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Julian Alaphilippe

El de Bernal también será el Tour de Alaphilippe

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Julian Alaphilippe Tour etapas JoanSeguidor
World Fondo WT – Epic

En la galería de nombres del Tour, Julian Alaphilippe brilla mucho más que algunos que incluso acabaron pisando el podio de París

El otro día, cuando Julian Alaphilippe cruzó la meta de Val Thorens, y aplaudimos en redes el Tour que se había cascado recibimos este par de mensajes…

 

Julian Alaphilippe tiene motivos para estar orgulloso de su Tour, muy orgulloso. 

Ha remado hasta la misma orilla, dejando en la ruta lo mejor de un corredor que, a pesar lo que nos responden, no lo ha tenido sencillo.

Porque los catorce días que Julian Alaphilippe viste el amarillo no son un regalo ni se los encontró.

El francés es un ciclista que entra en el Tour con la certeza que será protagonista y como buen previsor no deja pasar la primera oportunidad que tiene para echarle un pulso al pelotón y ganarle con la mano.

Alaphilippe no necesita llevar el maillot amarillo hasta París

Una fuga larga es la que le quita un liderato que recupera en vísperas de la fiesta nacional.

Y a partir de ahí, una omnipresencia que copa el Tour y llena  a un país como pocos franceses lo han logrado en los casi 35 años que llevan sin ganar el Tour.

Hay una etapa que explica el Tour de Julian Alaphilippe, esa crono de Pau y la victoria por delante todos los favoritos.

 

Fue el punto de inflexión que precedió a unos Pirineos que no le quitaron el amarillo que muchos dieron por amortizado.

Dicen que no le han atacado en serio hasta los Alpes, y podemos estar de acuerdo a medias, porque los ataques no siempre están sujetos a querer o no lanzarlos y sí a las fuerzas y como se vaya a cada momento,

Que no atacaran a Alaphilippe no fue baladí, no lo hicieron porque sencillamente no pudieron.

Así viven los chavales del Kometa el Tour de Francia 

Es cierto que cuando se le apretó, Julian Alaphilippe demostró no tener el fondo para responder, pero es que era Egan Bernal el que le estaba descabalgando.

Y ojo a la reflexión, porque el hecho que el liderato de Alaphilippe se extendiera tanto ha obligado al Ineos a moverse y aquí la punta de lanza fue el bueno de Egan.

En otro caso, igual hasta Geraint hubiera tenido el mando de las operaciones hasta el final.

 

El Tour de Alaphilippe demuestra que se puede correr agresivo para luego sufrir para mantener lo logrado, que el riesgo también entraña admiración, eso sí cuando la jugada sale bien y a este corredor de perilla característica, las cosas le salen bien habitualmente.

Correr con ese grado de confianza, a veces soberbia para algunos, no es sencillo, es haber pasado muchos trances y doctorados, haber mamado derrotas dolorosas, como aquellas Liejas que le sacó Valverde.

Julian Alaphilippe puede estar muy orgulloso de lo hecho, porque ha roto moldes y los esquemas de este ciclismo que será muy moderno, pero que en ocasiones aburre hasta las ovejas.

 

Y de paso le ha dado un shock, una corriente a un país que poco necesita para querer este deporte en el que se arroga de ser nido y pesebre de algunos de los mejores de la historia y las competiciones más prestigiosas.

Francia soñó tres semanas con Julian Alaphilippe, incluso con Thibaut Pinot, y ambas bazas se cayeron casi a la vez.

Pero no desistirán y volverán por donde llegaron a este punto.

Y mientras podrán alimentar la esperanza gracias a un corredor que es vacilar, números de la UCI en la mano, el mejor del mundo.

Y seguirán siéndolo mientras sepa dibujar sus límites y sepa dónde tiene verdaderamente opciones, porque a pesar de lo visto, seguimos sin verle ganando un Tour, al menos en el corto plazo.

Si más allá mete todos los huevos en la misma cesta, quizá, aunque entonces nos perderemos un corredor que es un premio a quien «sufre» este bendito deporte.

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Jorge Roc Segura

    1 de agosto, 2019 En 7:57

    Con todos mis respetos, si lo que ha hecho en el Tour 2019 no tiene mérito lo de Bernal me parece mucha pompa aunque sea un corredor con mucho futuro. Alaphilippe no se ha, encontrado nada. Y si no ha podido ganar el Tour, es por que había alguien más fuerte que el. Punto.

