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Mundo Bicicleta

La trilogía del cicloturista: El Iniciado

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Cicloturista JoanSeguidor
Ciclovolta

Todo cicloturista ha tenido un inicio

Se puede decir que soy de aquellos cicloturistas que nacimos a partir de ver los hachazos de Perico en la montaña, en el Tour y por la tele, y maduramos con el ciclón Induráin, en unos tiempos en que salir en bicicleta era visto aún como una cosa extraña.

Salía con mi hierro, con todos los accesorios posibles: portaequipajes, luces,… y cuenta-kilómetros, eso sí, que yo quería saber cuánto recorría para después alucinar con mis primeros 10 kilómetros, luego 20, 30,… ¡hasta llegar a los 40!

Madre mía, había hecho cuarenta kilómetros en bicicleta, increíble.

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Iba sin casco, sin guantes, pero con culote y maillot, por supuesto, aunque con las piernas peludas (¿depilarme? ¡Ni loco!), con mis calapiés, mis bambas (sí, con bambas…) y siempre solo.

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A ver, que levante la mano el que no ha salido nunca así…

Ya desde un principio me tiraba la montaña, donde encontraba la verdadera sensación de este deporte: primero escalar Montjuïc, luego Tibidabo, no sin antes haberme bajado, más de una vez, de la bicicleta agotado.

 

Cuando estos “retos” los superé, el siguiente fue uno que me tenía verdaderamente obsesionado: subir a Montserrat.

Iluso de mí, salí una tarde de primavera sobre las cuatro, desde mi casa, entonces en Esplugues, junto a Barcelona, y llegué, vaya si llegué, subí hasta el Monasterio arrastrándome pero lo logré.

El problema fue a la vuelta, cuando se me hizo de noche, con el peligro que me supuso.

 

Un buen día (sí, como en los cuentos), vi un cartel que anunciaba una marcha cicloturista que organizaba el club ciclista del barrio donde yo trabajo, en Gràcia.

Lo primero que me llamó la atención fue el pedazo trofeo que obsequiaban a todo aquél que acabara la marcha: una figura de un ciclista en un pedestal, muy maja.

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Después observé la fecha y el recorrido: 9 de mayo a las 7 de la mañana y… ¡120 km con muchas subidas!.

Además establecían un tiempo mínimo de… ¡20 km/h!

18 de mayo, Guadarrama te espera

Yo pensaba que sería incapaz, que no podía ser, muchos kilómetros, mucha exigencia… ¡y una velocidad de vértigo!

Pero tenía que probar.

Unos días antes salía a entrenar con vistas a participar y me animé, pues ya empezaba a recorrer distancias entre 75 y 80 km dignamente.

Recuerdo entonces que lo primero que hice fue sacarle todo el peso posible a mi pobre flaca: si quería que fuera un poco competitiva tenía que quitarle tanto lastre, así que fuera portaequipajes, luces, guardabarros, etc.

 

El primer cicloturista lleva pelos en las piernas

¿Y yo?

Tenía que mejorar mi imagen, porque me había fijado en otros ilustres cicloturistas por la carretera y me admiré con sus impecables equipaciones, sus piernas depiladas, brillantes y con los músculos bien definidos.

Me fijé que no llevaban calapiés, tenían las zapatillas como enganchadas a los pedales y todos llevaban casco.

Finalmente me compré un casco también y todo el mundo me decía: ¡qué feo estás con ese gorro!

Me pude hacer, del mismo modo, con unos pedales automáticos.

¡Qué sensación más extraña! Parecía que de un momento a otro la caída iba a ser inminente y yo no podría desengancharme de la bicicleta.

No sin pocos esfuerzos, pude acostumbrarme más rápido de lo que pensaba a mis nuevos pedales.

Ya sólo quedaba un último asunto para completar el ritual: depilarme.

Pude acabar el “trabajo” sin sufrir graves contratiempos: algún corte por aquí, algún tajo por allá, ya se sabe.

Y qué sensación más extraña, la primera vez que te pones un pantalón o duermes bajo las sábanas.

Por fin llegó el día de la marcha cicloturista

Lo primero que me viene a la memoria es la sensación reconfortante, y fresca, de sentir mis piernas al aire libre, por primera vez sin pelos.

Era entre ligereza y comodidad, me sentía flotar en el ambiente y me daba más sensación de fortaleza.

Una vez en la línea de salida y formalizar la inscripción, sólo observaba, miraba, descubriendo detalles entre los ciclistas, la organización…

Grupeta, esa bonita palabra

Vi ambulancias, policía, coches de asistencia, parecía que estaba en el Tour, y en el ambiente, un cierto olor a carrera, producido, seguramente, por los ungüentos y linimentos de las piernas de aquellos galácticos.

 

Arrancamos y sólo se oían los click-clack de las zapatillas colocándose en sus puestos.

Me fui situando modestamente en el seno de un pelotón de más de 300 ciclistas, y poco a poco, me animé al ver que podía seguir bastante bien el ritmo impuesto.

Ingenuo de mí, ignoraba que nos llevaban neutralizados hasta la salida de la ciudad de Barcelona, por la Avenida Diagonal, que presentaba un aspecto inmejorable: la gente animando como si se tratara del paso de la caravana del Tour.

 

Una vez fuera de la gran ciudad, el ritmo se avivó y me desengañé, ya que en las subidas me iba quedando junto con otros compañeros, pero estaba contento porque detrás de mí aún había mucha gente, y no era precisamente de los últimos.

Así marchamos hasta llegar al primer avituallamiento: parada obligada, firma de control, y a desayunar: donuts, coca-colas,… no estaba mal, y todo el pelotón parado, reagrupado, igual, igual, que se hace ahora, vamos…

Seguimos y otra vez la carretera puso a todo el mundo en su sitio y, con bastante esfuerzo, llegué con un grupo muy majo a la plaza mayor de Vilafranca del Penedès, donde se almorzaba y se daba la vuelta.

 

Allí empecé a charlar con otros cicloturistas de sensaciones, entrenos, alimentación, de temas que yo nunca había dado importancia y que a partir de ahora tendría muy en cuenta..

De regreso, no sé por qué, me encontré mucho mejor, supongo que por el almuerzo, porque íbamos más juntos que a la ida o porque el terreno era más propicio, el caso es que se me pasaron los kilómetros volando, y enseguida llegamos a la entrada a Barcelona, donde nos esperaba la Guardia Urbana para cruzar la ciudad.

 

Muy contento por haber finalizado mi primera marcha, ¡dentro del horario establecido!, por haber conocido a mucha gente, por el trofeo y recuerdos que nos dieron, marché a casa muy satisfecho y con sólo un pensamiento en la cabeza.

Al día siguiente, lunes, un muchacho de Esplugues entraba en la sede del Club Ciclista Gràcia, y salía de ella con una sonrisa de oreja a oreja con su carné de socio, su licencia cicloturista y con aquel maillot tan raro.

Ese cicloturista advenedizo tenía retos inéditos…

Se le abría ante sí un nuevo horizonte: excursiones y marchas épicas, grandes compañeros y amigos, un nuevo y diferente estilo de vida.

Miles y miles de kilómetros más tarde, recuerdo aquel día aún con emoción y muy orgulloso de pertenecer a este nuestro pequeño y gran mundo cicloturista.

Imagen: La Cicloturista

Castelli GIRO
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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
Ciclovolta

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

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En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

Castelli GIRO
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Ciclismo antiguo

Tirreno-Adriático: Herminio Díaz Zabala fue almirante entre dos mares

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Herminio Díaz Zabala Tirreno JoanSeguidor
Ciclovolta

Cuando Herminio Díaz Zabala ganó toda una Tirreno-Adriático

Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros.
Una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que arranca ya de costa a costa, por el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento hispano hasta que aquel ciclista de generosa entrega llamado Herminio Díaz Zabala logró el éxito en el año 1991.
Hace treinta años, ya.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio ocupa plaza afortunada.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
Sin embargo si hubo una victoria que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
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En esa edición de la Tirreno Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena con muy buenos elementos rodeándole, tales como Taffi, Ghirotto, Wegmuller o Raúl Alcalá. Tercero en esa jornada el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghirotto, en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Foto tomada de www.ciclo21.com

Castelli GIRO
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Destacado

Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

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Ciclismo Vintage JoanSeguidor
Ciclovolta

La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche fue noticia por su anulación hasta el mes de agosto, pero la historia de esta carrera, la misma que no había visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

Castelli GIRO
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Mundo Bicicleta

En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo

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«En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo; ante este gigante, sólo podemos quitarnos el sombrero y saludar con modestia»

La frase de Henry Desgrange, el padre del Tour, exclamada en 1911, define a la perfección lo que el ciclista siente cuando se tiene que enfrentar al gigante alpino en un terreno grandioso, inexpugnable hasta aquel entonces, donde incluso los más grandes campeones empequeñecen ascendiendo por su carretera ganada a los hielos, que cubren tres cuartas partes del año alcanzando los siete metros de manto blanco bajo las órdenes del general Invierno.

Territorio hostil, en su cumbre a 2645 metros sobre el nivel del mar reina el silencio y solo nos queda admirar. Y meditar. Por encima de la cota 2000 hay poca vida en sus laderas, quizás alguna marmota que se despereza del letargo hibernal, pero la actividad humana es prácticamente nula. Es el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, en toda su expresión, un monumento hecho montaña donde solo llegar hasta allí arriba supone una victoria y ganar, la gloria, tocando el cielo con las manos.

