Ciclistas
Tour: Pogacar no regala ni horas de amarillo
En la narrativa de Pogacar en el Tour los días de amarillo no suponen desgaste
El Tour de Francia vive obsesionado con su propia narrativa, pero la historia reciente confirma una tendencia irrefutable: la época de los vuelcos agónicos en el último suspiro ha quedado archivada en la videoteca.
Aquel vuelco brutal de Cadel Evans a Andy Schleck en la crono de Grenoble en 2011, o la famosa exhibición de Pogacar arrebatándole la carrera a Roglic en La Planche des Belles Filles en 2020, son excepciones de la era moderna.
Salvo esas dos pinceladas de dramatismo tardío, el líder definitivo enseña sus cartas muchísimo antes.
Los datos del último relevo en el amarillo hablan por sí solos.
En los últimos años, la carrera se ha sentenciado de forma prematura.
Las grandes batallas en la montaña de la primera semana dejan el juicio bastante encarrilado.
Lo comprobamos cuando Pogacar se vistió de amarillo en Valloire durante la cuarta etapa hace dos años, o este mismo Tour, cuando sentenció la carrera en Gavarnie-Gèdre en la sexta.
Ocurrió igual con la irrupción de Vingegaard en Cauterets en 2023 o en el Col du Granon, a mitad de carrera de 2022.
Incluso en ediciones con líderes ocasionales —aquellos secundarios que visten la prenda dorada gracias a escapadas consentidas como las de Van der Poel, Carapaz, Healy o Traeen—, el verdadero dueño de la carrera asesta el zarpazo definitivo en cuanto asoman las primeras rampas serias.
Raro es el año en que el vencedor final no viste de amarillo antes de llegar al segundo descanso.
Tour de France
Las cronos llanas de la tercera semana ya no deciden nada porque las diferencias en la montaña son insalvables, en todo caso sentencian, como la de Vingegaard ya de amarillo en 2023.
El ciclismo actual se corre sin especulación, a bloque desde el primer día, con vatios calculados al milímetro y bloques dominadores que bloquean cualquier intento de insurrección tardía.
Quien busque el vuelco de guion en la etapa veinte se equivoca de época.
El Tour actual se decide temprano, el patrón toma el mando en el primer bloque de montaña y, desde ese momento, se limita a gestionar su renta hasta París o Niza.
El maillot amarillo ya no cambia de manos a última hora; se liquida al principio y no se suelta jamás.
Imagen: ASO/Thomas Maheux