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Julian Alaphilippe

¿Qué pasa con Julian Alaphilippe?

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World Fondo WT – Epic

La explosión de Evenepoel ha relegado casi totalmente a Alaphilippe

El otro día, cuando recordábamos los 25 años del Quick Step en ciclismo, surgieron paisajes y recuerdos que hablan de la profundidad de armario que ha manejado este equipo desde siempre, una profundidad que hoy se explica en la dualidad de los dos últimos campeones del mundo: Julian Alaphilippe y Remco Evenepoel.

Hasta la fecha las cosas habían estado bien claritas, con Alaphilippe marcando músculo en lo más alto del equipo azul y Evenepoel jugando sus cartas donde le surgía la opción.

Recordad la famosa etapa de la Itzulia en la que los equipos profesionales españoles se hicieron la picha un lío y les acabaron dando caza para que Alaphilippe rematara con ayuda de Evenepoel.

Sintonía, buen rollo, dos capos echándose una mano, pero con los roles marcados, roles que ahora mismo creo que se han invertido.

Cierto es que, revisando el calendario 2023 de ambos, sólo coincidirán en la Lieja-Bastogne-Lieja en la que el belga defenderá corona, pero a nadie se le escapa lo mucho que va a tener que hacer el francés para recuperar el terreno perdido.

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2022 fue un año muy diferente para Evenepoel y Alaphilippe, pero lo del francés rozó la tragedia.

Tres caídas, en momentos clave le dejaron seco de competiciones y objetivos.

Cada vez que encontraba la forma, pam, adiós.

La increíble caída que el francés sufrió en Strade, en los prolegómenos del gran ataque de Pogacar, fue en el anticipo de lo que vendría.

Recuperado, le llegó otra caída, camino de Lieja, dando vida a esa famosa foto con Romain Bardet interesándose por él en ese terraplén.

Una caída que le quitó hasta el Tour de Francia en el que siempre, siempre, es protagonista.

Volvió con la Vuelta, y cuando empezaba a trabajar a satisfacción para Evenepoel, otro percance dejó fuera a Alaphilippe.

Un año lleno de desgracias que lo ha retirado de los titulares, más allá de los reproches de su jefe, el amigo Lefevere, recordándole lo mucho que cobra para volver a ser quien era.

En 2023 Alaphilippe vuelve sobre un calendario que ya conoce, desde Strade al Tour, pasando por San Remo, Flandes y el tríptico de las Ardenas, dicho de forma resumida.

El ciclismo necesita tipos como Alaphilippe que levante la gente del asiento, que ponga este deporte donde merece, que dé que hablar.

Ojalá el año que empieza lleve su apellido en muchos titulares, si eso pasa, ya os puedo asegurar nos lo pasaríamos bien.

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Julian Alaphilippe

La primavera de mierda de Julian Alaphilippe

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World Fondo WT – Epic

Nada le ha salido a derechas a Julian Alaphilippe esta primavera

Con la primavera en la retina, bien podemos decir que esta vez no ha salido el arcoíris, o lo que es lo mismo, no hemos visto aparecer a Julian Alaphilippe, no en la medida a la que nos tiene acostumbrados.

Aqui vemos eso que decimos del el ciclismo, como algo duro y largo, una suerte de montaña rusa de buenos, malos y medios momentos, un sorteo de dificultades que nunca acaba.

Recordaréis hace tres años, el amigo Julian, todo le salía, hasta un sprint que le limpió a los velocistas en Tirreno.

Ganó Strade, hizo lo propio en San Remo, con un brutal dominio de la escena, y luego su querida Flecha Valona.

Aquel Alaphilippe era el coco, el amo de la primavera, un dominador de carreras inciertas donde las haya, como pocas veces hemos visto.

Pero la historia cambia según la cuente y quién la protagonice, el año pasado -pues en 2020 no hubo primavera-, Alaphilippe ya tuvo encontronazos en primera persona con el dúo Van Aert-Van der Poel con resultados de todo tipo, pero alejados de la campaña de 2019.

Especialmente bonita fue la Tirreno del año pasado, con los tres jugando al gato y al ratón.