Así debió sentirse Émile Georget -igual que Neil Armstrong cuando pisó la Luna-, al ser el primer hombre en pedalear por el túnel abierto en su cima, porque el francés, a diferencia del norteamericano, no puso pie durante las 2 h y 38 minutos que invirtió en toda su ascensión, «una gesta sin precedentes en los anales del ciclismo», tal y como tituló L’Auto en su portada del 11 de julio de 1911. Siguiendo con la analogía, el mismo diario aquella fecha podría haber definido la épica etapa como un pequeño paso para el ciclista pero un gran salto para el ciclismo mundial y el Tour, que con aquella montaña adquiría una nueva dimensión.

El túnel que la mayoría de vosotros conocéis ya estaba abierto en aquellos años, ya que fue nada menos que en 1891 cuando se construyó para comunicar a los vecinos de la Saboya con los de la Provenza, bajo 90 metros de piedra y roca y 365 de largo, tantos como días tiene el año. Poco se podían imaginar que 20 años más tarde alguien montado en aquel invento reciente sería capaz de semejante hazaña.

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Le habrían tachado de loco, de lunático, pero así fue para asombro de los aficionados a este increíble deporte que se engancharon a un espectáculo sin igual en el que los ciclistas «fueron capaces de ser alados y elevarse hasta unas alturas donde ni siquiera llegan las águilas», como también pronunció en su día el propio patrón de la Grand Boucle. Por aquí volaron Fausto Coppi en el Tour del 52 «escalando como un teleférico deslizándose por su cable de acero» (Goddet), Charly Gaul en 1955, Bahamontes en el 64 o Anquetil dos años más tarde en una de sus mejores vuelos.

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El Galibier es un paso de montaña casi tan viejo como la propia Humanidad. Se dice que esta ruta se fue trazando siguiendo los pasos de contrabandistas y vendedores ambulantes que desafiaban el frío y las ventiscas de nieve incluso en verano. Acceder a uno de los otros valles era como hacerlo a la cara oculta de la Luna, a un territorio desconocido, otro mundo.

Sin embargo no fue hasta 1979 cuando el coloso da su estirón definitivo y crece nada menos que 89 metros, alcanzando los 2645 actuales. En efecto, el viejo túnel se resintió de una sus bóvedas y amenazaba con desplomarse de un momento a otro. Se cerraron sus grandes portalones de madera durante 25 años y se construyó una nueva carretera para cruzar el paso en forma de curvas diseñadas «a la mula», mil metros más de escalada al 10%, convirtiéndose en el tramo más duro de toda la ascensión, siendo Lucien Van Impe, aquel mismo año, el primero en estrenarlo pasando en solitario en cabeza.

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Aunque las puertas del túnel fueron abiertas de nuevo en el año 2003, después de las reformas que ya permitían el paso incluso de autocares, el Tour prescinde de él y prefiere el nuevo tramo que lleva a la cima, para disfrute de los aficionados que sienten en aquellas nuevas rampas toda la épica de los esforzados de la ruta que se convierten en gigantes cuando hollan su cumbre, igual que lo seréis vosotros si superáis el miedo escénico del cartel «Col du Galibier: 35 km», saliendo de St Michel de Maurienne. Más que un fuera categoría, un puerto de otro planeta.

Por Jordi Escrihuela

Imagen: Ciclismo Épico

 

Castelli GIRO
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Chris Froome: ¿Cómo es posible que aún colee el tema del salbutamol?

https://joanseguidor.com/froome-salbutamol/ by @JoanSeguidor

Aqui no hablaremos de Bernal, Landa o Nibali, lo haremos de lo que verán sus ojos en la ruta y los nuestros por la televisión, y lo hacemos con @TuristaVuelta y @FAremberg .
Bienvenidos a la #GuíaTuristicadelGiro.

https://joanseguidor.com/giro-italia-2021-guia-turistica/

#PodcastJS con @Tuvalum
#Giro104

En unas horas Marc Soler liderará por primera vez sin condiciones no sombras su equipo en una grande.
Haga lo que haga, Soler gana.
Si brilla en la general, bien, si no lo hace y brilla en la caza de etapas, también

https://joanseguidor.com/giro-italia-2021-marc-soler/

#Giro2021

Escuchado el podcast de @ACDPeloton creo que tiene razón @mikeilundain vs @AlbertRiveraR & cia
Si te parece bien que Evenepoel se sacuda las migas, no te puede disgustar el gesto de Marc Soler mandando callar.
No creo que ser capo te dé barra libre de gestitos...

Todavía colea el caso de Froome y el salbutamol
La justicia no es justa si es lenta, e igual que nos pareció una barbaridad, por ejemplo que se le quitara una Vuelta a Cobo, casi ocho años después, es tremendo que se filtre la pelea entre UCI y WADA

https://joanseguidor.com/froome-salbutamol/

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