirus irrumpió en la primavera de 2020, ninguno de nosotros éramos todavía conscientes de hasta qué punto iba a cambiar nuestro estilo de vida. Lo estamos viendo hoy, pero sin ningún género de dudas, lo seguiremos comprobando en el futuro. La forma en la que nos relacionamos, nos desplazamos, trabajamos, viajamos, consumimos… y también el modo en el que practicamos deporte, algo que en el ciclismo, incluso en el profesional, Zwift, entre otros, ha demostrado tener algo que decir.
Durante los meses de confinamiento forzoso, tener un rodillo para la bicicleta era poco menos que poseer un valioso tesoro. La imposibilidad de salir al exterior a dar pedales, sumado a la falta de reposición debido al cierre de las fábricas de prácticamente todo el mundo, generaron el caldo de cultivo perfecto para que en apenas unos pocos días, todo el stock disponible en las tiendas online desapareciera completamente. Páginas como Wallapop echaron humo con ofertas de rodillos usados de todo tipo, vendidos al doble de su PVP original, y tampoco escasearon los vídeo tutoriales para fabricar uno casero.
De la noche a la mañana (casi literalmente), ese aparato del diablo que casi todos teníamos guardado en el trastero, y que solo utilizábamos en los días de invierno en los que el sol dura tan poco, o cuando llovía, se convirtió en una extensión de nuestro propio cuerpo durante esas eternas semanas de encierro. En algo indispensable, y que tan bien supo plasmar el fotógrafo Alberto Gallego “Brazo de Hierro” en una campaña para Strava que quedará para el recuerdo. Y al igual que en esos días no parábamos de leer en prensa esa recurrente frase de que el teletrabajo había adelantado su avance en 5 años, eso mismo estaba ocurriendo con plataformas de ciclismo online como Zwift. De repente, y sin apenas tiempo de reacción, las competiciones online pasaban a convertirse en las principales noticias de los medios especializados en ciclismo, se creaban competiciones oficiales avaladas por la UCI y en las que competían ciclistas profesionales, e incluso se emitían en riguroso directo a través de Eurosport , comentadas como cualquier otra por el gran Antonio Alix. Pero ahí no se quedó la cosa.
Por sexto año consecutivo, la marca estadounidense anunciaba hace unos días su conocida como Zwift Academy, que se trata de un programa de entrenamiento a través de la plataforma para captar talento, y lo más importante, ofrecer a los ciclistas amateurs que participen convertirse directamente en profesionales con la opción de firmar un contrato con los equipos Pro Tour Canyon-Sram o Alpecin-Fenix. O lo que es lo mismo; pasar de cero a ser compañero de filas del mismísimo Van der Poel. Ahí es nada.
Y si crees que esto es otra campaña de marketing más, que tan solo busca promoción, y que no llega a ningún puerto, estás muy equivocado. Para muestra un botón: el ganador de la edición de 2020, Jay Vine, que fue fichado por el Alpecin, acabó 2º en la general de la Vuelta a Turquía, 5º en la etapa reina de la Vuelta a Burgos, y en la 73ª posición de la reciente Vuelta a España, en la que acabaron la carrera un total de 142 ciclistas. Nada mal, ¿no?
Zwift se define como una empresa de fitness nacida del videojuego. De hecho, es eso lo que es básicamente, solo que sustituyendo el clásico joystick de toda la vida por nuestras piernas. Con una facturación global del sector en general de 120.100 millones de dólares, se ha posicionado a día de hoy como una de las opciones de ocio audiovisual más demandadas en todo el mundo, y con ese avance tan imparable en los últimos años, que creara sinergias con el mundo del deporte profesional era solo cuestión de tiempo.
Porque aunque muchos de nosotros no naciéramos en la era digital, ni tuviéramos un ordenador desde pequeños, no debemos descuidar ni menospreciar lo que nos traen estos aires de cambio que han llegado para quedarse, y sin duda alguna, para revolucionar nuestro deporte en los próximos años. Estamos obligados a entendernos. Y aunque los puristas del pedal se echen las manos a la cabeza, quizá en futuro cercano, no solo lleguen a profesionales aquellos que hagan una buena temporada en su equipo sub-23, ganen el Balenciaga o el Tour del Porvenir.
Quizá, como digo, dentro de no mucho, los directores de equipos tengan que lanzarse a cazar talentos en Watopia.
Imagen: Zycle