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Este año en Tirreno, ya advertimos que este Julian no era el de años anteriores.

Influyó, seguro que sí, el hostión que se pegó en la Strade Bianche, cuando salió volando en uno de los tramos de tierra.

Esa caída le sacó de la carrera de caminos blancos y creo que le pesó gran parte de la primavera.

En Tirreno se le vio un peldaño por debajo de los mejores y a San Remo no pudo acudir, una bronquitis tuvo la culpa.

Esta vez no quiso experimentos en Flandes y centró las fuerzas en Árdenas

En el camino consiguió mojar en Itzulia, el día que Remco se puso a su servicio, aquella etapa en la que los escapados de los equipos pros españoles se pegaron un tiro en el pie.

Euskadi parecía un buen escenario para engordar el pollo, pero no.

La cuenta se paró en la segunda jornada, pues Pello Bilbao y Dani Martínez le ganaron con claridad en sendos sprints.

Ya veis, Pello y Dani, sobre el papel mucho menos rápidos, pero esos dos días infranqueables para Alaphilippe.

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Vinieron las Árdenas y la cosa no mejoró.

Escogió la rueda de Pogacar para el asalto de su cuarta Flecha Valona y no hubo manera.

El esloveno reventó ante el empuje de Teuns, Valverde y Vlasov y cortó a Julian, ahí se acabó el cuento.

Y luego la Lieja, con la caída en la que Bardet le saca del terraplén, un golpe brutal, con costillas rotas, entre otras cosas, y una recuperación que se anuncia larga, a ver si llega al Tour.

No ha sido la primavera de Julian Alaphilippe, lo que hacía un tiempo sacaba con nota, como si no le costase, ahora se hace un mundo.

Más allá del periodo, el ciclismo necesita tipos como Julian, la pimienta de cualquier ensalada, esperemos verte de nuevo en ruta, campeón.

Imagen: A.S.O./Gautier Demouveaux

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Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe nunca dice «nunca jamás»

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La tenacidad de Alaphilippe es uno de los grandes tesoros del ciclismo actual

En Julian Alaphilippe sucede una cosa que en otros grandes capos de la actualidad no ocurre, algo que le pasa también en cierta medida a Primoz Roglic, y es que ambos vienen del que podríamos llamar «viejo ciclismo», pues lo vemos lejano, aunque hayan pasado «sólo» tres años, y aquí siguen, aguantando el tirón de los «advenedizos».

El año que finaliza no ha sido el mejor, estadísticamente hablando, de Julian Alaphilippe, pero si una cosa tiene el ciclismo de este genio del centro de Francia es que no conoce la palabra «imposible», no la contempla, no existe en su diccionario.

Julian Alaphilippe es actitud y estado de ánimo, es el claro ejemplo de que si se quiere, si de verdad se desea, y se tienen, obviamente, facultades, es posible tirar para adelante, y sacar la cabeza.

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Y con Alaphilippe, en esas estamos, en un ciclismo que ya no habla de números y sí de emociones.

Conviene verlo y comprobar que los resultados de 2021 del francés no llegan a los de antaño, en especial a los de 2019, cuando el francés culminó una de las mejores campañas que se recuerdan a título individual.

De hecho, el año que acaba Alaphilippe lo finaliza con cuatro triunfos, pero qué cuatro triunfos.

Tres de ellos, frente a las dos paredes que el ciclismo ha puesto frente a Alaphilippe: Van Aert y Van der Poel

Entre el belga y el neerlandés le han puesto tope al inquieto francés, que vio desde el mismo momento que se descuelga en el final de la Strade que ganar con estos dos en liza no iba a ser nada sencillo.

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Pero lejos de desistir, el campeón del mundo, por algo lo es, no baja los brazos, al contrario, se arma de valor, barrunta un plan y como si fuera «Julian sin miedo» va a por ello.

Así, a pocos días de la sonada segunda plaza en Strade, Alaphilippe le devolvió a VDP el palazo de Strade haciendo lo que mejor sabe hacer, anticiparse.

Alphilippe no ganó Flandes, pero formó parte de la manda que acabó reventado a VDP, luego ganaría la Flecha y volvería a hacer en el Tour lo que tan bien saber hacer, anticiparse.

Ganar la primera etapa y sumarle el amarillo son cositas que parecen fáciles pero ejecutarlas en la jauría de la primera etapa del Tour, tras las escabechinas, con los dos cocos viéndole, es meritorio, aunque quizá menos que la estrategia de «acoso y derribo» que sucede en el Mundial, en el que, delante de todos y con todos compitiendo, nos puso la «gallina de piel» con una sucesión de ataques que en cualquier otro había sido el preludio de derrumbe.

No fue el caso de Julian, un ciclista omnipresente, que justifica bien ese abultado sueldo y nunca acepta un «no» por respuesta.

En la terna de grandes momentos del año, su figura emerge en varios.

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Ciclistas

Julian Alaphilippe es el campeón «self made»

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World Fondo WT – Epic

El triunfo de Alaphilippe es un ejemplo de correr a la contra de todo

Horas después del triunfo en la entraña de Lovaina, de vivir a mil por hora durante 260 kilómetros largos y obsequiarnos con una excelente carrera, decir que es la mejor que hemos visto nunca es exagerado, hemos dado vueltas sobre los matices del éxito irisado de Julian Alaphilippe en Flandes.

Y todos nos conducen a una conclusión: éste es un ciclista único, letal cuando está bien, decisivo cuando no, pero siempre presente, siempre protagonista, desafiando las leyes de la lógica ciclista, leyes que hablan de ser conservador y no gastar más de lo necesario, pero que él se empeña en contradecir.

Alaphilipe es un «self made», un ciclista, un campeón hecho a sí mismo, a su gusto y manera, sin importarle la buena legión de haters que le espera en cada esquina, haciendo lo que sabe hacer tan bien y sacando partido a unas cualidades físicas excelentes, que no inmensas, y mentales sencillamente imbatibles.

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Leyendo reacciones, me llamó la atención la de «maitre Voeckler», seleccionador francés y al que muchos equiparan por su afinidad en poner caras. 

Dice Voeckler que le advirtió de no atacar tan lejos, ni hacerlo tantas veces, curioso.

Todo fue de viva voz, pues no había pinganillos, como la instrucción que le debe dar Alaphilippe a Madouas antes de uno de sus últimos ataques.

Julian hizo todo al revés que los demás, y no sólo respecto a Voeckler.

Circuló buena parte de la carrera en la panza o parte trasera del grupo, dejando el aire y el desgaste del top ten en el pelotón para otros, entre ellos el propio Van Aert.

Desafió la lógica con un seguido de ataques que empezó antes de los cincuenta para meta.

Alaphilippe no corría con la celeste de Evenepoel, pero visto ahora, a toro pasado, creo que el belga le hizo la carrera e incluso diría más, que Lefevere, dinero por delante de todo, no cuestione la estrategia belga, cuando el principal beneficiado fue uno de sus mejores ciclistas los doce meses del año.

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No es la primera vez que decimos, también lo leemos por ahí, que Julian Alaphilippe compite contra monstruos que sobre el papel parecen mejores que él.

De hecho en los numerosos cruces que ha tenido con Van der Poel y Van Aert, los dos venidos del ciclocross le han mojado la oreja al campeón del mundo.

Pero igual que eso es cierto, no menos lo es que Alaphilippe debe ser el tío que más nervioso te pone llevar al lado, por que no descasará hasta que encuentre la manera de joderte y en este caso el francés lo tiene claro, si les lanza los ataques de lejos, si no espera a que los otros arranquen la moto, eso que lleva por delante.

Ha ganado dos mundiales saltando en la cota definitiva a la vista de todos, sin excepción, sin dejar lugar a la duda, «es que no le he visto».

Incluso en Flandes ha redoblado la apuesta yéndose solo a más de una vuelta del final, como Olano y Criquielion hicieron por última vez en más de 35 años de mundial.

De todos los caminos, el perillas francés siempre cogerá el más insospechado, porque sabe que ahí reside su primera ventaja, siendo consciente de que en choque a lo bruto le puede pasar lo que le sucedió con VDP en Strade o WVA en Gran Bretaña.

Y así, corriendo a la contra del manual, con una actitud a prueba de bombas, este pequeño portento de centro de Francia lleva dos arcoíris, cosa que le pone muy arriba en la historia de una carrera que acaba de celebrar 100 ediciones.

Imagen: FB Flanders 2021

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