Ciclistas
¿El maillot amarillo ganando en París? No lo descartéis
Montmartre ha prestigiado el final del Tour en París
El legado de París 2024 nos dejó, sin margen para la duda, las imágenes para el recuerdo de Montmartre y ese tramo final antes de abordar los Campos Elíseos.
Fue un circuito y una propuesta que ya vivimos en la prueba olímpica y que, desde luego, creo que ha venido para quedarse definitivamente en la retina y en el diseño del ciclismo moderno.
Puedo comprender perfectamente la frustración de perfiles como Jasper Philipsen, Tim Merlier, Biniam Girmay o cualquiera de los grandes sprinters del pelotón actual, a quienes se les priva de golpe de una de las jornadas más grandes de todo el año, la prestigiosísima victoria en los Campos Elíseos.
Sin embargo, a nadie se le escapa que aquel paseo triunfal por la avenida más famosa, que no bella, del mundo quedaba totalmente descafeinado.
Resultaba prescindible en la propia narrativa del Tour de Francia, más allá del mero espectáculo de ver a los corredores subir y bajar en procesión por el boulevard parisino.
La inclusión del paso por Montmartre era una necesidad tras ver el impacto de las Olimpiadas.
Aúna todo lo que exige el ciclismo en la actualidad: un escenario fotogénico perfecto, una multitud entregada en las arcadas del recorrido y el desenlace de la carrera más importante del planeta.
Meter al pelotón por ahí arriba, una vez superado el Arco del Triunfo para subir a la basílica Sacrea Coeur y regresar al circuito tradicional, transmite la sensación de que era un cambio indispensable.
Había que romper de una vez con una de las tradiciones más profundamente aferradas de la ronda francesa: el cansino sprint masivo en los Campos Elíseos.
Se abre ahora la opción real de volver a ver ganar al maillot amarillo en la jornada de cierre, algo que no sucede desde que lo lograra Bernard Hinault a principios de los ochenta.
La última etapa del Tour ya la ganó Tadej Pogačar con el amarillo a las espaldas en aquella crono de Niza, justo antes de que Remco Evenepoel se colgara el oro olímpico para demostrarnos a todos que otro final en París es posible.
Deja atrás tradiciones como las volatas o los grandes kilometrajes contra el reloj para dar paso a otras opciones igualmente atractivas.
Me sabe mal por los sprinters y los especialistas de la crono, especies en clara extinción que ven recortado su terreno en el Tour, pero el espectáculo visto con el propio Pogačar, Wout van Aert o Evenepoel demuestra que merece la pena.
La gran duda ahora es saber quién será capaz de evitar que el maillot amarillo vuelva a levantar los brazos en el último suspiro de París.
Imagen: ASO/Aurélien Vialatte








