Ciclistas
El Tour sigue en la trampa de las etapas cortas
Con etapas tan cortas el Tour se priva el factor sorpresa del kilometraje
Cuando hace una semana vimos la presentación del Tour de Francia, aplaudimos aspectos como el inicio nervioso, viento & pavés, también nos parecieron interesantes los encadenados en montaña y nos atrajo una crono larga a 24 horas del final, sin embargo, si una cosa no nos cuadró fue la profusión de las etapas cortas.
Hace menos de cuarenta años era normal disfrutar de Tours que superaban los 4000 kilómetros, especialmente largo fue aquel de Roche y Perico en 1987.
Luego en los noventa la cosa se fijó entorno a los 3700 kilómetros.
En 2022, el Tour andará por los 3200 kilómetros, con una importante dispersión de etapas cortas.
Así vemos que sólo cumplen con la criba de los 200 kilómetros, o cerca, las jornadas danesas y una que parece muy interesante al tiempo que desapercibida, es la jornada valona de Longwy, con 220 kilómetros.
Ese día el pelotón pasará por algunas cotas y el final es accidentado, una etapa que puede provocar una criba brutal si hay ganas de armarla de lejos.
Ese día nos recuerda a la famosa etapa 7 del Tour de 2021, una jornada de 250 kilómetros en vísperas de la montaña con un trazado envenenado, lleno de dureza y velocidad.
Cuando Van der Poel y Van Aert le dieron una vuelta de tuerca a la carrera quedaban más de 220 kilómetros para meta ¿el resultado?
Una etapa antológica, de esas que hacen gala al gran fondo que se le supone al ciclismo y en especial al Tour de Francia, una etapa de gigantes, con desarrollo de clásica, cuya longitud, trazado y velocidad abrieron tanto el pronóstico que ni Van Aert ni Van der Poel pudieron estar delante al final.
Aquel día ganó su primera etapa Mohoric.
Con esto venimos a decir que el ciclismo se vuelve ilógico, completamente impredecible, cuando el pelotón pasa cierta barrera de kilómetros, de ahí el desenlace de clásicas como Flandes, en las que Asgreen, más lento que Van der Poel, acabe imponiéndose.
Y así mil ejemplos.
Que jornadas que nos atraen como Alpe d´ Huez o Col du Granon sólo tengan 166 y 148 kilómetros no hacen justicia a lo que el Tour ha querido proponer recuperando perfiles que, por otro lado, creíamos olvidados.
Las etapas cortas se han metido tanto en el ADN del Tour que las largas, las maratonianas, son una excepción.
Sabemos que el ciclismo evoluciona, que explora nuevos puertos, que busca superficies inéditas… pero sinceramente no le vemos el beneficio a tantas y tantas etapas cortas, sobretodo cuando el Tour vende que ha diseñado el recorrido para las “generaciones más guerreras” donde destaca gente que no se corta en atacar a mil de meta.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet





