Ciclismo
The Traka: ¿Esto es gravel?
No puedes vender The Traka como una aventura gravel, si es una carrera en esencia
Sinceramente, no nos quedaron muchas ganas de hablar de Girona y ciclismo desde la última vez que lo hicimos, pero no podemos pasar como si nada tras lo visto, hace una semana, en The Traka.
Girona, esa capital pequeña que de repente se ve invadida por medio mundo ciclista, ha vuelto a ser el epicentro de un fenómeno que ya rebosa el vaso y lo dice un amante del ciclismo.
No vamos a negar el triunfo de The Traka en cuanto a convocatoria, pero sí debemos preguntarnos si este modelo es el que el gravel prometía.
La realidad que nos llega de las pistas no es la de un idilio aventurero, sino la de una competición encarnizada, corrida a mil por hora y, lo más grave, a tráfico abierto.
Cuando figuras de la talla de Romain Bardet -que ya conoce la zona de otras competiciones- o Nino Schurter alzan la voz para decir que la seguridad ha brillado por su ausencia, el argumento del “espíritu libre” empieza a sonar cuanto menos peligroso.
Lo leemos en los diferentes enlaces que nos pasan desde Cuadernos del Ventoux en su newsletter.
El truco semántico parece hábil: la organización vende The Traka como marcha, sin exigencias logísticas ni seguros de carrera, pero se cobran inscripciones de profesional y se publican clasificaciones que invitan al cuchillo entre los dientes.
El resultado es un híbrido perverso.
Tenemos a corredores como Mads Würtz Schmidt o Lukas Pöstlberger, quien hace tres años por estas fechas estaba en el Giro de Italia, disputando el triunfo mientras, en el mismo recorrido, la autogestión se convierte en desamparo.
Relatos como el de Adam Jordan en redes sociales, describiendo a corredoras con clavículas rotas y conmociones cerebrales tiradas en el monte sin asistencia, rompen el romanticismo de la autosuficiencia.
“The Traka se ha vuelto enorme. Hay una atención seria a su alrededor ahora. Los patrocinadores están observando, los medios están observando, y para algunos ciclistas, resultados como este pueden influir genuinamente en su futuro. Pero la estructura alrededor del gravel y las carreras de ultra no ha crecido a la misma velocidad“.
Si hay medallas, si hay podios y si hay profesionales, es una carrera.
Y como bien apunta Harry Talbot, no se puede competir de verdad si el coche de un vecino puede aparecer tras la siguiente curva de herradura.
The Traka, y por extensión el gravel de masas, debe decidir qué quiere ser en lo que viene.
No se puede sorber y soplar al mismo tiempo: o somos una aventura de autogestión para románticos o somos una competición de alto nivel con los estándares que la seguridad de los ciclistas exige.
Lo que no puede ser es que el éxito de participación sea la coartada perfecta para dejar la integridad del corredor al azar de una carretera abierta.
El gravel no nació para esto, en principio era para disfrutar sin presiones ni exigencia.





